El joven escritor cubano Maykol Cobas Quintana, conocido cariñosamente como Cuco, ha dado su primer paso en la literatura con la publicación de Latidos de mi café con cubanía —también disponible en inglés como Heartbeats of My Coffee with Cubanness—, una obra profundamente marcada por la memoria familiar, la identidad y las raíces.
Con solo 19 años, Cobas presenta un libro que no solo cuenta historias: intenta preservar los recuerdos que han dado forma a su familia. En sus páginas aparecen la cocina, las conversaciones íntimas, las mujeres que sostienen el hogar y, sobre todo, un elemento muy cubano que atraviesa toda la obra: el café.
Para el joven autor, ese café no es solo una bebida cotidiana. Es el símbolo de una herencia, de una cultura y de los lazos que unen a generaciones.

Infancia en Cuba y una familia separada por la emigración
Maykol nació el 19 de octubre de 2006 en La Habana, en el seno de una familia trabajadora. Es el menor de cuatro medio hermanos. Solo una de sus hermanas comparte madre con él, mientras que los otros tres —dos mujeres y un varón— son hijos de su padre.
Cuando Maykol tenía apenas cinco años, su hermana mayor por parte de madre emigró a Estados Unidos con 19 años. Antes de separarse, su madre les hizo una promesa que marcaría profundamente a la familia: algún día volverían a estar juntos.
Ese anhelo acompañó a Maykol durante su infancia y terminaría influyendo en su manera de mirar el mundo y de contar historias.
La travesía que cambió su vida
En 2019, cuando tenía 12 años, Maykol emprendió junto a sus padres una larga travesía migratoria que los llevó a cruzar cinco países antes de llegar a Louisville, Kentucky, donde residía su hermana Elaine.
Allí fue inscrito en la Newcomer Academy, una escuela para estudiantes recién llegados a Estados Unidos. Adaptarse a un nuevo idioma, una nueva cultura y una nueva vida no fue fácil.
Sin embargo, en medio de ese proceso ocurrió algo que marcaría su futuro. Una asistente de la directora le sugirió que comenzara a escribir un diario, para poner en palabras lo que sentía durante esos primeros meses.
Aquella recomendación, aparentemente sencilla, terminó sembrando la semilla de lo que más tarde sería su vocación como escritor.
De las aulas a la vocación literaria
Meses después, Maykol y sus padres se trasladaron temporalmente a Las Vegas, Nevada, donde la familia comenzó a reconstruir su vida. Sus padres trabajaban en la empresa Tormar Cleaning Services, en los departamentos de dishwashing y houseman.
Durante su adolescencia asistió a la Del Sol Academy of the Performing Arts, donde sus profesores de Español e Inglés alentaron su interés por la escritura. Fue en esos años cuando comenzó a tomar forma la idea de publicar un libro.
En su último año escolar, ya siendo mayor de edad, una de sus maestras lo ayudó a contactar con la editorial Imagilab, que finalmente publicó su primera obra.
Un homenaje a su abuela Felicia
Pero la verdadera raíz del libro está en la historia de su familia. Latidos de mi café con cubanía es, ante todo, un homenaje a su abuela materna, Felicia, quien falleció a los 46 años víctima de un cáncer estomacal. Su recuerdo ocupa un lugar central en la obra.
El libro está narrado desde la perspectiva de Yosaidys, la prima más pequeña del autor, una niña de 15 años que escribe las historias familiares como si fueran un plan de clases.
Esa estructura tiene un significado especial. Antes de decidirse por la literatura, Maykol soñaba con ser maestro. Incluso solía repasar lecciones con su prima y enseñarle lengua española.
Sin embargo, cuando emigró de Cuba no pudo continuar ese sueño. Por eso decidió transformar esa experiencia real en el libro: en la historia, en lugar de enseñarle español, el autor le transmite a su prima las historias de la familia, especialmente las relacionadas con su abuela.
La joven, a su vez, decide escribir esas historias para que las nuevas generaciones de la familia no olviden de dónde vienen.
El café como símbolo de memoria y raíces
En el libro, el café se convierte en un símbolo poderoso. Representa las conversaciones familiares, la tradición heredada y la manera en que muchas familias cubanas transmiten su historia. También conecta con los orígenes de la familia, ligados a los cafetales de las montañas del Escambray, donde los padres de su abuela se conocieron cuando eran jóvenes.
Hoy, según recuerda el autor, los tres descansan en paz, pero sus historias siguen vivas a través de la memoria familiar.
Para reforzar ese homenaje, Cobas también incluyó pequeños guiños literarios en la obra. Por ejemplo, cambió los nombres de sus familiares y sus tías incluyendo el de su mamá para rendir tributo a las hermanas de su abuela, cuyos nombres —como en la vida real— terminan en la letra “A”.
La decisión de convertirse en escritor
El impulso final para publicar el libro llegó cuando Maykol escuchó en el salón de clases de su profesora de Inglés en décimo grado de una reunión de escritores latinos en Las Vegas organizada por un periódico local que buscaba promover el uso del español.
En este encuentro contarían con la presencia de autores y editores de distintos países, pero notó que había pocos representantes de Cuba.
Fue entonces cuando decidió dar el paso. Con el apoyo de sus padres, su hermana y de una profesora de la escuela, miembro de este mismo periódico —quien lo puso en contacto con la editorial— logró publicar su obra.
Un “machetazo de cubanía” para el mundo
Para Maykol Cobas, este primer libro no es un punto final, sino el comienzo de un camino. Su intención es seguir escribiendo y llevar historias cubanas a lectores de distintas partes del mundo.
Como él mismo lo resume con una frase que refleja el espíritu de su obra: “Quiero brindar un pedacito de mi país al mundo, darle un machetazo de cubanía”.
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