El término no le queda grande. Eso, que nos dijeron en los libros de Historia que son los héroes; esa sustancia indefinible y radiactiva que estalla en algunos, bajo presiones de la vida, y los hace cargarse con la decencia y el valor de muchos; esa pulsión admirable, de la que es más fácil hablar que asumir, late en la mirada de Adael.
Sus ojos la irradian, tanto en el momento de naufragar al abrazo estremecido de su madre, como al instante de endurecerse cuando, tras la pregunta de si mantendría las demandas que lo hicieron lanzarse a la calle habaneras en julio de 2021, respondió con tres palabras: “Sí, claro, siempre”.
“Sedición”, ese fue el rimbombante cargo jurídico que el régimen que hace la trampa y la disfraza de ley le aplicó tras las protestas. Sedición, por salir a la calle cuando ya solo era válido el grito. Sedición por reclamar derechos básicos: salud, comida, electricidad, agua.
La petición fiscal que le pesó en las espaldas era de 21 años de cárcel. Fue sancionado a 19 y, luego del recurso de casación, la pena se redujo a 13.
¡13 años! Para un joven que entonces tenía 24, con proyectos, con familia, con un mundo por hacer y descubrir.
¡13 años! Para sobrevivir en la jungla de la cárcel, donde siempre se está indefenso y mandan los instintos más básicos, regulados por una autoridad que es más criminal mil veces que los verdaderos delincuentes que mantiene tras las rejas.
“No hay término medio, que vergüenza. No hay contemplación posible, que mancha. El Gobierno olvidó su honra cuando sentenció a un niño […] a presidio; la olvidó más cuando fue cruel, inexorable, inicuo con él”.
Esto lo dice Martí, en ese pasaje de El Presidio Político en Cuba (1871) que retrata la angustia de Lino Figueredo, aquel niño de 12 años que el gobierno español condenó a 10 tras las rejas.
Sálvense todas las distancias. Háganse todas las equivalencias. Y se verá que, a siglo y medio de distancia, los poderes autoritarios operan de la misma forma, con el mismo estómago frío y la misma impunidad.
Destierro, cárcel o encierro: eran las opciones de la época colonial. Destierro, cárcel o entierro, ofrece el régimen cubano, amparado en normas viles que redactan sus amanuenses leguleyos, y que se llaman, pomposamente, “Constitución socialista”, “Código Penal”.
De las protestas de Toyo, en el municipio habanero de Diez de Octubre, salió Adael Jesús Leyva Díaz, a las celdas del castrismo.
Ahora, bajo una figura de “libertad condicional” vuelve a acariciar al aire libre a su madre, a su esposa, a sus hijos.
Pero no es totalmente libre, porque, como advierten organizaciones independientes de la sociedad civil cubana, ya el régimen ha demostrado, muchas veces, que usa prisioneros como monedas de cambio y válvulas de escape, los “libera” y, después, bajo cualquier pretexto, los encierra nuevamente, con penas recrudecidas. En 2025 sucedió con 212 compatriotas.
De hecho, ya la familia de Adael y la de otros han sido amenazadas: que no publicaran videos, que no hablaran en redes, que mantuvieran el silencio y la opacidad que conviene al aparato del poder en Cuba para operar sin explicaciones. ¿Transparencia? Eso es un invento infame del capitalismo, parecen decirse en la Plaza de la Revolución.
Se anunció la liberación de 51 presos y se ha documentado la salida al menos una docena. Pero no hay listas oficiales. No hay explicaciones de procedimientos, de por qué a unos sí y a otros no. El poder trasiega en las sombras. Buena voluntad, dicen. Coordinada con el Vaticano, dicen. Y los bromistas de las redes diseñan una figura de El Papa, con el rostro de Donald Trump.
“Todo el mundo llorando”, le confesó Adael Jesús al periodista Yosmany Mayeta, en las que quizás fueran sus primeras palabras para una red social luego de cruzar el umbral de la reja en el temible Combinado del Este.
“No puedo ni explicarte. Y mis hijos pa’ qué... Me vieron. Me abrazaron… Mi mujer… Todo el mundo. El barrio entero, completo”.
Barrios enteros, completos, se están lanzando a la calle.
Otra vez Martí: “Si la indignación, si el dolor, si la pena angustiosa pudiesen hablar, yo hubiera hablado al niño sin ventura. Pero algo extraño, y todo hombre honrado sabe lo que era, sublevaba en mí la resignación y la tristeza y atizaba el fuego”.
Felicidad infinita por Adael Jesús, por su madre -benditas las madres, heroínas sin altar-, por sus hijos, por su esposa, por nosotros.
Ojo atento a los cientos que quedan. Libertad. Todos. Ya.
Preguntas frecuentes sobre la excarcelación de presos políticos del 11J en Cuba
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¿Quién es Adael Jesús Leyva Díaz y por qué fue encarcelado?
Adael Jesús Leyva Díaz es uno de los manifestantes del 11 de julio de 2021 en Cuba, encarcelado por cargos de sedición tras participar en las protestas que exigían derechos básicos como salud, comida y agua. Inicialmente fue condenado a 19 años de cárcel, pero tras un recurso de casación, su pena se redujo a 13 años. Fue liberado bajo libertad condicional en marzo de 2026.
¿Qué significa la liberación bajo libertad condicional para los presos políticos del 11J?
La liberación bajo libertad condicional no implica que los presos políticos del 11J sean completamente libres. Aunque han salido de prisión, siguen sometidos a un régimen carcelario-domiciliar con restricciones y controles adicionales. Las condenas no han sido anuladas, lo que significa que pueden ser encarcelados nuevamente si el régimen lo decide.
¿Cuál es el papel del Vaticano en la excarcelación de los presos políticos en Cuba?
El Vaticano ha actuado como mediador en el proceso de liberación de los presos políticos del 11J en Cuba. Aunque el régimen cubano atribuye las excarcelaciones a gestos de buena voluntad, organizaciones de derechos humanos han vinculado estas acciones con las presiones externas. Sin embargo, no se han brindado detalles específicos sobre el alcance de estas excarcelaciones.
¿Cuál es la situación actual de los presos políticos en Cuba tras las protestas del 11J?
A pesar de las recientes excarcelaciones, cientos de personas siguen encarceladas en Cuba por razones políticas, muchas de ellas por participar en las manifestaciones del 11 de julio de 2021. Organizaciones de derechos humanos continúan denunciando la falta de transparencia y las condiciones restrictivas bajo las cuales han sido liberados algunos de estos presos.
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