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Una de esas noches, adoradas por mí, en el café-concert Gato Tuerto de La Habana la conocí personalmente. Su voz era demasiado para un recinto tan pequeño. Llegué a pensar que el techo se venía abajo. Quedé admirada con aquel derroche escénico y vocal. Me le acerqué, la felicité, hablamos de Celia Cruz. Y aquí, hoy, la "Hija del Buenavista Social Club" o como la bautizaron en Puerto Rico, la “Reina del bolero y el son continental”, Osdalgia Lesmes responde a mis preguntas para CiberCuba.
Osdalgia, ¡bienvenida, amiga! Retomemos algo de aquella conversación hace tantos años: Celia Cruz, figura imprescindible de la cultura cubana. ¿Consideras que ha influido en tu carrera?
¡Un placer conversar contigo una vez más! Sabes, en mi carrera artística y en mi aprendizaje sobre la música cubana, yo me he dejado influenciar por muchísimos cantantes, músicos, compositores; cada uno de ellos me han regalado algo. Ha sido un verdadero arcoíris artístico, y dentro de ese arcoíris está Celia Cruz.
Desde mi debut como cantante en el año 1992, una de las personalidades a las que estudio es Celia Cruz, aunque también para mí ha sido muy importante estudiar a la Lupe, Elena Burke, Omara Portuondo, Benny Moré; e incluyo la música de los puertorriqueños, la música de los cubanos que se encuentran en Miami, Gloria Estefan, por ejemplo.
Yo siempre digo que para mí hubiera sido espectacular haber nacido en esos años prodigiosos de la música cubana, los 50 y 60, y es que la música cubana es frondosamente increíble. Cuando empiezas a estudiarla te das cuenta de que es un jardín rítmico que ha aportado muchísimo a toda Latinoamérica y al mundo. Y claro, nuestra gran Celia Cruz es una de esas flores imprescindibles en el jardín musical cubano.
Sé que andas por la "Madre Patria" y que próximamente harás un concierto. ¿Qué me dices?
Sí, estoy en España, un país que me encanta, donde tengo parte de mis ancestros. Y ahora estoy desarrollando una gira promocional por toda la península, precisamente, para que las personas que me han visto antes me vuelvan a ver y las que no, puedan conocerme. Y sobre todo, quiero aprender del público que me encuentre en cada uno de los conciertos que voy a dar.
El próximo será el domingo 19 de abril en “El Elefante Blanco” de Madrid. "De tardeo", como dicen acá. Será un concierto muy importante dentro de la gira y en una ciudad que adoro. Hace muchos años que no me presentaba en Madrid. Voy a estar acompañada por excelentes músicos cubanos que viven aquí. Tengo muchas expectativas con este concierto, deseo que me conozcan, y a la madurez musical que he alcanzado.
¿Y después?
Pues, seguiré promocionando mi música, mi reciente discografía, en Valencia, Alicante, Xátiva, Tarragona... Estoy haciendo una gira bastante sencilla, pero con pasos seguros. Quiero que cuando se apaguen las luces, el público se lleve un bonito recuerdo para siempre.
Y es que si el público se despide sonriente, amable, emocionado, yo siento paz, un inmenso placer y alegría. El público cambia con los años. Ya no es el mismo que me vio aquí en España anteriormente. Y además, las tendencias musicales cubanas se han ampliado. Por eso, estoy a la expectativa, pero sobre todo, feliz de poder dar mi arte a este público lindo.
Yo, todo lo que necesito para dormir feliz es la intensidad de la interacción y la conexión entre quienes asisten a mis conciertos y yo. Y, por supuesto, con los músicos que me acompañan. Eso mi familia lo entiende: mi hijo, quien es el que más cerca tengo a diario; mi madre, mi hermano, mis sobrinos... mi familia en general lo entiende.
Adoro la tranquilidad, el silencio especial de la ciudad, la simpleza de escuchar el canto de las aves y mirar al sol entrando por mis puertas y ventanas, la alegría de crear. Y sobre todo, el estar en concordia con mi familia, amigas y amigos. Sentir que fluye la prosperidad con mi fe, mis proyectos, con mi gente. Esa es la verdadera felicidad.
Cuando miras hacia tu infancia en Jesús María y Belén, ¿qué recuerdo familiar sientes que sigue latiendo en tu voz cada vez que subes a un escenario?
Llevo a Jesús María y a Belén en las venas. En mi corazón arrabalero. Vivía en Revillagigedo 165, entre Gloria y Misión, en un solar.
Mi infancia se desarrolló allí, y me nutrí de su cultura, conociendo sus tradiciones, el fervor de la música espontánea ocurría en las esquinas, con una lata y un palo, haciendo rumba, haciendo congas. ¡Eso me encantaba! Yo no era consciente de la clave cubana; sin embargo la bailaba, la cantaba, la disfrutaba.
El primer concierto que presencié fue a los cuatro años. Lo vi encaramada en una ventana y el cantante era Barbarito Diez. Aquello me dejó impresionada y a partir de aquel momento me encantaron la música y los conciertos en vivo.
De mi familia, siempre me apoyó mi tía Luisa María Lesmes, artista del teatro vernáculo musical, cantante y actriz. También mis abuelos y abuelas, mis padres… Soy el fruto de un ajiaco familiar de razas: negros africanos y haitianos, blancos de España y Francia, chinos... y eso ha favorecido mi ritmo interior musical y cultural.
Y otra de las condiciones más importantes de mi vida, que han determinado mi camino, es que soy madre. Tengo un hijo querido. Se llama Joia y tiene 22 años.
Tu voz transita con naturalidad desde la guaracha hasta el filin más intimista. ¿Cómo defines la arquitectura tímbrica de tu instrumento vocal dentro del cánon de la música popular cubana?
¿Mi arquitectura tímbrica? Pues soy mezzosoprano aunque algunas personas dicen que soy soprano spinto, ¡jeje!, y es que tengo una tesitura amplia. Y me gusta, digámoslo en buen cubano, vacilar cada nota musical y fonema que voy interpretando.
Y creo que ahí está la riqueza de lo que hago... canto guaracha, filin, son, salsa, bolero, afro, cha cha chá, mambo, rumba... bueno, toda la música cubana, y lo hago con amor, con regocijo, y consiente de la importancia de cada nota y cada letra. Por ejemplo, la rumba la canto poco por cuestión de oportunidad, pero es uno de los ritmos cubanos que más "me llaman".
Adoro su triada -guaguancó, yambú, columbia-, su acento especial, el jugueteo de la clave con la síncopa, la guapería y sensualidad que desprende, los dobles sentidos de sus expresiones y bailes... la cubanía complicada e indiscutible que lleva. ¡Me encanta! Pero al mismo tiempo que me envuelvo en su sabrosura, seriamente la interpreto cuidando la melodía y las improvisaciones.
Estudio cada canción que voy a interpretar. Eso me enriquece. Soy compositora y en mis creaciones cuento mi vida con mis alegrías y desengaños, y cuando la canción es de otro autor, busco el contexto en el que se escribió y trato de entender el porqué emocional de la canción, y entonces lo que descubro lo intento adentrar en mí y devolvérselo luego al público como un personaje construido en dependencia del momento, del lugar, de la apropiación emocional. Luego, gracias a Dios, mi instrumento vocal me ayuda, y brota lo que tanto gusta.
Es importante que sepan que no estudié música, estudié Artes Escénicas. Por lo que musicalmente no puedo definirme con tecnicismos. Simplemente creo que soy una cantante que disfruta cada nota musical, y cuando se me hace difícil busco la técnica, el sostén y la emoción en la interpretación teatral, y confío en la memoria del sonido adquirida en mi experiencia de más de 30 años en los estudios y conciertos.
Precisamente, vienes de una formación académica en artes escénicas. ¿De qué manera la construcción del personaje y la técnica actoral influyen en tu fraseo, respiración y manejo del subtexto musical?
En efecto, como te dije, estudié Artes Escénicas. Soy actriz y profesora, y creo fervientemente que eso ha sido la clave para el tipo de artista que soy.
El teatro es la formación ideal, no sólo para los actores, los directores artísticos, dramaturgos... ¡también los cantantes deberían estudiar artes escénicas! Te otorga amplitud interpretativa, conocimiento sobre cómo crear una historia con cada canción, y conocimiento de ti misma.
Mira, por ejemplo yo construyo el personaje a partir de lo que quiero decirle al público en ese momento, no sólo canto el género, sino que convierto el instante en una anécdota propia con un mensaje, según la circunstancia en la que estoy delante de ese público y en mi interior emocional y sentimental.
Entonces, ahí sale cómo quiero frasear, cómo quiero respirar, cómo deseo dialogar. La respiración tiene mucho que ver con la emoción, con lo que quiero mostrar, el tipo de sentimiento que quiero que las personas experimenten mientras canto. Por ejemplo, en el género filin, manejo la voz entre la entonación, el susurro, a veces casi hablando... más que cantar, una actuación. Eso es filin hecho con feeling.
Tu repertorio dialoga con la tradición y la contemporaneidad. ¿Cómo equilibras la herencia de figuras como Elena Burke o César Portillo de la Luz con una impronta vocal propia?
Yo soy una mujer de hoy, siempre trato de rodearme y escuchar a la gente joven, la gente que va naciendo y creciendo alrededor mío; con mi hijo por ejemplo, o amigos nuevos que son mucho más jóvenes que yo. Así trato de entender la contemporaneidad, aunque a veces no la entienda mucho.
Al unísono, mantengo la tradición, me gusta mucho la música cubana desde los tiempos allende que fue creada, me gusta mantener la cubanía de origen.
¿Cómo olvidar cuando conocí a Elena Burke? Ya que hablaste del “Gato Tuerto”, ahí fue donde la conocí. Cuando comencé en ese escenario (los viernes), primero cantaba César Portido de la Luz. ¡Inolvidable! A las 11 de la noche, guitarra en manos y magia interpretativa.
Luego, a las 12 y media de la noche, nuestra Señora Sentimiento, Elena Burke, con su derroche vocal e interpretativo. Y luego, a la 1 y media de la madrugada… ¡yo! Osdalgia, detrás de esos monstruos, cerrando la jornada. ¡¡¡A veces cantaba hasta las cuatro de la madrugada!!! Y alguna vez terminé a las 6 de la mañana rodeada del público bohemio que se negaba a dejarme marchar. ¡Jaja!
Fue una época mágica: cantar, expresar, hacer; ojalá yo pudiera construir otro “Gato Tuerto”. ¿Sabes? Guardo con mucho cariño el recuerdo de Elena escuchando mi descarga, las palabras que ella me dedicó, consejos que mucho me han valido. Época mágica con César Portillo de la Luz, del que guardo anécdotas graciosas, otras tremebundas...
¿Tienes alguna anécdota con esos “monstruos” que no hayas olvidado?
Unas cuantas, ¿qué quieres que te diga? Mira, Julita, una noche, Elena se quitó un reloj de su muñeca, y antes de yo subirme al escenario me dijo circunspecta: “Osdalgia, quítate el reloj que tienes puesto!, y claro que me lo quité. Ella me puso el suyo, un reloj precioso, fino, elegante, diferente: “Cuando yo muera, quiero que te pongas ese reloj”.
No puedo decirte lo que representó ese gesto. Más que un objeto, es historia. Siempre pido gloria para nuestra Elena Burke.
¿Y de Portillo? Cuando inauguramos el “Diablo Tún Tún” de Miramar, en La Habana, canté a pedido de Portillo su “Son al Son”. Cuando terminé me aplaudió, se me acercó y me apretó las manos. Yo estaba temerosa del “sargento mala cara”, pero con una sonrisa me dijo al oído: “Esta canción es para ti”.
Nadie duda de tu amplio espectro musical, donde se mezclan ritmos afrocubanos, influencias del rock, la tradicional y la nueva trovas, el feeling, pero considero que Osdalgia es sinónimo de descarga.
Julita, ya estoy escribiendo mi segundo libro. El primero, Osdalgia, las canciones que descargo, se está vendiendo online en varias plataformas: Ruth Tienda Casa Editorial, Casadellibro.com, Book Beat, Amazon.com y Apple Books. En ese libro escribo sobre las influencias que me dieron la oportunidad de aprender lo que es el concepto de descarga, referente al filin y otros géneros tradicionales cubanos.
Describo cómo se hace una descarga a lo cubano, qué debes saber acerca de ella, cómo se debe conformar el repertorio junto al guitarrista o pianista acompañante. También escribí sobre los años que trabajé en el café concert Gato Tuerto. Cómo recuerdo esa noche cuando nos conocimos y me felicitaste por mi descarga.
La descarga, ya dure una hora o cuatro, no es un concierto. Es una riada de sentimientos y emociones acompañadas por armonías, controvertidas, a veces disonantes, suspendidas en la improvisación… y eso es lo que me gusta.
Depende, además, del público que tengas delante, del ambiente que encuentres en el lugar, o que logres en el lugar. Vaya, en una descarga no hay un repertorio fijo porque, como bien dice su nombre, vas descargando emociones a través de cada nota, cada letra, cada modo de decir o cantar.
Dime de tus discos.
Tengo varios discos que se pueden escuchar en Spotify: desde mi primer álbum La Culebra, hasta los más recientes La Cumbanchera y Mi voz al piano; estos últimos, dos sonidos diferentes en una misma época. Uno de música bailable con orquestaciones tipo sonora y conjunto, y el otro, un álbum íntimo, sentido. Los dos con temas de mi autoría. Les invito a descubrirlos.
Proyectos, además de los conciertos...
Soy una persona a la que le gusta mucho leer, escribir, aprender, crear, y ahora mismo estoy llevando a cabo varios proyectos: uno en cooperación con La PlaSita Centro Cultural Reus/Cuba, en Tarragona.
Otro proyecto discográfico de bolero jazz, con músicos cubanos y norteamericanos. Y un nuevo libro en camino.
Además, tengo dos guiones para programas musicales de la televisión cubana, y la quinta edición del Bohemia Mía Filin Festival, en espera del momento oportuno para producirlos.
El asunto es utilizar mi mayor tiempo posible en crear, y hacerlo bien. Proponérmelo y luchar los caminos que me conduzcan a conseguirlo. ¡Ahí estará el triunfo!
Y es que yo siempre estoy en modo andante.
Al despedirme de Osdalgia Lesmes, queda flotando en el aire algo más que palabras: una vibración, una certeza, una huella emocional difícil de describir. Su arte no es solo música; es memoria viva, es raíz y vuelo, es un puente entre generaciones.
De la mulata que nació en cuna de historias que laten bajito en el corazón de La Habana, emerge una voz que no se impone: se posa. Que vino para la actuación, pero encontró en la canción su mejor sino: mezzosoprano de matices hondos, tejió su arte como quien conoce el valor del silencio entre las notas, dejando respirar cada frase en un tempo íntimo, casi un andante del alma.
Compositora, productora y directora artística, no interpreta géneros: los habita. La nombran hija de una tradición inmensa, pero ella elige ser puente entre lo que fue y lo que aún tiembla por nacer, y de este modo generoso y auténtico, siempre afirma: “Yo siempre estoy en modo andante”.
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