Así logró sobrevivir en Sancti Spíritus tras sufrir quemaduras en el 95% del cuerpo



Abel Hondal Toledo sobrevive mortal accidente en Sancti Spíritus © Facebook/Yosdany Morejon Ortega
Abel Hondal Toledo sobrevive mortal accidente en Sancti Spíritus Foto © Facebook/Yosdany Morejon Ortega

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Abel Hondal Toledo, un joven de 27 años vecino de Guayos, sobrevivió a quemaduras en el 95% de su cuerpo tras una explosión por pirotecnia ocurrida el primero de febrero, en lo que constituye un hecho sin precedentes en la historia de la medicina de Sancti Spíritus.

Según un reporte de Radio Sancti Spíritus, el paciente fue trasladado de urgencia al Hospital General Provincial Camilo Cienfuegos tras una explosión ocurrida durante la manipulación de pólvora.

Llegó con lesiones severas en casi toda la superficie corporal, además de trauma craneoencefálico, daño ocular y afectaciones profundas en las manos.

Desde su llegada, el caso activó un protocolo de emergencia que implicó la preparación inmediata del cuerpo de guardia, la recepción especializada y la intervención simultánea de varios equipos médicos.

La prioridad inicial fue estabilizarlo, proteger sus funciones vitales y revertir el shock hipovolémico provocado por la magnitud de las quemaduras.

En paralelo, otro paciente herido en el mismo incidente ingresó en condiciones graves, aunque falleció 48 horas después, lo que da una medida del nivel de riesgo al que se enfrentaban ambos casos desde el inicio.

El tratamiento del joven sobreviviente no se limitó a una intervención puntual, sino que se extendió durante semanas bajo una vigilancia constante.

La reposición intensiva de líquidos, el control hemodinámico y la prevención de infecciones marcaron las primeras etapas, consideradas decisivas en pacientes con quemaduras masivas.

Con el paso de los días, el riesgo principal pasó a ser la sepsis, una de las complicaciones más frecuentes y letales en este tipo de cuadros.

A ello se sumaron otros factores como la pérdida de proteínas, el deterioro nutricional y las dificultades propias del proceso de cicatrización en lesiones extensas.

El manejo incluyó curas frecuentes, tratamiento antibiótico, monitoreo continuo y soporte nutricional especializado, en un contexto donde cada mejora dependía de la estabilidad de múltiples variables clínicas.

La evolución no fue lineal, sino marcada por avances graduales y momentos de retroceso.

Debido a los protocolos establecidos, el paciente permaneció sin acompañantes durante su estancia, por lo que el cuidado diario recayó completamente en el personal de salud, que asumió tareas de higiene, alimentación, movilización y observación permanente.

A pesar del pronóstico inicial desfavorable, el joven logró superar la fase más crítica.

Su recuperación continúa siendo lenta y con secuelas, pero su supervivencia ha sido posible tras un proceso prolongado en el que influyeron tanto la atención médica sostenida como la capacidad de respuesta de su organismo.

El caso pone en evidencia la complejidad que implica la atención a grandes quemados, donde la supervivencia depende de una cadena continua de intervenciones, control de complicaciones y seguimiento intensivo durante semanas.

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