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Un ministro polaco amigo de la causa por la libertad de Cuba, nos dijo (a Javier Larrondo de Prisoners Defenders y a mí), en broma, el pasado 7 de mayo, que la tragedia que vive la Mayor de las Antillas, era culpa de nosotros (los cubanos). Que si no nos hubiéramos independizado de España, seríamos miembros de la Unión Europea y nos iría muy bien.
Mi respuesta fue que 1898 quedó atrás por más de 100 años, pero ahora, la equivocada política del gobierno socialista español y de quienes la apoyan, va a hacer que España, y toda la Unión Europea, pierdan a Cuba por segunda ocasión. Los cubanos, cuando vivamos en una patria libre, vamos a tener muy presente quiénes fueron nuestros amigos y quienes ayudaron a sostener al criminal régimen castrocomunista.
El Parlamento Europeo votó ayer una resolución sobre la represión política y la situación humanitaria en Cuba. No se trata de un hecho aislado. Durante años, la Eurocámara ha aprobado resoluciones condenando la represión del régimen cubano, exigiendo la liberación de los presos políticos, denunciando la persecución contra opositores, periodistas independientes, artistas, activistas religiosos y defensores de derechos humanos, y reclamando que la política europea hacia La Habana esté condicionada al respeto efectivo de los derechos y las libertades fundamentales.
El Parlamento Europeo registra resoluciones relevantes sobre Cuba en 2018, 2019, 2021 y 2024, con llamados reiterados a poner fin a la represión y a activar los mecanismos del Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación, incluido el que contempla la suspensión por violaciones graves de derechos humanos.
La nueva resolución llega en un momento especialmente grave. El propio Parlamento Europeo había anunciado que la votación iba a abordar la crisis humanitaria, la represión política y el papel de la Unión Europea en el futuro de la Isla. También recordó que el debate previo se celebró con la alta representante de la UE para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas.
El texto que se sometió a votación se inscribió bajo el nombre “Propuesta de Resolución sobre la represión política y la situación humanitaria en Cuba”. Según la página oficial del Parlamento Europeo, fueron presentadas varias mociones sobre el mismo asunto, fechadas el 12 de junio de 2026, y posteriormente una propuesta de resolución común, identificada como RC-B10-0285/2026, fechada el 16 de junio de 2026.
Es la iniciativa más firme sobre Cuba presentada en la Eurocámara. Impulsada por el Partido Popular Europeo, el grupo mayoritario de la Eurocámara, junto a otras fuerzas como los Conservadores y Reformistas Europeos, y con posiciones coincidentes de sectores liberales y de derecha democrática que reclaman una política europea menos complaciente con La Habana.
El Partido Popular pidió en esa resolución finalmente aprobada asistencia sustancial para Cuba tan pronto como exista una transición democrática creíble y exigió suspender el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación con el régimen cubano si no se adoptan medidas claras, concretas y significativas hacia la democratización de la Isla.
El grupo Conservadores y Reformistas Europeos expresó respaldo al "Acuerdo de Liberación de Cuba" y pidió diálogo directo con plataformas opositoras y de la sociedad civil cubana.
Las resoluciones del Parlamento Europeo han sido moralmente claras, pero la Comisión Europea, el Consejo Europeo y la diplomacia comunitaria no han actuado con la misma firmeza. Durante demasiado tiempo han mantenido una política tibia, burocrática y hasta cómplice, aferrada al “diálogo” con una dictadura que no dialoga con su pueblo, que encarcela, intimida y obliga al exilio.
El Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación entre la Unión Europea y Cuba nació acompañado de promesas de apertura, respeto a los derechos humanos y espacios para la sociedad civil. La realidad ha sido la contraria.
Bajo ese acuerdo, el régimen cubano ha seguido encarcelando opositores, torturando y hasta matando de hambre y enfermedades en sus tenebrosas prisiones, reprimiendo manifestaciones pacíficas, hostigando a familiares de presos políticos, atentando contra la libertad religiosa, criminalizando la prensa independiente y condenando a jóvenes, mujeres, activistas y artistas por el simple hecho de exigir libertad.
Europa no puede seguir financiando y legitimando a una tiranía criminal que no solo es enemiga del pueblo cubano, también lo es de los valores esenciales que la propia Unión Europea dice defender: democracia, libertad, respeto a los derechos humanos, pluralismo político, economía de mercado y Estado de derecho. El régimen cubano, además, es aliado político y estratégico de Rusia, (apoya la invasión contra Ucrania), Bielorrusia, Venezuela, Nicaragua, Irán y otros enemigos declarados del mundo libre.
Esta resolución, que finalmente fue aprobada, no debe ser una más. Si el Parlamento Europeo vuelve a hablar con claridad, la Comisión y el Consejo no pueden seguir mirando hacia otro lado. No basta con declaraciones y condenas verbales, hay que actuar. Se debe suspender el acuerdo con la dictadura, cortar toda cooperación que fortalezca a sus estructuras represivas, apoyar directamente a la sociedad civil independiente, reconocer a la oposición democrática y preparar la política europea de asistencia para el proceso de transición.
La Unión Europea no puede continuar siendo cómplice de la tiranía. Debe ser fiel a sus principios, firme frente al régimen antidemocrático y solidaria con las víctimas. Es hora de cerrar filas con su viejo aliado, Estados Unidos, quien sostiene una política de máxima presión contra el régimen comunista y de asistencia directa al pueblo oprimido. O se pone del lado correcto de la historia, o terminará muy mal posicionada moral, política y económicamente en Cuba.
Cuando conquistemos la ansiada libertad, los cubanos agradeceremos y priorizaremos nuestras relaciones con quienes fueron verdaderamente nuestros amigos.
Los que estuvieron, hasta el último momento, más cerca de los opresores que de las víctimas, no tendrán las simpatías de nuestro pueblo. Nos afecta la actual política de los 27 hacia Cuba, y a la Unión Europea no le conviene perder a un pueblo que le admira y que desea tenerle de aliada e importante socio comercial.
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