El presidente Donald Trump inauguró este miércoles las celebraciones por el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos con un acto multitudinario en el National Mall de Washington D.C. que, lejos de convertirse en una ceremonia institucional de unidad nacional, adquirió rápidamente el tono de uno de sus habituales mítines electorales.
Ante miles de simpatizantes, el mandatario mezcló referencias a los Padres Fundadores con un extenso balance de su gestión, reivindicó sus principales políticas de gobierno y aseguró que el país vive una nueva etapa de prosperidad gracias a su regreso a la Casa Blanca.
La puesta en escena estuvo cuidadosamente diseñada para reforzar esa imagen.
El acto incluyó sobrevuelos de aviones militares -entre ellos un bombardero furtivo B-2 escoltado por cazas F-35- música interpretada por bandas militares y la actuación del cantante Lee Greenwood con God Bless the USA, convertido desde hace años en el himno habitual de las campañas de Trump.
El discurso, que duró menos de media hora, concluyó con la promesa de volver a dirigirse a sus seguidores el próximo 4 de julio, Día de la Independencia.
Una celebración convertida en reivindicación política
Trump comenzó recordando la independencia estadounidense de 1776, pero muy pronto desplazó el foco hacia su propia administración.
"Ahora que nos encontramos a las puertas de nuestro 250.º año de independencia, me emociona afirmar que Estados Unidos ha vuelto", afirmó.
A partir de ese momento presentó los últimos meses de su gobierno como una nueva revolución comparable a la protagonizada por los fundadores del país.
"Al igual que aquellos patriotas de 1776, durante los últimos 17 meses hemos recuperado el poder que estaba en manos de una clase política distante. Hemos recuperado nuestra soberanía, reconquistado nuestra libertad, restaurado nuestra prosperidad y salvado a nuestro país. En todo, volvemos a poner a Estados Unidos primero", añadió.
También proclamó el inicio de una nueva etapa histórica para Estados Unidos.
"Somos quienes mantenemos viva la luz de la civilización occidental, porque este es el verdadero comienzo de la Edad de Oro de Estados Unidos. Dejaremos a nuestros hijos nada menos que la herencia más rica, la civilización más avanzada y el nivel de vida más alto de la historia de la humanidad. ¡Lo mejor está aún por venir!", apuntó.
El tono del discurso reforzó las críticas de quienes consideran que Trump ha convertido las celebraciones del 250 aniversario en una exaltación de su propia figura.
Frontera, economía e Irán como ejes del discurso
El presidente aprovechó el acto para reivindicar prácticamente todas las principales políticas de su segundo mandato.
Sobre inmigración aseguró que heredó "la peor, más peligrosa y descontrolada frontera de la historia" y afirmó haberla convertido en "la más fuerte y segura" del país.
"Durante los últimos 13 meses, ningún inmigrante ilegal ha sido admitido en Estados Unidos", subrayó.
En materia económica volvió a defender la denominada "Gran y Hermosa Ley", comparándola incluso con los ideales de la Revolución Americana.
"En la Revolución Americana tenían un lema: 'No al impuesto sobre el té'. Pero con la Gran y Hermosa Ley logramos algo aún mejor: eliminamos los impuestos sobre las propinas, sobre las horas extras y sobre los beneficios del Seguro Social para nuestros queridos adultos mayores", afirmó..
Trump también presentó como uno de los principales éxitos de su administración el reciente acuerdo alcanzado tras la guerra con Irán.
"La semana pasada firmamos un acuerdo histórico para poner fin al conflicto con Irán, reabrir completamente el estrecho de Ormuz y lograr lo que ningún presidente había conseguido antes: Irán nunca tendrá un arma nuclear", dijo.
Sus declaraciones coincidieron con la aprobación en el Senado, por 50 votos frente a 48, de una resolución que le exige solicitar autorización formal del Congreso para mantener operaciones militares relacionadas con ese conflicto.
Una puesta en escena propia de un mitin
El ambiente recordó más a un acto electoral que a una conmemoración institucional.
Miles de asistentes acudieron con gorras rojas de Make America Great Again, banderas estadounidenses y camisetas de apoyo al presidente.
En el National Mall se instaló la denominada Great American State Fair, con atracciones, puestos de comida y una gran noria.
Trump apareció protegido tras una mampara de cristal antibalas mientras grandes pantallas proyectaban el lema Freedom 250.
Durante buena parte de la jornada sonó la música habitual de sus campañas y el mandatario recibió una prolongada ovación antes de comenzar su intervención.
Artistas se retiraron del evento
La celebración estuvo rodeada de polémica desde semanas antes.
Varios artistas inicialmente anunciados -Young MC, Martina McBride, The Commodores, Morris Day & The Time y Bret Michaels- cancelaron su participación al considerar que el evento había adquirido un carácter político vinculado al presidente.
Lejos de moderar el tono, Trump decidió ocupar personalmente el protagonismo del acto.
El secretario de Transporte, Sean Duffy, fue uno de los pocos invitados al escenario y llegó a afirmar que Trump es "el mejor presidente desde George Washington".
El contraste con el bicentenario de 1976
Uno de los aspectos más comentados por analistas fue la diferencia con las celebraciones del bicentenario de Estados Unidos.
En 1976, el entonces presidente Gerald Ford evitó utilizar los actos oficiales con fines partidistas.
Su asesor David Gergen recomendó expresamente que las ceremonias no incluyeran mensajes de campaña, buscando convertir la efeméride en un espacio de unidad nacional.
Medio siglo después, Trump ha optado por un camino completamente distinto, transformando el acto inaugural en una defensa de su gestión y de su proyecto político de cara a las elecciones legislativas de noviembre.
Críticas de la oposición
Las críticas no tardaron en llegar desde el Partido Demócrata.
"Mientras los estadounidenses se reúnen para celebrar el 250 aniversario de la fundación de la nación, Donald Trump está haciendo lo que mejor sabe hacer: derrochar dinero en eventos ostentosos con su temática, obligando a los estadounidenses a pagar la cuenta", afirmó Ken Martin, presidente del Comité Nacional Demócrata.
Otros dirigentes demócratas sostienen que el mandatario intenta convertir la conmemoración histórica en un homenaje personal, una acusación reforzada por proyectos como la remodelación del Reflecting Pool, la construcción de un gran salón de baile en la Casa Blanca y la propuesta de levantar un gigantesco arco monumental con motivo del aniversario.
Un contexto político complicado
La celebración llega además en un momento delicado para Trump. Diversas encuestas sitúan el índice de aprobación de Trump entre el 34 % y el 37 %, afectado por la inflación, el aumento del costo de la vida y las consecuencias políticas de la guerra con Irán.
Con las elecciones de medio mandato previstas para noviembre, diversos analistas consideran que el presidente busca utilizar las celebraciones del 250 aniversario como una plataforma para movilizar a su base electoral.
Antes de despedirse, Trump confirmó que volverá a dirigirse a sus seguidores el próximo 4 de julio en el National Mall.
"Su presidente favorito hablará", anunció.
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