
Ir a la playa caminando más de 15 kilómetros, conectar el televisor a una batería portátil para ver el Mundial o llevar a los hijos al acuario: así transcurre el verano cubano de 2026 entre apagones y escasez.
El verano se ha convertido en una prueba de resistencia para millones de familias que buscan cualquier resquicio de disfrute en medio de la peor crisis energética de la historia reciente del país.
«Opciones muy pocas; pero qué vamos a hacer, no podemos coger para otro lado. Aquí tenemos que estar hasta que haya un cambio», resumió una cubana en declaraciones a la agencia EFE.
La mujer pasaba la tarde en un tramo de costa del municipio Playa, al que llegó a pie porque en la capital no hay transporte público.
Reconoció en tono conformista que «el cubano es fiestero», y contó que para seguir el Mundial de Fútbol 2026 ha tenido que conectar el televisor a una estación de energía portátil o enterarse de los resultados por internet.
En provincias orientales como Las Tunas, los cortes del servicio eléctrico superan las 72 horas consecutivas. Una tunera confesó que pudo aprovechar un viaje médico a La Habana para llevar a sus hijos al Acuario Nacional.
«Vinimos por temas médicos, pero estamos tratando de que los niños disfruten y vean las cosas que no se ven para allá para Las Tunas, porque en Oriente no hay mucho que hacer», expresó.
El caso más extremo lo contó un habanero de 60 años que camina desde La Habana Vieja hasta la llamada 'Playita de 16', en Miramar, más de 15 kilómetros de trayecto, para tratar una úlcera con agua de mar por no tener dinero para medicamentos.
«No tenemos corriente, no tenemos luz, no tenemos agua, no tenemos nada», afirmó.
Las pocas alternativas recreativas disponibles reflejan la magnitud del colapso. La infancia es uno de los sectores más golpeados. El curso escolar 2025-2026 terminó anticipadamente entre el 15 y el 30 de junio por falta de combustible y transporte escolar, dejando a los niños en casa sin opciones de divertimento accesibles.
Las frases «mamá, estoy aburrido» y «mamá, tengo hambre» se han convertido en símbolos del verano cubano en 2026, aunque en realidad es un problema que se vive en muchos hogares desde hace años.
Mientras el régimen aprueba paquetes de reformas económicas cuyos efectos aún no se perciben, los cubanos siguen buscando la manera de sobrevivir al verano con lo que tienen: una calle sucia, un parque sin árboles, una lejana playa y calor, mucho calor.
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