Un video publicado este viernes en Facebook muestra el Parque Trillo, en el barrio de Cayo Hueso, convertido en un vertedero a cielo abierto, con montículos de desperdicios que invaden el espacio público de uno de los parques más antiguos y emblemáticos de La Habana.
El autor del video, Maykel Chapotin, grabó durante 51 segundos la acumulación de cajas de cartón, bolsas plásticas, ropa, telas y restos orgánicos que se extienden por el área del parque, ubicado entre las calles San Rafael, San Miguel, Aramburu y Hospital, en el municipio Centro Habana.
«Los desechos del parque Trillo ya sobrepasan los límites», escribió Chapotin al publicar las imágenes, que acumularon cerca de 5,000 visualizaciones en pocas horas.
La denuncia no se limitó a lo visual: «Entre la peste y los gusanos, ¿a dónde vamos a parar?», preguntó el autor, describiendo el estado sanitario del lugar con una frase que resume la indignación de quienes viven o transitan por esa zona de la capital.
El Parque Trillo no es un espacio cualquiera. Surgido en la primera década del siglo XX, alberga la estatua del general Quintín Bandera y desde 2009 el Palacio de la Rumba, dedicado a un género declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2016.
Que ese espacio haya quedado sepultado bajo la basura ilustra hasta qué punto la crisis de recogida de residuos ha desbordado cualquier límite en La Habana.
La situación no es un hecho aislado, sino la expresión más reciente de un colapso estructural en la recolección de desechos que afecta a toda la capital. A comienzos de este año, solo 44 de los 106 camiones recolectores de La Habana estaban operativos, paralizados por la escasez de diésel y el deterioro mecánico de la flota.
La ciudad genera entre 24,000 y 30,000 metros cúbicos de residuos sólidos al día, pero el sistema solo logra retirar una fracción: hasta 23,814 metros cúbicos quedan sin recoger cada jornada.
El déficit de infraestructura agrava el panorama: La Habana dispone de apenas 10,000 contenedores cuando necesitaría entre 20,000 y 30,000 para atender la demanda real.
El resultado es la proliferación de microvertederos en calles, solares y parques de toda la capital, con especial impacto en municipios densamente poblados como Centro Habana, donde una montaña de basura llegó a bloquear una intersección en junio pasado.
Las consecuencias van más allá del malestar estético o el mal olor. A mediados de junio, la viceministra de Salud Pública Carilda Peña advirtió que Cuba podría enfrentar una nueva epidemia de dengue, favorecida precisamente por la combinación de basura acumulada, salideros de agua y apagones prolongados que propician la reproducción del mosquito Aedes aegypti, con los cuatro serotipos del virus circulando simultáneamente en el país.
Medios internacionales como The New York Times en Español e Infobae han calificado la situación como una emergencia sanitaria. El régimen ha lanzado medidas parciales como la llamada «Operación Limpieza», pero las fuentes coinciden en que han resultado insuficientes para resolver el problema de fondo: décadas de desinversión y un sistema de gestión de residuos que lleva años al borde del colapso.
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