
A finales de 2011, cuando la Unión Patriótica de Cuba (Unpacu) apenas tenía unos meses de fundada, comprendimos que la Policía Política intentaría apoderarse de los modestos recursos que recibíamos para sostener nuestras actividades cívicas y ayudar con alimentos y medicinas a personas muy necesitadas.
En una ocasión, Ángel Verdecia Díaz debía cobrar 500 dólares enviados por nuestro Representante en el Exterior Luis Enrique Ferrer mediante la Western Union. La policía política podía detenerlo al salir de la agencia, por lo que decidimos utilizar a un activista recién incorporado, todavía desconocido para los represores, pero que ya nos inspirara confianza: Roilán Álvarez Rensoler fue el elegido.
Ángel cobró el envío y discretamente se lo entregó a Roilán. Minutos después, Ángel y su hijo Andry fueron detenidos y registrados violentamente en la Unidad policial. Mientras los agentes buscaban inútilmente los 500 dólares, Roilán atravesaba campos, montes y arroyos hasta llegar a la sede de UNPACU en Palmarito de Cauto con el dinero intacto.
Aquella experiencia me confirmó lo que ya había percibido al conocerlo: Roilán era valiente, audaz y confiable. Desde entonces comenzó la que ha sido una trayectoria de quince años de sacrificada lucha cívica no violenta. Participó en protestas pacíficas, pintadas antigubernamentales, otras actividades de UNPACU y acciones humanitarias. La respuesta del régimen fue convertir su vida en una sucesión de detenciones, amenazas, interrogatorios, registros arbitrarios, cárceles, golpizas y torturas.
Una de las agresiones más brutales ocurrió cuando agentes de la Policía Política y fuerzas especiales llevaron a Roilán y a otros activistas hasta las lomas de Pinares de Mayarí. Allí fueron desnudados y golpeados con porras y cables. Roilán terminó con el cuerpo marcado por hematomas y una herida en una pierna.
Pero no se limitaron a golpearlos. Los agentes los humillaron sexualmente utilizando una pistola Makarov, que pasaban entre sus glúteos y le ponían en la cien mientras los amenazaban con asesinarlos y desaparecerlos en aquellas montañas. Pretendían obligarlos a gritar “Abajo José Daniel”, “Abajo UNPACU” y “Viva Fidel Castro”.
En otra ocasión el sádico agente de la policía política Dainier Suárez Pagán golpeó brutalmente a Roilán dentro de la unidad policial de Mella y le descargó un fuerte golpe con un walkie-talkie contra un ojo. La herida requirió atención médica urgente.
La prisión y las huelgas constituyen otro capítulo dramático de su historia. El 30 de septiembre de 2013 fue encarcelado y respondió declarándose en huelga de hambre. Permaneció 42 días sin ingerir alimentos y solamente abandonó la protesta después de conseguir su libertad el 15 de noviembre.
En 2020 volvió a prisión. Nuevamente utilizó el único instrumento de protesta que tenía dentro de una cárcel del régimen castrocomunista: su propio cuerpo. Permaneció 30 días en huelga de hambre, hasta ser liberado el 4 de diciembre. En esta ocasión fue nuevamente víctima de violencia física y de la tortura conocida como la “bicicleta”.
Su madre, Valentina Rensoler, y sus hermanas Arianna e Irina han acompañado durante años su lucha. Cuando Roilán ha estado entre la vida y la muerte, ellas han protestado públicamente en Mella, y en parques de Santiago de Cuba y Holguín, enfrentándose también a la represión para exigir su libertad.
A finales de enero de 2026, Roilán fue encarcelado por tercera ocasión. Inmediatamente comenzó otra huelga de hambre. Esta vez llegó mucho más lejos. Después de aproximadamente 49 días, su organismo colapsó. Sufrió un grave episodio cardíaco y tuvo que ser reanimado. Estuvo al borde de la muerte. La situación llegó a ser tan alarmante que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos otorgó medidas cautelares a su favor, considerando que sus derechos a la vida, la integridad personal y la salud estaban en riesgo de daño irreparable.
Pero la violencia continuó. En julio pasado, dentro de la Prisión Provincial de Holguín, Roilán volvió a sufrir una brutal golpiza. Su familia denunció golpes con objetos contundentes y lesiones en diferentes partes del cuerpo. Como respuesta, volvió a declararse en huelga de hambre. Permaneció 20 días sin ingerir alimentos y según su hermana Arianna, cuando pudo verlo, sintió que nuevamente la muerte le acechaba. Era su cuarta larga huelga de hambre.
La acumulación de ayunos prolongados, golpizas, torturas y años de persecución ha deteriorado gravemente su salud. Presenta problemas cardíacos, renales y otras secuelas que hacen que una nueva huelga pueda resultar mortal.
La policía política ha planteado a su familia que lo liberarán si abandona Cuba, para lo cual necesitan adquirir un boleto hacia un país que pueda recibirlo. Es decir, después de perseguirlo, golpearlo, encarcelarlo y llevarlo repetidamente al borde de la muerte, pretenden imponerle el destierro como precio de su libertad.
Roilán Álvarez Rensoler lleva casi quince años pagando un precio enorme por luchar pacíficamente por la libertad de Cuba. Pocos activistas cubanos de su generación han sufrido tantas detenciones, allanamientos, cárceles, golpizas, torturas, y han realizado tan largas huelgas de hambre. Hoy necesita nuestra solidaridad.
Quienes conocimos al joven que en 2011 atravesó montes y arroyos para proteger aquellos 500 dólares sabemos que sigue siendo el mismo hombre valiente, firme, confiable y dispuesto a arriesgar su vida exigiendo su inmediata liberación.
Después tantos años de resistencia y tratos crueles e inhumanos, su cuerpo exhausto exige adecuada atención médica y sobre todo, condiciones imposibles en una cárcel cubana. Ahora la prioridad es sacarlo de prisión y salvar su vida. ¿Puede Roilán contar contigo?
Vídeos relacionados:
Archivado en:
Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.