
La administración Trump ha definido una estrategia hacia Cuba centrada en fracturar las filas del régimen y abrir un margen de negociación mediante presión económica máxima, descartando por ahora una intervención militar.
Según fuentes anónimas familiarizadas con la estrategia de la administración Trump, citadas por Bloomberg este viernes, el objetivo declarado de Washington no es solo asfixiar financieramente al régimen, sino generar grietas entre las distintas facciones que se reparten el poder en el país.
Entre estas figura la familia Castro, las Fuerzas Armadas, la burocracia del Partido Comunista y los descendientes de otras figuras revolucionarias.
Esas fracturas, según las fuentes, servirían de palanca para forzar una negociación que La Habana ha rechazado sistemáticamente durante casi siete décadas.
Un funcionario estadounidense citado por Bloomberg precisó que la administración está abierta a «un nuevo capítulo» en las relaciones con Cuba, pero que el único obstáculo es la actual dirección del país.
La misma persona advirtió que un Estado fallido en la isla representaría una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos, y recordó que prácticamente todos los grupos militantes de izquierda del hemisferio occidental han recibido apoyo cubano en algún momento.
El Departamento de Estado, por su parte, no cerró ninguna puerta: «Al igual que con cualquier tema de política exterior, el presidente Trump tiene muchas opciones a su disposición. Estados Unidos seguirá utilizando todos los medios a su alcance tanto para hacer frente a las amenazas a la seguridad nacional que plantea el régimen comunista cubano, como para impulsar las reformas económicas y políticas que proporcionen a Cuba un futuro mejor».
La opción militar no queda descartada de forma explícita —Trump valora la imprevisibilidad como herramienta política—, pero ha quedado relegada.
La guerra en Irán, que se prolonga ya por su quinto mes, consume recursos políticos y militares, y el presidente quiere evitar el despliegue de tropas sobre el terreno.
Bombardear objetivos en una nación insular pobre frente a las costas de Miami tampoco tiene una utilidad estratégica clara, según las mismas fuentes.
Desde enero de 2026, la administración ha acumulado más de 240 sanciones contra Cuba e interceptado al menos siete tanqueros, lo que ha provocado una caída estimada del 80-90% en las importaciones energéticas de la isla.
Entre las medidas más recientes figuran las sanciones contra GAESA en mayo, el conglomerado empresarial de las Fuerzas Armadas; las sanciones al Ministerio de Turismo en julio; y las sanciones contra cinco entidades y ocho personas vinculadas a la adquisición de armamento, anunciadas el 6 de agosto.
La ONU ha advertido sobre escasez de alimentos y medicamentos, y cortes de electricidad que afectan a hospitales y centros oncológicos.
El caso cubano es más complejo que el venezolano. Tras capturar a Nicolás Maduro en enero, Washington instaló a Delcy Rodríguez como presidenta encargada y obtuvo influencia directa sobre el gobierno.
En Cuba, en cambio, funcionarios estadounidenses creen que Miguel Díaz-Canel está controlado por la familia Castro, con el poder disperso entre sus miembros y los mandos militares, lo que dificulta cualquier estrategia de fractura interna.
A eso se suma la ausencia de una oposición política creíble y de un líder alternativo acordado.
Marco Rubio, figura central de esta política, ha moderado su discurso en las últimas semanas.
En un podcast con Katie Miller publicado esta semana, respondió a la pregunta de si Cuba sería «la siguiente» después de Venezuela con una respuesta más cautelosa que la de enero: confía en que Cuba «estará en una senda irreversible hacia un futuro muy diferente» para cuando «esta administración termine» en enero de 2029.
Y añadió: «No se puede mantener algo en pie durante 70 años —que echa raíces— y luego pensar que, de la noche a la mañana, vas a arrancarlo todo de raíz y plantar algo completamente nuevo».
Preguntas frecuentes sobre la estrategia de Trump hacia Cuba
CiberCuba te lo explica:
¿Cuál es la estrategia de la administración Trump hacia Cuba?
La estrategia se centra en fracturar las filas del régimen cubano y abrir un margen de negociación mediante la presión económica máxima. Esta estrategia busca generar grietas entre las distintas facciones que se reparten el poder en la isla, como la familia Castro, las Fuerzas Armadas y la burocracia del Partido Comunista, con el fin de forzar una negociación que La Habana ha rechazado durante décadas.
Publicidad
¿Descarta Estados Unidos una intervención militar en Cuba?
Aunque la opción militar no queda descartada de forma explícita, ha sido relegada a favor de una estrategia de presión económica. La administración Trump valora la imprevisibilidad como herramienta política, pero actualmente prioriza el aislamiento financiero y la presión económica para lograr sus objetivos en Cuba.
Publicidad
¿Qué medidas ha tomado Estados Unidos contra Cuba recientemente?
Estados Unidos ha impuesto más de 240 sanciones contra Cuba desde enero de 2026. Estas sanciones incluyen medidas contra el conglomerado militar GAESA, el Ministerio de Turismo y entidades vinculadas a la adquisición de armamento. Además, se han interceptado al menos siete tanqueros, lo que ha provocado una caída significativa en las importaciones energéticas de la isla.
Publicidad
¿Qué busca lograr Estados Unidos con su política hacia Cuba?
El objetivo es forzar reformas económicas y políticas en Cuba que proporcionen un futuro mejor al país y respondan a las amenazas a la seguridad nacional que plantea el régimen comunista cubano. La administración Trump está abierta a iniciar un nuevo capítulo en las relaciones bilaterales, pero considera que la actual dirección política cubana es el principal obstáculo para el cambio.
Publicidad
Vídeos relacionados:
Archivado en: