
Dos buques de combate litoral de la Marina de los Estados Unidos arribaron recientemente a la Base Naval de Guantánamo, en territorio cubano, en una señal más de la creciente presión militar que Washington mantiene sobre la isla.
La Estación Naval de Guantánamo anunció las llegadas en sus redes sociales con mensajes de bienvenida a ambas embarcaciones y sus tripulaciones.
El primero en llegar fue el USS Billings (LCS-15), octavo buque de la variante Freedom de la clase de combate litoral, que atracó en Guantánamo como parte de su despliegue programado en el Caribe.
Le siguió el USS Minneapolis-Saint Paul (LCS-21), el 11º buque de esa familia de naves modernas, que zarpó de la Base Naval de Mayport, Florida, el 27 de agosto y llegó a Guantánamo el lunes.
Ambas plataformas están diseñadas para operar en aguas poco profundas y costeras. Según la descripción oficial de la Marina, «la red de buques de combate litoral combate las amenazas de minas costeras, terrorismo y submarinos furtivos».
Asimismo, la institución subrayó que los buques preservan «la libertad de navegación de nuestra nación a través de una innovadora combinación de diseño y construcción de buques, las habilidades y la formación del personal, y los programas operativos que crean una presencia marítima continua y protección».
Las llegadas se producen en un momento de máxima tensión entre Washington y La Habana, marcado por una serie de movimientos diplomáticos y militares sin precedentes recientes.
En mayo, el director de la CIA, John Ratcliffe, se reunió en La Habana con altos funcionarios del MININT, incluido el ministro Lázaro Álvarez Casas, llevando un mensaje de la administración Trump: existe «una ventana de oportunidad que no permanecerá abierta indefinidamente».
Días después, el jefe del Comando Sur, el general Francis L. Donovan, se reunió en el perímetro de la base con el general cubano Roberto Legrá Sotolongo, viceministro primero y jefe del Estado Mayor General de las FAR, en lo que constituyó la primera reunión de ese tipo en tiempos recientes entre ambos mandos.
A mediados de junio, el secretario de Guerra Pete Hegseth visitó Guantánamo y advirtió que Cuba no debería adquirir armas capaces de alcanzar la base o territorio estadounidense.
«El futuro de Cuba está en manos de su liderazgo», declaró Hegseth, quien también afirmó que el Departamento de Guerra pondría sobre la mesa «cada opción posible» ante cualquier contingencia.
En paralelo, el refuerzo militar estadounidense en el Caribe no se limita a Guantánamo. A finales de agosto, se confirmó que la base naval Roosevelt Roads en Puerto Rico opera a pleno rendimiento con más de 8,100 soldados en maniobras bajo la Operación Lanza del Sur del SOUTHCOM, con una inversión proyectada de 79 millones de dólares.
Desde la sociedad civil cubana y el exilio, voces como las de José Daniel Ferrer y Luis Manuel Otero Alcántara han expresado apoyo a una acción militar para derrocar al régimen.
Una encuesta digital independiente de mayo, con más de 42,000 respuestas válidas, reportó que el 60,9% de los participantes apoyaba una intervención militar directa de EE.UU., con un 58% de respuestas geolocalizadas desde la isla.
El régimen, por su parte, ha respondido con retórica de resistencia. Miguel Díaz-Canel prometió en marzo una «resistencia inexpugnable» ante cualquier acción militar, mientras el canciller Bruno Rodríguez Parrilla rechazó que Cuba fuera presentada como amenaza para la seguridad nacional estadounidense.
El USS Minneapolis-Saint Paul tiene previsto participar a partir del 10 de septiembre en UNITAS 2026, la 67ª edición del ejercicio naval multilateral con 24 naciones, frente a las costas de Lima, Perú.
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