Raúl Castro: la muerte por la que esperan todos los cubanos

La muerte que estamos esperando (ilustración creada con IA) © CiberCuba/ChatGPT
La muerte que estamos esperando (ilustración creada con IA) Foto © CiberCuba/ChatGPT

Empezaron prometiendo lo que todo el mundo quería oír. Nos hablaron bonito y engañaron a todos los cubanos.

Prometieron derrocar una dictadura sangrienta y devolvernos la República: elecciones, Constitución, tribunales, prensa libre. Están ahí los videos, los mensajes, las entrevistas; tienen una claridad que hoy da vergüenza ajena. Prometieron un país normal.

Lo que nos dieron fue otra dictadura, peor que la anterior.

Peor porque la de Fulgencio Batista duró siete años y esta lleva 67. Peor porque aquella dejó muertos y esta dejó muertos, exiliados, familias partidas y un país vacío. Peor porque Batista se fue en un avión cuando la cosa se puso mala y estos nos han llevado a la ruina sin querer soltarnos.

Los fusilamientos empezaron enseguida. En Santiago de Cuba, en enero del 59, con juicios sumarios y una zanja abierta. Los dirigía Raúl Castro. No Fidel: Raúl. Esa fue su primera responsabilidad de gobierno y la cumplió con eficiencia. Paredón para los que se opusieron, para los que conspiraron, para los que solo hablaron.

Después vinieron las UMAP, donde confinaron a homosexuales, religiosos y a cualquiera que no encajara, bajo mando militar. También suyo. Y en 1996, las avionetas de Hermanos al Rescate pulverizadas sobre el mar por orden del entonces ministro de las Fuerzas Armadas.

Casi medio siglo al frente del ejército. Nadie en el mundo estuvo tanto tiempo en un cargo así. No era un puesto decorativo.

Desde el primer año, la gente empezó a irse.

Se fueron los que tenían algo que perder y después los que no tenían nada. Se fueron miles de niños solos en la Operación Pedro Pan, mandados por sus padres a un país extraño porque cualquier cosa era mejor que aquello. Se fueron por Camarioca. Se fueron por Mariel, y a esos, antes de dejarlos salir, les organizaron turbas frente a sus casas para escupirlos y pegarles delante de sus hijos. Se fueron en balsas en el 94. Se siguen yendo hoy, por Nicaragua, por el Darién, por donde puedan.

Y a todos los llamaron gusanos, escoria, apátridas...

Esa es la parte que más me cuesta perdonar, porque no fue solo una palabra. Fue una política. Convirtieron emigrar en una traición, y convirtieron el tener un familiar afuera en una mancha que te costaba el trabajo, la carrera, la plaza en la universidad. Miles de cubanos dejaron de escribirle a su propia madre para poder seguir viviendo. Hubo padres que no volvieron a ver a un hijo. Hubo hermanos que se enteraron de la muerte del otro por un tercero, meses después. Eso no lo hizo el destino. Lo hizo un gobierno, a propósito, para castigar.

De Cuba muchos se han ido. A Estados Unidos la mayoría, pero también a España, a México, a Italia, a Brasil, hasta a Haití. Como si hubieran tirado una granada en el medio de la isla y cada cubano hubiera caído como un cascote en un rincón distinto del planeta.

Muchos no cayeron en ninguna parte.

Están los que se quedaron en el estrecho de la Florida, que son tantos que nunca nadie los va a poder contar. Están los que se quedaron en el Darién, en el barro, y sus familias solo tienen un número de teléfono que dejó de responder. Están los que entregaron todo lo que tenían a un coyote y aparecieron en una fosa en México, o no aparecieron nunca. Están los que murieron ahogados en un remolcador que hundieron a chorros de agua a siete millas de La Habana. Entre ellos había niños.

Ninguno de ellos tuvo un médico al lado. Ninguno tuvo un equipo para mantenerlo con vida. Ninguno tuvo una familia velándolo.

Raúl Castro sí los va a tener. Cuando le llegue el momento, a sus noventa y tantos años, habrá médicos, habrá equipos y estará su familia.

No sé cuándo se va a morir. Puede ser esta semana o puede ser el año que viene; ya lo han matado en las redes tantas veces que cuando pase de verdad medio mundo no lo va a creer. Pero se va a morir. Y ese día millones de cubanos van a sentir alegría. Yo voy a sentir alegría, la misma que sentimos en noviembre de 2016, y no vamos a tener que pedirle perdón a nadie por sentirla. No es odio. Es lo que siente nuestro pueblo cuando desaparece el hombre que nos rompió la vida.

Va a haber cubanos festejando en Miami, en Madrid, en Valencia, en Ciudad de México, en Moscú, en Roma. En todos los rincones donde nos tiró aquella granada. Y quizás haya cubanos saliendo a la calle en Cuba a pedir el cambio que nadie les ha dejado pedir en 67 años.

Pero nosotros no somos los únicos que esperamos. Dentro del poder también hay quien espera, y eso hay que decirlo. Hay figuras del régimen que saben que el país se cae, que llevan meses viendo cómo se cierra el cerco, y entienden que hay que negociar algo. Unos lo pensarán por convicción y otros por puro oportunismo, por asegurarse un lugar en lo que venga. Da igual. Todos tienen las manos atadas al mismo hombre. Mientras Raúl Castro respire, en Cuba no hay una sola conversación posible sobre el futuro, porque nadie se atreve a tenerla delante de él. No es que quienes vienen detrás sean mejores. Es que ni siquiera pueden ser peores por su cuenta.

Y por eso conviene decir también lo otro, aunque duela: su muerte puede que no traiga nada. La de Fidel Castro no trajo nada. Hoy estamos aquí, tras 10 años que dejaron a Cuba peor de lo que estaba, con apagones, con hambre y con el éxodo más grande de nuestra historia. Puede que esta vez tampoco pase nada. Puede que el aparato siga funcionando solo, porque para eso lo construyó.

Pero ese día, aunque no cambie nada, se va a morir uno de los dos culpables de nuestra desgracia.

Su muerte no nos devolverá a los muertos, ni los años, ni las familias. El daño está hecho. Aun así, cuando llegue el día nos tocará festejar su muerte y prepararnos para construir un país nuevo.

COMENTAR

Vídeos relacionados:

Archivado en:

Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Luis Flores

CEO y cofundador de CiberCuba.com. Cuando tengo tiempo escribo artículos de opinión sobre la realidad cubana vista desde la perspectiva de un emigrante.






¿Tienes algo que reportar?
Escribe a CiberCuba:

editores@cibercuba.com

+1 786 3965 689


Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.



Luis Flores

CEO y cofundador de CiberCuba.com. Cuando tengo tiempo escribo artículos de opinión sobre la realidad cubana vista desde la perspectiva de un emigrante.

Sigue leyendo 👇

No hay más noticias que mostrar, visitar Portada