
Miguel Díaz-Canel puso por primera vez un plazo concreto para comenzar a medir los resultados de la estrategia con la que el gobierno cubano pretende aliviar la grave crisis de abastecimiento de agua en La Habana: finales de septiembre.
El gobernante aseguró que para finales del mes en curso deberían comenzar a apreciarse los primeros efectos en dos o tres de los principales sistemas de abasto de la capital, mientras que durante octubre se prevé consolidar otras fuentes y, antes de terminar el año, avanzar hacia una solución más estable basada en energías renovables.
El calendario convierte las próximas semanas en la primera prueba concreta para una estrategia anunciada después de meses de apagones, roturas, salideros y fallos de bombeo que han dejado a cientos de miles de habaneros con un suministro irregular o sin agua durante días y semanas.
Pero, aunque el gobernante ya habla de fechas y etapas, todavía quedan importantes incógnitas sobre los recursos disponibles, el financiamiento y la capacidad real para ejecutar el plan.
Finales de septiembre: el primer compromiso
Díaz-Canel explicó durante una visita al Sistema Cuenca Sur que el gobierno espera ver los primeros resultados a finales de septiembre en «dos o tres» sistemas principales de La Habana, según el sitio web de Presidencia.
Después, según el cronograma anunciado, durante octubre deberían consolidarse otras fuentes de abasto y hacia finales de 2026 comenzar a funcionar soluciones apoyadas en fuentes renovables de energía.
La estrategia busca atacar uno de los principales problemas que ha agravado la crisis: la extrema dependencia del bombeo de agua del deteriorado Sistema Eléctrico Nacional.
El propio Díaz-Canel reconoció que los sistemas hidráulicos necesitan entre diez y 12 horas continuas de estabilidad eléctrica para funcionar correctamente y que actualmente el país prácticamente no puede garantizar ese período, ni siquiera cuando intenta priorizar energéticamente estas instalaciones.
La admisión resulta significativa porque implica que la solución ya no pasa únicamente por asignar electricidad a las estaciones de bombeo, sino por desarrollar fuentes energéticas capaces de funcionar de manera parcialmente independiente del SEN.
De los grupos electrógenos a la energía solar
La primera medida consiste en respaldar con grupos electrógenos 29 fuentes de abasto e impulsores seleccionados en La Habana.
Las autoridades han inspeccionado cerca de 70 instalaciones para determinar cómo mantener el bombeo durante los apagones, pero hasta ahora solo se ha informado del respaldo energético previsto para esas primeras 29.
El gobierno no ha precisado públicamente qué ocurrirá con el resto de las instalaciones inspeccionadas, cuáles serán incorporadas después ni bajo qué calendario.
La segunda fase contempla utilizar generación distribuida y la tercera instalar sistemas basados en fuentes renovables, incluidos parques solares y mecanismos de acumulación de energía.
El objetivo declarado es que el bombeo pueda continuar incluso cuando La Habana permanezca durante largas horas sin electricidad.
Los grupos electrógenos plantean otra pregunta: el combustible
El uso de grupos electrógenos puede proporcionar una solución inmediata frente a los apagones, pero también traslada parte del problema hacia otro recurso escaso en Cuba: el combustible.
Si las estaciones necesitan largas horas continuas de energía para estabilizar conductoras, impulsores y sistemas de rebombeo, los equipos de generación tendrán igualmente que operar durante períodos prolongados.
Hasta ahora, las autoridades no han informado cuánto combustible necesitarán esos grupos electrógenos, qué cantidad está garantizada específicamente para el bombeo de agua ni durante cuánto tiempo puede mantenerse ese esquema.
Esta incógnita resulta especialmente relevante después de meses de dificultades energéticas y limitaciones de combustible que han afectado tanto la generación eléctrica como otros servicios esenciales.
Un plan sin presupuesto público
El gobierno reconoce que la estrategia necesitará inversiones, pero tampoco ha informado cuánto costará.
La Presidencia ha mencionado recuperación de equipos de bombeo, eliminación de fugas, rehabilitación de conductoras, mantenimiento de infraestructura, automatización, generación distribuida, fuentes renovables y sistemas de acumulación.
Sin embargo, no se han publicado cifras sobre el presupuesto necesario, la potencia eléctrica que será instalada, el número de paneles solares o baterías requeridos ni la procedencia concreta del financiamiento.
En el caso del Sistema Cuenca Sur, que abastece a más de 336,000 habitantes de Plaza de la Revolución, Diez de Octubre, Cerro, Centro Habana, Habana Vieja y parte de Boyeros, el gobierno anunció igualmente recuperación de bombas, eliminación de fugas, rehabilitación de conductos y otras inversiones, pero sin cuantificar públicamente los recursos necesarios.
Tampoco hay metas concretas sobre cuántos habaneros recuperarán el agua
Otro elemento que todavía no aparece en la estrategia oficial son indicadores públicos que permitan determinar con precisión qué significará el anunciado «impacto» de finales de septiembre.
No se ha dicho cuántas personas deberían recuperar un servicio estable para esa fecha, cuántas horas de suministro se pretenden garantizar, cuántas estaciones deberán estar respaldadas ni cuánto debería aumentar el volumen de agua bombeada.
La ausencia de esos indicadores dificulta medir el éxito del programa únicamente a partir de las fechas anunciadas.
En julio, más de medio millón de habitantes de La Habana enfrentaban dificultades de abastecimiento, después de que en abril los afectados fueran alrededor de 200,000 y en mayo superaran los 376,000.
Durante esos meses, CiberCuba ha documentado barrios con más de una semana sin servicio, familias obligadas a comprar agua a precios elevados, reparto mediante pipas, instalación de bombas manuales, y numerosas denuncias y protestas ciudadanas por la combinación de apagones y falta de agua.
El gobierno admite que el modelo actual ya no funciona
Más allá de las medidas concretas, las declaraciones de Díaz-Canel contienen una admisión relevante sobre la profundidad de la crisis.
El gobernante afirmó que la situación obliga a «reinventar todo el sistema de gestión del abasto de agua», porque la inestabilidad del SEN hace imposible mantener durante suficiente tiempo la electricidad que necesitan los sistemas hidráulicos.
En la práctica, la estrategia supone intentar separar progresivamente una parte de la infraestructura de bombeo de la dependencia absoluta de la red eléctrica nacional.
No se trata únicamente de instalar generadores. El propio programa oficial reconoce problemas de bombas, fugas, conductoras, mantenimiento, distribución y gestión que también tendrán que solucionarse para estabilizar el servicio.
Un calendario que el propio Díaz-Canel dejó abierto
Aunque fijó finales de septiembre, octubre y cierre de año como referencias, Díaz-Canel también advirtió que el cronograma «se puede mover en el tiempo».
El gobernante atribuyó esa incertidumbre a las sanciones estadounidenses y al llamado «bloqueo energético».
La advertencia introduce desde ahora un margen para posibles retrasos en un programa cuya ejecución dependerá de inversiones, combustible, equipamiento y recursos que todavía no han sido detallados públicamente.
Por eso, finales de septiembre se convierte en una fecha particularmente relevante.
Será entonces cuando pueda comenzar a comprobarse si los grupos electrógenos y las primeras intervenciones producen una mejoría perceptible en los sistemas seleccionados o si el programa vuelve a quedar condicionado por las mismas carencias que han acompañado durante meses la crisis del agua en la capital.
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