
Fernando Armando Valdés Pérez, el cubano-guatemalteco deportado recientemente por Estados Unidos tras ser identificado por las autoridades como un activo de la inteligencia del régimen cubano, consiguió penetrar hasta lo más profundo del círculo de confianza de Luis Posada Carriles.
Durante años fue su acompañante, cuidador y una figura tan cercana que uno de los amigos de Posada llegó a describirlo como su «hijo devoto».
Una investigación de la periodista Nora Gámez Torres, publicada este sábado por el Miami Herald, revela nuevos detalles sobre la relación que Valdés Pérez mantuvo con Posada y el extraordinario nivel de acceso que consiguió alrededor de uno de los principales enemigos del régimen de La Habana.
Valdés Pérez, de 61 años y residente durante años en Kendall, fue deportado a Guatemala el pasado 7 de agosto. El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) sostiene que era un activo de la inteligencia cubana encargado, desde al menos la década de 1990, de infiltrarse en organizaciones del exilio.
La información conocida hasta ahora señalaba que había conseguido introducirse en el entorno de Posada Carriles. Los testimonios obtenidos por Gámez Torres muestran que aquella relación fue mucho más profunda.
Orlando González, amigo cercano de Posada y director de Rescate Jurídico, organización de Hialeah que apoya a presos políticos cubanos, contó que Valdés Pérez terminó siendo prácticamente inseparable del militante anticastrista.
Lo llevaba a citas médicas y actividades, se ocupaba de sus medicamentos y actuaba prácticamente como su representante personal. González lo describió como el «hijo devoto» de Posada y aseguró que quienes querían verlo tenían prácticamente que conseguir una cita a través de Valdés Pérez.
Santiago Álvarez, empresario de Miami y benefactor de Posada, también recordó la facilidad de Valdés Pérez para ganarse a quienes lo rodeaban. Lo describió como un hombre carismático, atrevido y siempre dispuesto a solucionar problemas, hasta el punto de parecer «demasiado perfecto».
Lo escondió durante más de un año en Guatemala
Uno de los episodios que mejor refleja el grado de confianza entre ambos ocurrió después de que la entonces presidenta panameña Mireya Moscoso indultara a Posada en agosto de 2004.
Tras salir de Panamá y pasar por Honduras, Posada tuvo que buscar otro lugar donde ocultarse ante informaciones de que su vida corría peligro.
Terminó refugiándose durante más de un año en Guatemala en una vivienda de Valdés, precisamente el hombre que dos décadas después las autoridades estadounidenses identificarían públicamente como un activo de la inteligencia cubana.
Hay otro detalle particularmente llamativo: según el Miami Herald, Posada permaneció escondido a unas 200 yardas —unos 183 metros— del consulado cubano en Ciudad de Guatemala.
Ernesto Abreu, otro integrante del círculo cercano de Posada, describió retrospectivamente aquella situación como estar «durmiendo con el enemigo».
La atención de Valdés Pérez hacia Posada era constante. Abreu recordó al periódico que le preparaba el desayuno y atendía personalmente sus rutinas cotidianas.
Posada se negó a abandonarlo
El nivel de confianza alcanzado por Valdés Pérez quedó todavía más claro cuando comenzó a prepararse la salida de Posada desde Guatemala hacia México.
Santiago Álvarez estaba organizando la operación con su embarcación Santrina y, debido a las sospechas que algunos miembros del grupo ya tenían sobre Valdés Pérez, había dado instrucciones para que este no acompañara a Posada.
Pero Posada se negó.
Según el relato de Álvarez al Miami Herald, dejó claro que si Valdés Pérez no viajaba con él, él tampoco se marcharía.
Finalmente, Valdés lo acompañó.
El episodio muestra hasta qué punto había conseguido ganarse la confianza de un hombre que durante décadas estuvo entre los objetivos prioritarios del aparato de inteligencia de La Habana.
Posada Carriles murió en 2018, a los 90 años. Una fotografía de la celebración de su último cumpleaños constituye ahora una imagen especialmente simbólica de aquella relación.
Frente a una enorme tarta por sus 89 años aparece Posada. A su lado, de pie, hay una sola persona: Fernando Armando Valdés Pérez.
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