Un niño cubano de seis años recibió una tarea escolar: construir una oración con la palabra «yanqui». Sin que sus padres le dijeran qué escribir, el pequeño entregó esta frase: «Los yanquis son humanos». Lo que vino después lo narra el sacerdote Alberto Reyes Pías en la entrega número 174 de su columna semanal «He estado pensando», publicada en Facebook en torno al aniversario del 11 de septiembre.
«No es difícil imaginar lo que vino después: maestros histéricos, citaciones a los padres, análisis 'ideológico' del niño», describe Reyes Pías. El problema, según el sacerdote, era transparente. «Después de meses de adoctrinamiento escolar, ese niño no había adquirido una 'ideología correcta', es decir, no había aprendido a odiar, no había aprendido a condenar, y eso era, sencillamente, intolerable».
El punto de partida de la reflexión es el aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001. «Ha vuelto en el calendario el 11 de septiembre, el día que recordaremos siempre como el desenlace diabólico de un proceso de ideologización fanática», escribe el párroco de Esmeralda, en Camagüey. Para Reyes, «la masacre de las Torres Gemelas no tuvo su raíz en una nacionalidad o en una religión, sino en una ideología que divide al mundo entre buenos y malos, y donde los 'malos' necesitan ser odiados, castigados, eliminados».
Desde esa premisa, el sacerdote traza un paralelismo con el nazismo apoyándose en el escritor y sacerdote español José Luis Martín Descalzo, quien relató cómo científicos de primera línea se pusieron al servicio de Hitler: crearon cámaras de gas, experimentaron con seres humanos y decidieron sin escrúpulos quién debía vivir y quién morir. «Eran intelectualmente brillantes, pero habían perdido su humanidad, cegados por una ideología que los había convencido no sólo de su superioridad sino de su derecho sobre la vida de los demás», cita Reyes Pías.
La conclusión que extrae es que todas las ideologías totalitarias comparten esa misma lógica. «Da igual que sea el integrismo musulmán, el fascismo o el comunismo, todas las ideologías crean seres que se sienten superiores en su modo de pensar y de mirar el mundo, y que se sienten con derecho a decidir la vida de los demás».
Cuba, afirma, no ha sido excepción. El sacerdote enumera décadas de represión sistemática. «Desde los fusilamientos en La Cabaña hasta el UMAP, desde las 'marchas del pueblo combatiente' hasta los actos de repudio, desde las citaciones arbitrarias de la Seguridad del Estado hasta el encarcelamiento de aquellos que han salido a reclamar sus más legítimos derechos».
En todos esos casos, señala, el criterio del poder ha sido idéntico: «Yo decido qué está bien y qué está mal, yo decido cuál es 'el camino correcto', y tú no tienes derecho a pensar ni a actuar de modo diferente a lo que yo he decidido que es el mejor modo. Y como soy yo quien tiene el poder, sólo te queda someterte, o habrá consecuencias».
Esa lógica explica, según Reyes Pías, el trato prepotente, las «actas de advertencia», la temible «mancha en el expediente», los análisis ideológicos y la represión agresiva que caracterizan al sistema cubano. El adoctrinamiento antiimperialista tiene base curricular oficial: documentos del Ministerio de Educación fijan como objetivo que los alumnos «manifiesten un sentimiento de rechazo al capitalismo y en particular al imperialismo yanqui». En 2026 se han documentado casos de niños obligados a corear consignas políticas en escuelas habaneras y de escolares usados en «tribunas antiimperialistas» contra Estados Unidos.
Reyes Pías, cuya columna acumula más de 170 entregas y se ha convertido en una de las voces críticas más seguidas dentro de la isla, cierra su reflexión con un llamado directo a los padres cubanos: «No basta con que tus hijos sean buenos en ciencias, en letras o en biología. Es necesario que tus hijos sean buenos en humanidad, en amor, en perdón, en tolerancia, en aceptación del otro, para que su pasión no sea nunca someter al otro sino construir, con todos, un mundo de hermandad».
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