El sacerdote cubano Alberto Reyes ofreció este domingo una reflexión sobre el perdón a propósito del Evangelio del vigésimo cuarto domingo del Tiempo Ordinario, en el que Jesús responde a Pedro que no hay que perdonar siete veces, sino setenta veces siete, es decir, siempre.
Partiendo de ese pasaje del Evangelio de Mateo 18, 21-35, Reyes desmonta tres ideas que, a su juicio, distorsionan el verdadero significado del perdón.
La primera es creer que perdonar equivale a olvidar. «Perdonar no significa olvidar la ofensa, porque hay situaciones que no podremos olvidar jamás», advierte el sacerdote de Esmeralda (Camagüey).
La segunda confusión es pensar que perdonar exige suprimir las emociones. Para el padre Alberto Reyes, sentir ira, decepción, molestia o incluso deseos de venganza no contradice el perdón: esos sentimientos escapan al control voluntario de la persona.
La tercera es la actitud que él llama simplista: «El borrón y cuenta nueva, aquí no ha pasado nada». Esa postura, sostiene, tampoco es perdón.
Frente a esas concepciones, el sacerdote propone una definición centrada en la conducta, no en el sentimiento. «Cristo no nos pide nada que nosotros no podamos manejar y, por tanto, lo que el Señor nos pide se enmarca en el área de la conducta, de lo que podemos hacer, y no de lo que podamos sentir o pensar», explica.
Desde esa perspectiva, perdonar significa algo concreto y alcanzable: «Ser capaces de dejar la puerta abierta, es no dejar de tender la mano ante la necesidad de aquel que nos ofendió. Perdonar es ser capaces de estar ahí para asistir al que nos hirió, es aprender a ver al necesitado en lugar del agresor».
Para recorrer ese camino, Reyes propone tres actitudes prácticas.
La primera es rezar por quien nos hirió. Reconoce que al inicio esa práctica puede parecer «incluso violenta», pero asegura que «rezar por el agresor termina siendo un camino hacia la paz».
La segunda es drenar el dolor: hablar con alguien capaz de escuchar sin juzgar, sin dar valoraciones ni consejos. Alguien que, citando a Santa Teresa, sea «el desaguadero necesario».
La tercera actitud es intentar comprender al agresor. «Nadie es malo de gratis, nadie hiere por deporte, nadie ataca sin una herida en el alma», afirma Reyes, y recurre a la metáfora del iceberg para ilustrar que lo que se ve de la conducta del otro es solo la punta de algo más profundo.
El sacerdote es cuidadoso en aclarar que comprender no equivale a justificar. «Puede que la herida del agresor sea tan profunda que ni siquiera él sea consciente de que actúa desde ella. Esto, por supuesto, no lo justifica, porque nada justifica hacer mal a otro», señala.
Reyes, conocido también por su columna semanal en Facebook donde combina reflexión espiritual con denuncia de la situación en Cuba, ha abordado el perdón en clave política en otras ocasiones. En marzo de este año afirmó que el pueblo cubano priorizaría perdonar al régimen a cambio de libertad, y en otra intervención del mismo mes advirtió que los pueblos no siempre perdonan a quienes les hicieron daño.
Esta reflexión dominical, sin embargo, se mueve en el plano espiritual e interpersonal. Su conclusión apunta a que la mirada compasiva sobre el agresor no es una concesión, sino el camino más directo hacia la propia paz. «Desde esa mirada nos será mucho más fácil hacer el camino del perdón, tender la mano a pesar de la herida, y experimentar el don de encontrar la propia paz».
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