
En Cuba las palabras también sobreviven. Buquenque no nació con las tarjetas bancarias ni con la actual escasez de efectivo. Es una voz cubana antigua documentada por Fernando Ortiz en su "Glosario de afronegrismo", publicado en La Habana en 1924, en la que la definía como “alcahuete, buscona”. Más de medio siglo después aparece también en Santiago de Cuba y se utiliza para nombrar a quienes entregan efectivo a cambio de una transferencia bancaria y cobran un interés por hacerlo.
Pero esto no es un fenómeno sencillo, sino que proviene del escenario de crisis que se vive en la isla y podemos enfocarlo no desde este buquenque o intermediario, como también se le llama, sino desde la persona que necesita efectivo. “Para sacar o cobrar la chequera por la tarjeta es una odisea, una tortura, con mucha incertidumbre”, cuenta un jubilado santiaguero cuya identidad prefirió no revelar. Su relato describe una dificultad que va más allá de saber o no utilizar una tarjeta. Habla de bancos donde no siempre hay dinero suficiente y de cajeros vacíos que tampoco garantizan el retirar el dinero ganado cuando se necesita. Entonces aparece este individuo que tiene billetes frente a quien no lo tiene y dice: “Acepto resolverte, arriesgándome”. Por ello debes darme mi parte (ganancia).
De acuerdo a nuestra indagación, en Santiago de Cuba actualmente pueden cobrarse comisiones de alrededor del 40% y detrás de este trueque se abren muchos cuestionamientos: ¿el buquenque cobra por hacer un favor o se aprovecha de la situación?
¿Quiénes están detrás de esas operaciones? ¿Cuánto dinero se mueve realmente? Y, sobre todo, ¿quién tiene suficiente efectivo hoy en Cuba para sostener un negocio de esa magnitud? El buquenque visible puede ser apenas un eslabón de una cadena.
El cálculo de ese porcentaje permite medir lo que significa para alguien que vive de una pensión pequeña. El jubilado entrevistado recibe 3.200 pesos cubanos, Si le aplicamos el 40% de descuento, tendría que entregar 1.280 para recibir 1.920 en efectivo. Más de mil pesos debe pagar por su propio dinero.¿Qué se puede comprar en Cuba con lo que le queda al jubilado? “Cada día nuestro dinero vale y alcanza menos para todo”, dice el jubilado.
“Ya hay muchas Mipymes y casas particulares que la compra por transferencia sale también al 40%”. Si un producto cuesta mil pesos en efectivo y se le aplica dicho recargo, el jubilado tendría que desembolsar 1.400. Para quien recibe una pensión tan baja no se trata de una diferencia menor.
El dinero pierde valor en el camino, desde lo etéreo o digital hasta tenerlo en la mano. Pero el costo no solo es monetario. “Para sacar o cobrar la chequera por la tarjeta es una odisea, una tortura”, repite el jubilado. “Hay colas, hay incertidumbre, hay cajeros sin efectivo, hay días en los que no se sabe cuándo será posible retirar el dinero. Y por eso existen los buquenques en la calle y los barrios”.
En conclusión, el buquenque existe porque hay una necesidad. No se trata de justificar al individuo que se aprovecha de esto, pero convertirlo en el único responsable sería confundir la consecuencia con la causa. El problema es estructural. En Cuba, las principales decisiones económicas y financieras se toman dentro de un sistema de dirección altamente centralizado y vertical. La bancarización, la forma en que se pagan las pensiones, las condiciones para disponer del efectivo y las medidas adoptadas frente a la falta de liquidez no aparecieron de manera espontánea. Son el resultado de políticas y decisiones tomadas desde las estructuras del régimen. Por eso, si el jubilado termina pagando para disponer de un dinero que ya es suyo, la responsabilidad es clara en quién recae.
Detener al buquenque puede sacar a una persona de la calle, pero no elimina el problema. En Santiago de Cuba se han reportado por CiberCuba, varias detenciones, como la de mayo de este 2026, a los que se atribuyeron el cobro de comisiones entre 35 y 50 por ciento.
En junio otro hombre fue detenido en las inmediaciones de un cajero en Santa Bárbara y se le atribuyó el cobro de un 20 por ciento. Pero estas operaciones no eliminan la necesidad que la creó, porque mientras exista un jubilado que enfrenta una odisea para transformar su saldo bancario en billetes, porque el sistema no le resuelve, seguirá existiendo espacio para el otro que ofrezca ese servicio.
El jubilado pierde su dinero, su tiempo, su vida, sus fuerzas y después de todo ese recorrido, descubre que su pensión, “se nos va, se nos agota enseguida”. Esta es la verdadera y triste imagen de este problema en Santiago de Cuba.
Pero como esta, existen otras, en distintas partes del país y aunque el resto de la población puede verse afectado, este grupo resulta el más vulnerable. Por eso, detrás de la imposibilidad de disponer del dinero en mano, las dificultades del sistema bancario, el tiempo perdido, la dependencia de intermediarios, el desgaste y la vulnerabilidad. Todo este entramado, más que un problema pequen̈o de un banco o una ciudad, de un jubilado, es un problema social.
Vídeos relacionados:
Archivado en:
Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.