Un video de apenas 24 segundos grabado este miércoles en los exteriores de la sede de la ONU en Nueva York se convirtió en uno de los momentos más comentados de la 81.ª Asamblea General cuando el presidente ucraniano Volodimir Zelenski respondió con una sola frase a un periodista estatal ruso que le preguntaba insistentemente cuándo visitaría Moscú.
«En un misil», lanzó el mandatario por encima del hombro sin detenerse, rodeado de guardaespaldas y corresponsales.
El autor de la pregunta fue Valentin Bogdanov, corresponsal del canal estatal ruso VGTRK/Vesti, quien repitió varias veces «¿Cuándo irá a Moscú? ¿Irá a Moscú? ¿Cuándo?» mientras Zelensky avanzaba entre la multitud.
Algunos medios internacionales señalan que la respuesta pudo ir acompañada de una expresión soez, aunque el audio no lo confirma con claridad.
La escena tiene un trasfondo diplomático preciso. Desde el verano de 2025, el Kremlin insistió en que cualquier reunión bilateral entre Vladimir Putin y Zelenski debía celebrarse en Moscú, llegando a ofrecer «garantías de seguridad» para el viaje.
Zelenski rechazó la propuesta de plano y calificó la capital rusa de «capital de este terrorista» en una entrevista con ABC News. Ucrania declaró formalmente «inaceptable» la invitación, y en septiembre de 2026 Rusia descartó también un encuentro en el G20 de Miami, calificándolo de «imposible».
La respuesta «en un misil» no es solo una respuesta sarcástica: resume con precisión la estrategia militar ucraniana de los últimos meses.
Apenas tres días antes del incidente, Zelenski confirmó un ataque masivo con drones y misiles contra la refinería de Kapotnia —que abastece el 40% de la gasolina de Moscú— y el complejo logístico de Sofyino, en la región de la capital rusa, con un saldo de dos muertos y seis heridos.
Entre los sistemas empleados figuró el misil de crucero FP-5 Flamingo, con un alcance declarado de 3,000 km y una ojiva de hasta 1,150 kg. En mayo de 2026, ese mismo misil había impactado una planta industrial en Cheboksary, a más de 900 km de la frontera ucraniana, en uno de los ataques más profundos de toda la guerra.
Para mediados de septiembre, Reuters informó que la mitad de las principales refinerías productoras de diésel de Rusia habían reducido su producción tras la campaña de ataques con drones.
El episodio en Nueva York se enmarca en un patrón de provocaciones verbales que Zelenski ha cultivado con creciente intensidad. En el Día de la Independencia de Ucrania, el presidente ucraniano espetó al Kremlin: «Ustedes querían arrebatarnos toda nuestra Ucrania; a cambio, perdieron sus refinerías, su flota, sus ingresos y toda una generación».
En esa misma ocasión advirtió: «Putin espera que estemos cansados. Nosotros sabemos que él es mortal. Nunca nos entendió. Y ahora ya no tendrá tiempo de hacerlo».
La agenda de Zelenski en Nueva York fue intensa más allá del momento viral. El miércoles habló ante el plenario de la Asamblea General para exigir más presión económica sobre Rusia y sanciones más severas, y se reunió con Donald Trump al margen de la cumbre para explorar la posibilidad de poner fin a la guerra antes del invierno.
Notablemente, el ataque del 20 de septiembre contra Kapotnia se produjo apenas una semana después de que Trump pidiera públicamente a Zelenski que cesara los ataques a refinerías rusas. El presidente ucraniano ignoró la petición.
Sobre el misil Flamingo, Zelenski había pedido producirlo en masa con una consigna que ahora cobra nuevo significado: «Tienen que invernar en Rusia».
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