
El mundo de las telenovelas mexicanas despidió este martes a Otto Sirgo Haller, actor nacido en Cuba que durante más de cinco décadas construyó una extensa carrera en la televisión, el teatro y el cine de México.
Sirgo murió el 29 de septiembre a los 79 años, según confirmaron la Asociación Nacional de Actores (ANDA) y la Asociación Nacional de Intérpretes (ANDI), que recordaron su participación en producciones como Lazos de amor, Rosa salvaje y Niña amada mía.
Su hija Valerie Sirgo reveló este miércoles que el actor había permanecido hospitalizado durante varios días antes de decidir regresar a su casa, donde finalmente falleció.
«Mi papá ya estaba cansado y su corazón le falló un poquito. Pasó unos días en el hospital, él decidió volver a casa, estaba bien y pues... descansó», explicó a medios mexicanos.
La familia no ha informado un diagnóstico médico específico, por lo que la declaración de Valerie es hasta ahora la información más precisa disponible sobre la causa del fallecimiento.
La hija del intérprete aseguró además que su padre nunca terminó de recuperarse emocionalmente de la muerte de su esposa, la actriz Maleni Morales, fallecida en 2020.
«Definitivamente sé que no se recuperó de la pérdida de mi mamá, la extrañaba mucho», expresó Valerie.
La agencia Prensa Danna, que representaba al actor, también lamentó su muerte y señaló que su partida deja «un vacío irreparable en el mundo artístico y en el corazón de quienes tuvimos el privilegio de conocerlo, trabajar a su lado y admirar su enorme talento, calidad humana y trayectoria».
Un cubano que hizo su vida en México
Otto Sirgo Haller nació el 19 de diciembre de 1946 en La Habana, dentro de una familia estrechamente vinculada al espectáculo. Su padre, Otto Sirgo Prieto, era actor cubano; su madre, Magda Haller, actriz mexicana, y su abuela materna, Conchita Gentil Arcos, fue una reconocida intérprete del cine mexicano de la Época de Oro.
Aunque nació en Cuba y pasó parte de su infancia en la isla, desarrolló prácticamente toda su vida personal y profesional en México. El propio actor explicó años después, durante una entrevista con Mara Patricia Castañeda, cómo entendía su identidad.
«Soy de papá cubano, mamá mexicana, nací allá, pero soy mexicano de toda la vida. Mis papeles, mi nacionalidad es aquí», afirmó.
Sirgo contó que, después de pasar varios años de niño en Cuba, regresó a México y nunca volvió a la isla donde había nacido.
Su camino hacia la actuación tampoco fue directo. Estudió inicialmente Ingeniería Electrónica en el Instituto Politécnico Nacional (IPN), pero abandonó la carrera después del primer año. Posteriormente cursó Administración de Empresas Turísticas, estudios que concluyó en 1968. Él mismo contó en una entrevista que siempre quiso ser actor, aunque su familia le pidió terminar primero una carrera universitaria.
Ese mismo año comenzó a trabajar profesionalmente en comerciales mientras buscaba oportunidades como actor y modelo. Entre sus primeros trabajos cinematográficos estuvo La maestra inolvidable (1969), mientras que en televisión apareció en Honor y orgullo, uno de los primeros títulos de una carrera que terminaría abarcando más de 50 telenovelas.
Más de medio siglo frente a las cámaras
Sirgo se convirtió con el paso de las décadas en uno de los rostros habituales de los melodramas mexicanos. Su filmografía televisiva incluyó títulos como Los ricos también lloran, Rosa salvaje, Alcanzar una estrella II, Lazos de amor, Por un beso, Niña amada mía, Sortilegio, Por ella soy Eva, Lo que la vida me robó, Tres veces Ana, Falsa identidad y Vencer el pasado.
Dos de esos trabajos le dieron algunos de los principales reconocimientos de su carrera. En 1992 ganó el Premio TVyNovelas por Alcanzar una estrella II, donde interpretó a Alejandro Loredo, y cuatro años después volvió a recibir el galardón, esta vez como Mejor Actor de Reparto por Lazos de amor.
En esta última producción, protagonizada por Lucero, interpretó a Eduardo Rivas, tío de las trillizas que estaban en el centro de la historia. El propio Sirgo llegó a señalar Lazos de amor y Rosa salvaje entre las producciones que guardaba con especial cariño.
Su relación con Televisa se prolongó durante 51 años. Tuvo contrato de exclusividad con la empresa desde la década de 1970 hasta 2017. Tras terminar esa etapa, participó junto a otros intérpretes en la creación de Talento Libre, un colectivo que buscaba nuevas oportunidades profesionales para actores que habían perdido sus contratos exclusivos con la televisora.
Pero Sirgo no limitó su trabajo a aparecer frente a las cámaras. También desarrolló una carrera como director de escena, con créditos en producciones como Dos mujeres en mi casa, Agujetas de color de rosa, El alma no tiene color y episodios de Mujer, casos de la vida real. En teatro participó en más de 30 montajes y uno de sus trabajos más recordados fue P.D. Tu gato ha muerto, que dirigió y protagonizó.
Trabajó prácticamente hasta el final
En sus últimos años, Sirgo reconoció públicamente que sufría un problema de equilibrio que había comenzado a limitar algunas de sus actividades profesionales. En 2025 contó que había sido tratado por dos médicos y que la dificultad lo había obligado incluso a rechazar una obra teatral porque no se sentía seguro realizando determinadas escenas físicas.
Aun así, continuó actuando.
Su última participación en una telenovela fue en Doménica Montero, de 2025, donde realizó una aparición especial como el juez Benítez. Sin embargo, su último trabajo estrenado fue la serie El precio de la fama, producción original de ViX que llegó a la plataforma el 29 de mayo de 2026.
En ese thriller, Sirgo interpretó a Eugenio Urrutia y compartió elenco con Eréndira Ibarra, Andrés Palacios, Chantal Andere, Mane de la Parra y Alejandra Barros, entre otros. El proyecto se estrenó apenas cuatro meses antes de su muerte.
Su última voluntad: volver al Popocatépetl
Los restos del actor fueron cremados y su familia ahora intenta cumplir una peculiar última voluntad.
Valerie Sirgo reveló que su padre quería que sus cenizas fueran esparcidas en el volcán Popocatépetl, un lugar por el que sentía especial fascinación. Su idea era que sus hijos alquilaran un helicóptero y las arrojaran desde el aire.
Cumplir literalmente ese deseo resulta complicado, reconoció su hija, por lo que la familia estudia acercarse al volcán por tierra y depositar allí sus cenizas.
Sirgo había practicado senderismo cuando era joven y sentía especial admiración por el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl. Según contó Valerie, solía contemplar los volcanes durante sus desplazamientos hacia las instalaciones de Televisa San Ángel.
Será, de concretarse, el último vínculo con México de un actor que nació en La Habana, pero que hizo de ese país su hogar y el escenario de prácticamente toda su carrera.
Vídeos relacionados:
Archivado en: