Una pregunta que lleva décadas sin respuesta clara vuelve al centro del debate sobre el futuro de Cuba: ¿quién se beneficia realmente de que el problema cubano no se resuelva? Esa es la pregunta que articula la entrevista de Tania Costa para CiberCuba con Gustavo Marín Duarte, exiliado cubano, fundador de la Agrupación Abdala y una de las voces más representativas del nacionalismo anticomunista y antiimperialista del exilio histórico.
Marín cuestionó el destino de los fondos destinados durante años a iniciativas vinculadas con Cuba y aseguró que parte de ese dinero ha terminado beneficiando a determinadas personas.
"Aquí hay gente que se mete millones de dólares en el bolsillo. Las posibilidades americanas han ido decayendo también porque los equipos no han funcionado, pero se siguen dando sus billeticos", afirmó.
A su juicio, esta situación ha generado desconfianza y escepticismo. "No hay duda de que eso provoca el escepticismo de las masas. Cobran millones y tampoco les interesa que cambie la cosa", señaló.
Asimismo, reprochó la "falta de credibilidad" acumulada tras años de esfuerzos fallidos, promesas incumplidas y, según sostuvo, engaños.
"Otros han sido falsos y se sigue, de una manera u otra, la política del engaño; la política electoralista en los Estados Unidos para que voten por tal o más cual. Y sigue esta premisa de que vamos a ser libres mañana", dijo.
"Aquí hay gente que ya llega a la esquizofrenia tras haber esperado tantas promesas absurdas", concluyó.
Gustavo Marín llegó a Estados Unidos en 1961, con apenas 13 años, pocas semanas después de que su padre saliera de Cuba tras ser detenido en los días previos a la invasión de Bahía de Cochinos. Su papá ocupaba un cargo en el Ministerio de Relaciones Exteriores cubano y pertenecía, según relata Marín, a la generación que creyó en un cambio democrático y nacionalista para la isla.
«Mi padre trabajaba, tenía un puesto relativamente importante en el Ministerio de Relaciones Exteriores y fue de esa generación que creyó que Cuba estaba apta para un cambio, un cambio práctico, un cambio para todos», recordó Marín en la entrevista.
Tras apenas dos semanas en Miami, e instaló, en un primer momento, con familiares en Valley Stream, Nueva York. «Yo me pasé nada más que dos semanas en Miami. Para mí la experiencia miamense apenas existió», dijo Marín. Fue en ese entorno donde, años después, contribuiría a fundar Abdala.
La Agrupación Abdala nació el 28 de enero de 1968 en el Hotel Woodstock de Nueva York, fundada por siete estudiantes cubanos exiliados. Marín llegó a ser su primer secretario. La organización tomó su nombre del poema de José Martí y se definía desde una posición singular: anticomunista y a la vez antiimperialista, rechazando tanto al régimen castrista como cualquier tutela extranjera sobre Cuba.
Ese ideal político, según el propio Marín, bebía de una tradición profunda. «Era el espíritu de los mambises, era el espíritu de Martí, era el espíritu de una revolución nacionalista democrática con reformas que en lugar de retrasarnos pudieran echar hacia adelante un avance en todas las áreas que en Cuba estaban por hacer».
En su momento de mayor auge, Abdala llegó a contar con entre 200 y 300 afiliados distribuidos en 18 delegaciones dentro y fuera de Estados Unidos. Su acción más emblemática fue la del 13 de marzo de 1971, cuando 16 de sus miembros irrumpieron en el edificio de la ONU en Nueva York y se encadenaron en el Consejo de Seguridad para denunciar la situación de los presos políticos cubanos.
El historiador Michael J. Bustamante analizó la paradoja ideológica de Abdala en su estudio académico publicado en 2015, describiendo a la Agrupación como un caso de «anticomunismo antiimperialista» heterodoxo dentro del exilio histórico cubano.
En 2026, ese debate ha cobrado nueva urgencia. Más de un millón de cubanos emigraron a Estados Unidos entre 2021 y 2025, el exilio aparece fragmentado y la dependencia de fondos externos ha sido señalada como uno de los factores que dificultan una oposición cohesionada. Voces del exilio histórico como la de Marín defienden la soberanía nacional como principio irrenunciable frente a cualquier fórmula de protectorado o intervención externa.
La pregunta que da título al programa resume el nudo del debate. «Ya vamos a hacer la pregunta que da título a este programa, que es si podemos hacer un cambio en Cuba sin Estados Unidos. Si es viable, si podemos conseguirlo», planteó Tania Costa al inicio de la conversación, anticipando el eje central de una entrevista que conecta la historia del exilio con los dilemas del presente.
Archivado en:
