
Velas en el exterior, lámparas recargables dentro y actores empapados de sudor sobre el escenario: así representó el grupo Impulso Teatro la obra «Ensueño» en una mansión reconvertida de El Vedado, mientras los apagones en ese barrio habanero se acercaban a las 24 horas diarias.
Un reportaje de Reuters publicado el jueves retrató la resistencia de estos artistas ante el colapso eléctrico que sufre Cuba en 2026.
La función del viernes 2 de octubre se realizó sin electricidad, sin aire acondicionado y sin sistema de sonido en la Casona de Línea, sede del grupo desde 2015 en el barrio capitalino. Toda la carga dramática recayó exclusivamente en la actuación de los 14 integrantes del elenco.
Linda Soriano, directora de la compañía, reconoció que los cortes de luz habían hundido la moral del grupo. «Se volvió imposible que los actores llegaran a tiempo; estaban agotados y les costaba sobrellevar la situación», dijo. «Les dije que eran libres de marcharse». Sin embargo, el elenco decidió continuar.
El testimonio más contundente llegó de Carlos Pérez Peña, de 88 años, el actor de mayor edad de la compañía y ganador del Premio Nacional de Teatro de Cuba en 2009. Cofundador del Teatro Escambray y figura de referencia en la escena cubana, Pérez Peña resumió con pocas palabras el dilema de quienes se niegan a rendirse: «Lo que nos mantiene haciendo teatro es la determinación de que no muera... pero tiene un costo».
El veterano actor también señaló que muchos intérpretes y técnicos trabajan en varios empleos para llegar a fin de mes, en un país donde los precios se han disparado y el peso cubano se ha desplomado. «No sé si habría podido aguantar en su lugar a los 25 años», admitió.
Para quienes asistieron a la función, el espectáculo fue algo más que entretenimiento. La espectadora Amanda Feijó describió el show como «un pequeño destello de luz en medio de toda la oscuridad» y añadió que resultaba «alentador ver a un público que buscaba alimentar su espíritu pese a la verdaderamente lamentable situación que atraviesa el país».
El caso de Impulso Teatro no es aislado. La crisis eléctrica ha golpeado de lleno a la cultura cubana: el Teatro Karl Marx suspendió todos sus espectáculos en febrero de 2026, y el Grand Prix Internacional de Ballet de La Habana fue pospuesto hasta julio de 2027 por la imposibilidad de garantizar condiciones técnicas mínimas. El Ballet Nacional canceló funciones de Giselle en junio por la avería del sistema de climatización del Teatro Nacional.
Los músicos tampoco se han librado. Carlos Alfonso y Ele Valdés, del grupo Síntesis, calificaron los apagones de «tortura psicológica de masas». El actor Roberto Perdomo reveló que dejó de aceptar trabajos teatrales porque el costo del transporte consumía prácticamente todo su salario.
Este sábado, en el 158.º aniversario del Grito de Yara, la Unión Eléctrica pronosticó una afectación máxima de 1,680 MW en el pico de demanda, con circuitos en Holguín acumulando más de 25 horas sin servicio. La víspera, la afectación real había alcanzado los 1,886 MW.
El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, reconoció en mayo que circuitos de La Habana registraban cortes de entre 20 y 22 horas diarias, una cifra que en zonas como El Vedado ya se acerca al límite absoluto.
Mientras tanto, Impulso Teatro sigue encendiendo sus lámparas recargables cada viernes. «Lo que nos mantiene», insistió Pérez Peña, «es la determinación de que no muera».
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