
La Real Academia Sueca de Ciencias otorgó este lunes el Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel 2026 a los economistas estadounidenses Robert E. Hall y Michael Woodford, galardonados por sentar las bases microeconómicas de la estabilización macroeconómica.
Ambos investigadores recibirán en conjunto 12 millones de coronas suecas —aproximadamente 1,2 millones de dólares—, repartidos en partes iguales.
¿Quiénes son los galardonados?
Robert E. Hall, nacido en 1943 en Palo Alto, California, obtuvo su doctorado en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en 1967 y es profesor en la Universidad de Stanford, donde también es investigador asociado de la Hoover Institution.
Presidió la Asociación Económica Estadounidense en 2010 y dirigió durante décadas el programa del Buró Nacional de Investigación Económica sobre fluctuaciones económicas.
Michael Woodford, nacido en 1955 en Chicopee, Massachusetts, se doctoró igualmente en el MIT en 1983 y ocupa desde 2004 la cátedra John Bates Clark de Economía Política en la Universidad de Columbia, en Nueva York.
Su libro Interés y Precios: Fundamentos de una Teoría de la Política Monetaria (2003) acumula más de 14,000 citas académicas y se convirtió en referencia central para los bancos centrales del mundo.
Al conocer el galardón, Woodford reaccionó con mesura.
«Es una sorpresa, pero me siento muy bien al respecto», declaró durante la rueda de prensa del anuncio, según recogió la BBC.
Por qué importa su trabajo
La relevancia de sus investigaciones se entiende mejor recordando el contexto en que surgieron.
Las crisis del petróleo de la década de 1970 generaron estanflación —inflación elevada combinada con bajo crecimiento y desempleo—, un fenómeno que los modelos keynesianos clásicos no podían explicar ni corregir.
La Academia fue directa al describir ese fracaso: los enfoques de entonces «no redujeron el desempleo, sino que, por el contrario, provocaron una inflación descontrolada».
Hall y Woodford reconstruyeron el análisis macroeconómico desde sus cimientos microeconómicos: en lugar de relacionar variables agregadas mediante ecuaciones estadísticas, sus modelos parten de cómo los hogares deciden cuánto consumir y ahorrar, y de cómo las empresas fijan precios en mercados con competencia imperfecta.
Un elemento central de este enfoque es el papel de las expectativas.
«Cuando los gobiernos y los bancos centrales comunican sus planes de política económica, pueden influir en esta visión del futuro y orientar la economía en la dirección correcta», señaló la Academia al describir los méritos de los galardonados.
Esta herramienta resultó decisiva durante la crisis financiera de 2008 y la pandemia de COVID-19, cuando los tipos de interés llegaron a cero y la comunicación se convirtió en el principal instrumento de política monetaria.
El veredicto del jurado
John Hassler, presidente del Comité del Premio de Ciencias Económicas, subrayó la utilidad práctica de los modelos desarrollados: «El trabajo de los galardonados nos ha proporcionado una base teórica sólida para los modelos que ahora utilizan los bancos centrales y los gobiernos de todo el mundo».
«Gracias a ellos, estamos mejor preparados para afrontar las crisis económicas, como las crisis energéticas o los cambios repentinos en el consumo de los hogares», añadió Hassler.
El galardón, creado en 1968 por el banco central sueco, acumula 57 ediciones y 99 laureados.
Los estadounidenses representan aproximadamente el 70% de todos los galardonados desde su primera edición en 1969.
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La entrega formal del galardón tendrá lugar el 10 de diciembre de 2026 en Estocolmo, fecha que coincide con el aniversario de la muerte de Alfred Nobel en 1896.
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