El Gran Maestro de ajedrez cubano Lázaro Bruzón desató una oleada de carcajadas en redes sociales después de que un cibercombatiente del régimen lo atacara por escrito y, en el intento, escribiera «agedre» en lugar de «ajedrez».
La publicación de Bruzón en Facebook, este sábado, fue breve, irónica y letal: «El nivel de los cibercombatientes y la ortografía, cada día más graves... Que me escriban ajedrez de esa manera sí me ofende demasiado».
El comentario que encendió la mecha lo firmó un usuario identificado como Humberto Saborit, quien intentó atacar al ajedrecista con el siguiente mensaje —reproducido aquí con sus errores originales—: «Ya estas fuera del ranking de agedre y como nunca has trabajado y ahora tienes que hacerlo para pagar los viles lo mas facil son las redes». Sin tildes, sin comas y con «agedre» como pieza central de su ofensiva, el autoproclamado defensor de la revolución entregó a Bruzón la munición perfecta.
El propio Bruzón no tardó en colocar dentro del cajón de comentarios del post otro que subió la apuesta: «Sorry, pero este lo supera. Están para mandarlos directo a primer grado. Estos son los defensores de la 'revolu'», bromeó el Gran Maestro. El atacante había cometido errores de bulto como: «save» por «sabe», «aser» por «hacer», «talves» por «tal vez», casi que más pifias en cada palabra que el número de letras que la integran.
Los internautas se lanzaron sobre el chiste con entusiasmo. Uno resumió la situación con elegancia: «Los jugadores de agedre son muy viles (es, majomeno, lo que entendí)». Otro fue más directo: «No sabía que el 'agedre' servía para pagar los 'viles'. Vil ortografía». Un tercero ofreció una explicación alternativa con sarcasmo milimétrico: «No se burlen, ustedes no saben nada, es que el hombre lo escribió en inglés agedre, y se pronuncia eiyidri. Capichi o no capichi». Y alguien cerró el círculo con un diagnóstico clínico: «Ñoooo. Leer a este reduce el IQ por segundo. El Seboruco combatiente».
El episodio no es un accidente aislado: es el último capítulo de una escalada sostenida de Bruzón contra los cibercombatientes a lo largo de todo 2026. En junio ya los había desafiado con la frase «Los cubanos libres hablamos desde perfiles reales» y un simbólico «Jaque mate, acaben de rendirse». El 2 de octubre reafirmó su compromiso de denuncia pública y calificó de «miserable» a quien justifica encarcelar jóvenes por cantar canciones de protesta. Y apenas días antes de este nuevo episodio, publicó un video en Instagram con una advertencia que ya suena a lema: «No me voy a callar, no voy a dejar de hablar de Cuba».
Los llamados cibercombatientes —o «ciberclarias», como los apoda buena parte de la diáspora— son defensores digitales del oficialismo cubano vinculados al Partido Comunista, la Seguridad del Estado y organismos como los Comités de Defensa de la Revolución, que operan frecuentemente desde cuentas anónimas para atacar a opositores y amplificar la narrativa oficial. En 2024, los propios CDR promovieron una pegatina con el lema «Mi móvil es mi fusil», institucionalizando sin pudor la práctica.
El error ortográfico del combatiente digital adquiere, además, una dimensión más amarga si se considera el estado de la educación en Cuba. El curso escolar 2026-2027 arrancó con severos vacíos en su cobertura docente, según admitió la propia ministra de Educación, con un déficit acumulado de más de 20,000 plazas vacantes.
El curso anterior terminó anticipadamente en junio por apagones y falta de combustible. Y en septiembre, un cartel escolar con «biembenido» en lugar de «bienvenido» se hizo viral, ilustrando con una sola palabra la crisis de calidad educativa que atraviesa la isla. Que un defensor del régimen escriba «agedre» por «ajedrez», en ese contexto, no es solo materia de chiste: es un síntoma.
Bruzón, seis veces campeón nacional de Cuba y residente en Missouri desde julio de 2018, lleva ocho años recibiendo ataques desde perfiles anónimos sin que ninguno haya logrado silenciarlo. Como él mismo advirtió en septiembre al hablar de su provincia natal: «Mi querida provincia Las Tunas es vanguardia en chivatos y come-candelas».
Al menos en ortografía, la «vanguardia» de la isla también parece consolidada.
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