
Una investigación de la periodista Claudia Padrón Cueto publicada por CubaNet documentó este martes 11 casos de cubanos enviados por las autoridades rusas a Uzbekistán entre marzo y septiembre de 2026, sin que ninguno de ellos hubiera sido informado del destino ni recibido constancia escrita del procedimiento aplicado.
Todos los afectados entrevistados coincidieron en que esperaban ser repatriados a Cuba y solo comprendieron que habían sido trasladados a un tercer país al aterrizar en Taskent, la capital uzbeka. Según la investigación, «los 11 coincidían en un punto: no habían consentido ese destino ni se les había informado».
El caso más detallado es el de María Antonia Pérez Salazar, de 73 años, quien llegó al Aeropuerto Internacional Islam Karimov de Taskent el 1 de agosto sin dinero, sin teléfono y con sus pertenencias en una sola bolsa.
Las autoridades rusas la habían escoltado hasta el avión sin explicarle adónde la llevaban. Su hija Niosly permanecía detenida en Rusia y sus tres nietos quedaron bajo el cuidado de servicios sociales. Según recoge CubaNet, la mujer pensó por primera vez que podría morir allí «sin que nadie de su familia llegara siquiera a saberlo».
Durante varios días, María Antonia vagó por la terminal del aeropuerto, durmió en sillas de espera y se alimentó de la única comida diaria que le proporcionaban las autoridades migratorias uzbekas, sin estar formalmente bajo su custodia.
Al tercer día encontró a un joven cubano en situación similar, quien la llevó a un hostal de Taskent que se ha convertido en punto de reunión de cubanos enviados allí en circunstancias parecidas.
Yalina González Morales, de 29 años y natural de Mayabeque, vivió una experiencia casi idéntica: fue trasladada bajo custodia policial a un avión con destino a Uzbekistán sin poder revisar el boleto ni confirmar la ruta. Su esposo Ronniel continuaba detenido en Rusia al momento de la publicación.
CubaNet identificó otros testimonios similares a través de grupos de Telegram de cubanos en Uzbekistán: hombres y mujeres que no se conocían entre sí describieron el mismo recorrido: una redada en Rusia, meses bajo custodia migratoria y, finalmente, un avión hacia un país del que algunos nunca habían oído hablar.
La investigación señala que la ausencia de documentos escritos sobre el procedimiento impide determinar qué figura jurídica —deportación administrativa, expulsión forzosa u otra— aplicó Rusia en estos traslados.
La situación de los enviados a Uzbekistán es especialmente precaria porque, aunque ese país permite a los cubanos entrar sin visa por estancias de hasta 30 días, ingresan como turistas comunes, sin ningún estatus de protección ni asistencia institucional.
Un vuelo de regreso a Cuba desde Taskent, sin ruta directa, podía superar las 18 horas y costar entre 1,310 y 1,703 dólares en agosto pasado, una suma inaccesible para quienes llegaron sin recursos.
El endurecimiento migratorio ruso agrava el panorama: en julio de 2026, la Duma aprobó nuevas reglas que obligan a los extranjeros que pierdan su empleo o no alcancen el ingreso mínimo a abandonar el país en 15 días, y la suspensión de vuelos directos entre Rusia y Cuba desde febrero de 2026 complicó aún más las repatriaciones directas.
Según CubaNet, ni especialistas en migración ni organizaciones de derechos humanos consultados tenían conocimiento previo de estas expulsiones de cubanos desde Rusia hacia terceros países, lo que subraya la opacidad con que se habrían llevado a cabo los traslados.
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