
La administración de Donald Trump no ha emitido condena pública alguna por los bombardeos rusos contra instalaciones de corporaciones estadounidenses en Ucrania, mientras simultáneamente presiona a Kiev para que deje de atacar refinerías rusas, según una investigación de CNN publicada este miércoles.
Andy Hunder, presidente de la Cámara de Comercio Estadounidense en Ucrania, confirmó que drones y misiles rusos han dañado instalaciones de marcas icónicas como Coca-Cola, PepsiCo, McDonald's y Oreo en los últimos meses, en una escalada sin precedentes.
«Se trata de un ataque directo con drones y misiles, y siguen haciéndolo. Esto envía el mensaje de que están atacando a las empresas estadounidenses. No estamos viendo ninguna respuesta de la Casa Blanca», declaró Hunder.
Los ataques se han sucedido con una cadencia alarmante. A comienzos de septiembre, un dron ruso impactó la planta de Coca-Cola en Brovary, en las afueras de Kyiv. El presidente ucraniano Volodimir Zelenski calificó el golpe de «señal clara» dirigida a Washington: «Es imposible que los rusos ignoren que se trata de una iniciativa estadounidense».
Semanas después, otro dron destruyó un almacén logístico de McDonald's en la región de Kyiv. La empresa confirmó el ataque y anunció que sus restaurantes operan con menú reducido. A finales de agosto, PepsiCo había reconocido daños en una planta de producción en la región de Mykolaiv, aunque sin víctimas mortales.
La misión ucraniana ante la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) reportó el 7 de octubre que, desde comienzos de 2026, más de diez instalaciones de empresas estadounidenses —entre ellas Bunge, Coca-Cola, Mondelez y PepsiCo— habían sido alcanzadas por ataques rusos.
El contraste con la postura de Trump resulta llamativo. Mientras la Casa Blanca guarda silencio ante estos bombardeos, ha amenazado con cortar el suministro de inteligencia y municiones a Ucrania si Kiev no detiene sus ataques contra refinerías rusas, argumentando que esas acciones elevan los precios del combustible en Estados Unidos.
El viernes pasado, Trump anunció además un acuerdo para levantar sanciones y comprar diésel a Rusia, desafiando la legislación estadounidense vigente. Y el sábado proclamó un «alto el fuego energético» inmediato entre ambos países, iniciativa que Moscú no confirmó formalmente y que no frenó los bombardeos: Zelenski denunció que Rusia atacó seis instalaciones energéticas ucranianas ese mismo día.
Los esfuerzos diplomáticos de Trump tampoco han conseguido que Moscú desista de su invasión. Sus emisarios Steve Witkoff y Jared Kushner viajaron a Moscú a comienzos de septiembre con un marco de paz de 19 puntos y luego a Kiev, y Trump habló por teléfono con Vladimir Putin el 8 de septiembre pidiéndole poner fin pronto a la guerra.
Se acordó una pausa de 72 horas en ataques aéreos, pero los bombardeos se reanudaron sin resultados concretos.
Un exalto funcionario del Departamento de Estado explicó a CNN la parálisis institucional: «Hay muchísima gente en los círculos oficiales de Washington que piensa que los únicos que pueden hablar de Ucrania son Steve Witkoff y Jared Kushner, y que si no es uno de ellos dos, entonces debemos mantenernos al margen».
La Cámara de Comercio Estadounidense en Ucrania envió una solicitud de reunión a Witkoff y Kushner para informarles sobre los ataques a empresas estadounidenses, pero no obtuvo respuesta.
«No hemos recibido ninguna respuesta al respecto», afirmó Hunder, quien también advirtió: «Cualquier empresa, cualquier negocio, quiere tener algún tipo de protección. Uno esperaría que su Gobierno la apoyara y luchara a su lado, especialmente si se trata de unas fuerzas extranjeras que atacan a las empresas estadounidenses».
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