
El régimen cubano reconoció que ha mantenido contactos con la Administración de Donald Trump, pero aseguró que esos intercambios no han producido avances hacia un diálogo formal entre Washington y La Habana, aunque insiste en que está dispuesto a conversar sin condiciones previas y dejando claro que no aceptará cuestionamientos a su sistema político.
La confirmación llegó este viernes a través de Tanieris Diéguez, segunda jefa de misión de la Embajada de Cuba en Estados Unidos, quien declaró en una entrevista concedida a la agencia española EFE desde Washington que han existido varios intercambios con representantes estadounidenses, aunque sin resultados que La Habana considere satisfactorios.
«Hemos tenido un grupo de contactos, pero realmente no vemos un progreso hacia un diálogo serio, que es lo que está en nuestra voluntad realizar», afirmó la diplomática.
Sus declaraciones confirman que los canales de comunicación entre ambos gobiernos continúan abiertos, pese al endurecimiento de la política estadounidense hacia Cuba y a las constantes confrontaciones públicas entre sus dirigentes.
Sin embargo, Diéguez marcó un límite a cualquier eventual negociación: el régimen no está dispuesto a discutir su estructura política ni a aceptar exigencias que interprete como una amenaza a su permanencia en el poder.
«No ponemos precondiciones ni tampoco queremos que nos pongan precondiciones», sostuvo la funcionaria, quien añadió que La Habana está dispuesta a abordar cualquier asunto siempre que se respete su soberanía y no se cuestione su «orden constitucional».
La posición revela una contradicción central en el discurso oficial cubano: mientras el régimen reclama conversaciones sin condiciones previas, establece como límite la posibilidad de discutir el modelo político vigente, caracterizado por el monopolio del poder del Partido Comunista y la ausencia de elecciones multipartidistas competitivas.
La Constitución cubana de 2019 reconoce al Partido Comunista como la fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado.
Por tanto, la defensa del llamado «orden constitucional» implica, en la práctica, preservar uno de los pilares fundamentales del sistema de partido único.
La diplomática tampoco ofreció detalles sobre las fechas de los contactos, los funcionarios participantes, los asuntos abordados ni la existencia de propuestas concretas. Sus palabras permiten confirmar que ha habido intercambios, pero no establecer que exista una negociación formal o un acuerdo en preparación.
Las declaraciones se producen después de que el propio presidente estadounidense reconociera públicamente la existencia de conversaciones.
El pasado 22 de septiembre, durante su intervención ante la Asamblea General de Naciones Unidas, Donald Trump aseguró que el secretario de Estado, Marco Rubio, estaba profundamente involucrado en las negociaciones con Cuba.
La diferencia entre ambas posiciones resulta significativa: mientras Washington ha hablado de negociaciones, la representante cubana prefiere referirse a «contactos» y sostiene que todavía no existe un diálogo serio.
La entrevista también abordó el deterioro de las condiciones económicas y sanitarias en Cuba, una crisis que la diplomática atribuyó fundamentalmente a las restricciones estadounidenses sobre el suministro de petróleo.
Diéguez calificó esas medidas como un «castigo colectivo» y aseguró que la escasez de combustible y los apagones afectan directamente a los hospitales y a la realización de procedimientos médicos.
Para ilustrar la situación, ofreció cifras particularmente graves: 96,500 personas esperan una operación quirúrgica y 32,000 embarazadas tienen pendiente una ecografía.
También afirmó que la mortalidad infantil ha llegado a nueve fallecimientos por cada 1,000 nacidos vivos.
La crisis sanitaria cubana no se limita a las dificultades energéticas. Los hospitales enfrentan desde hace años escasez de medicamentos, materiales médicos, equipos, personal especializado e inversiones de mantenimiento, mientras el Gobierno ha destinado importantes recursos a proyectos turísticos en medio del deterioro de servicios básicos.
Pese a las cifras expuestas, Diéguez defendió la gestión económica del régimen y rechazó las críticas de Washington sobre la administración de los recursos nacionales.
«No es ineptitud», afirmó al justificar la capacidad del Gobierno para sostener determinados servicios con recursos limitados.
Su explicación atribuyó el agravamiento de la crisis a las presiones externas, sin reconocer responsabilidades concretas de la política económica interna.
Otro asunto abordado fue la posibilidad de una intervención militar estadounidense. Preguntada por ese escenario, la diplomática respondió que el Gobierno cubano toma en serio las declaraciones de las autoridades de Estados Unidos, al que describió como la principal potencia militar, nuclear y económica del mundo.
La representante insistió en que La Habana defenderá su soberanía e independencia, argumentos que el régimen ha utilizado históricamente para rechazar exigencias internacionales de reformas políticas y mayores libertades.
Las declaraciones llegan, además, en medio de la ofensiva diplomática cubana previa a la votación anual de Naciones Unidas sobre el embargo estadounidense.
El jueves, Miguel Díaz-Canel arremetió contra Estados Unidos y afirmó que Washington estaba «solo y aislado» por sus gestiones ante otros gobiernos para modificar el sentido de sus votos en la Asamblea General.
El gobernante acusó a la Administración Trump de presionar a países soberanos, mientras el canciller Bruno Rodríguez Parrilla dirigió críticas similares contra Marco Rubio.
Diéguez expresó su confianza en que La Habana volverá a obtener respaldo internacional y aseguró que Cuba no se siente sola, pese al deterioro de las relaciones con Washington.
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