Memoria del Exilio: Amada primera Navidad en Louisiana

Estados Unidos,

Publicado el Miércoles, 2 Enero, 2019 - 21:23 (GMT-5)

¡Ojalá y se vuelva una costumbre!

Escapar de la rutina diaria, del quehacer cotidiano, del tráfico insoportable y del mundanal ruido establecido. *

* Incluso, hasta de las - cada vez más - deprimentes noticias que vienen de Cuba, o del asqueroso rumbo que está tomando la política, en casi todo el universo.

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Y como aún no puedo aún subirme a un avión - por la fastidiosa demora en no acabar de obtener la, ya maldita, residencia norteamericana, que es casi como una carta de libertad, sumado a las vicisitudes a los que condena el tratar de subsistir con todos mis papeles vencidos - decidimos, de todas maneras, coger carretera - sin el pelo suelto, por mi alabada calvicie, de más de cuarenta años, en lo que fuera una profusa cabellera, pero con la misma vocación libertaria y emancipadora - para tomarnos un, más que placentero, relajado asueto, rascándonos los huevos en otros lugares, hasta ahora, no visitados, de los vastos territorios que colman los Estados Unidos.

Fue un extenso recorrido de doce horas - más tres, durmiendo en el carro, en una parada, a suerte de escala - hacia lo más parecido, o cercano, a la, efímera y volátil felicidad.

Ascendimos todo el pingajo - que se me antoja es la Florida, en el mapa, para este país - como partiendo, en reverso, por el mismísimo medio de toda su uretra - hasta alcanzar las partes bajas de los estados de Alabama y Mississippi - este último, nos dio la bienvenida con un cartel, en el baño público de una gasolinera, del que creí leer, en su lugar: “Me hice pipí” por la urgencia que llevaba en orinar - para llegar hasta lo que viene siendo la zona de los testículos, que es la enigmática, hechicera y majestuosa Louisiana.

El territorio en el que pasó gran parte de su infancia y adolescencia, mi amigo americano.

Y en el que vive casi toda su familia.

Con quienes fui invitado a solazar, celebrar y disfrutar las Pascuas. *

* Que conocí, vagamente, siendo niño y me fueron incautadas, durante muchos años, en Cuba, por un gobierno, dizque “revolucionario” que cataloga a ese tierno acto milenario de unión familiar, como un rezago del pasado, comercio, fruto del “opio de los pueblos” y/o una doctrina imperialista. ¡Qué manera de comer mierda tienen los comunistas!

Nos recibió - en una cabaña color crema*, construida en pilotes, sobre el lago Pontchartrain en el Parque Estatal Fontaineblue - uno de los más encantadores y primorosos atardeceres que he visto en toda la vida.

* Lógico es que sea el favorito en consonancia con mi apellido.        

La marea se había retirado, dejando sobre la arena diseños inconcebibles, semejante a una enorme red tejida puntillosamente, conteniendo restos de algas, palos hiper erosionados por la humedad y recámaras viejas, prácticamente lisas.

Por doquier salmodiaban grillos y ranas, entre robustos árboles, casi todos recubiertos con musgo español, unos colgajos, a modo de largas barbas de viejo-djin-Jottabich, que penden de cada rama y los engalana, solemnes, dotándolos de una vistosidad, particularmente, tenebrosa.

Una garza nacarada ejecutó ante nuestros atónitos ojos, la coreografía más sublime - con la única melodía de las olas y el viento - diseñandoarabesques, attitudes y perfectos-prolongados, balances que harían rabiar de envidia a la bailarina más acrobática, cirquera o exigente; confundiendo sus pasos de andar elegante, con la arena, color perla, que adquiría, segundo a segundo, tonalidades diferentes, diseñadas por la tornasolada puesta del sol, que, en esta etapa del año, se produce, por estos lares, igual de apacible, pero, a una hora más temprana.

Un espectáculo alucinante, e irrepetible, enteramente gratuito, cortesía de la madre naturaleza.

Paisajes más parecidos a los retoños bastardos de un tardío otoño, que a los virginales vástagos del temprano invierno que, en realidad, vivimos.

Se hizo necesaria una siesta reparadora para el exorbitante cansancio acumulado.

Lo cual fue como ir a adormecerse al interior de un sueño.

Ya de noche, frente a nosotros, a lo lejos, en ese inmenso lago que parece un océano, genera marejadas reposadas y ostenta salida al mar, refulgió la mítica ciudad de New Orleans.

Y en el ancho puente que le une con la ciudad de Mandeville - situado frente a donde estábamos parando - que es el segundo más largo del mundo construido sobre el agua*, las lucecitas de los autos, pasando de un lado a otro, parecían como luciérnagas organizadas en procesión, haciendo una cadena laboriosa, o una espectacular decoración navideña colgante, quién sabe cómo, del cielo.

* Los chinos, menos sus pitos, todo lo construyen más grande.

Salimos a conocer al clan Higgins, transitando por senderos entre los diferentes bayous, que es como se les llama a los muchos afluentes, meandros, o arroyos que caracterizan a los paisajes por estos lados, manejando con extremo cuidado, pues, a ratos, se nos cruzaban venados asustadizos, con ojos como reflectores, ardillas traviesas y hasta pequeños jabalíes, o cerdos salvajes.

Ya nos habían advertido, además, por un cartel a la entrada del lugar - y en la propia habitación - de la posible presencia de cocodrilos en la zona.

¡Pá su escopeta!

De todas maneras, no representaba peligro real, alguno. Pero debíamos estar alertas.

Así que, miedo a un lado, entre intrincados vericuetos sinuosos y carreteras apagadas, aunque seguras, llegamos, finalmente, a la casa donde se presentaron todos los miembros de una familia con nombres, tan pintorescos, e inauditos - al menos, para mí - como esos paisajes sureños: Britta, Shelby, Siohban, Kyle, Brandon, Benson, Reagan, o el propio, acariciante nombre de mi amigo: Lavelle. *

* Se pronuncia: Label, estirando la ele final.

Fueron como agradables campanadas de fraternidad y respeto derramados. 

Se comió ostiones, con mantequilla, ajo y queso derretido, todo a las brasas de un barbecue. Por supuesto, también hubo pavo, crema de espinacas y macarrones con queso, picadera surtida de chucherías. Y para rematar, sendas tartas de mouse de chocolate con crema*, más otra igual, pero, con dulces fresas bien frescas. Es decir: ¡la gloria en bicicleta!

* Todo lo que es crema me subyuga.

Cerró la noche con una emocionante entrega de regalos. Luego de casi más de cuarenta años, y sorpresivamente, recibí una mesa portable para escribir, en la computadora, sentado, o acostado, en la cama. *

* Menos comer, bañarme y hacer mis naturales necesidades, casi todo, lo hago sobre un lecho.

¡Qué maravilla!

¡Mejor obsequio, imposible!

Esa noche, dormimos como angelitos.

A la mañana siguiente, se acercó a saludarnos un pelícano. Que es el animal típico y el símbolo de estos lares. Así consta por todos lados. Tal y como la afrancesada y sureña flor de lis. Que es el emblema del estado, su símbolo oficial.

En ese sitio experimenté, por primera vez en toda mi existencia, lo que llaman la calma chicha, una especie de tranquilidad suprema. *

* Ahí les dejo un videíto, bien cheo, al estilo “Mis quince en De la gran escena”   

Para colmo de alegrías, sorpresivamente, el mismo día veinticinco, temprano, mientras desayunábamos con mi nueva parentela, recaló la noticia, en mi teléfono, de que a mi hermano menor le habían nacido una parejita de jimaguas, que serán nombrados Natalia María y José Alberto.

Y que me convierten, por partida doble - y por cuarta vez - en TÍO.

Familia que se me ofrece, por un lado.

Y doble raíz que me crece, por otro.

Salimos, después de brunch. *, hacia New Orleans.

* Almuerzo, o desayuno suculento. El mejor de los inventos para los que gustan de dormir bastante la mañana.

Pero eso merece una crónica aparte.

Próximamente.

Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.


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Juan Carlos Cremata Malberti

Director de cine y guionista cubano. Se graduó en 1986 de Teatrología y Dramaturgia, en el Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana, posteriormente cursó estudios en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños graduándose en 1990.

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