Cintio Vitier y Fina García-Marruz Foto © Archivo de Dashel Hdez/ Cortesía del autor

A 97 años del nacimiento de Cintio Vitier

Este artículo es de hace 2 años

A 97 años del nacimiento de Cintio Vitier, su obra, esencialmente la ensayística, es un espacio para la polémica y el cuestionamiento. Fue precisamente en el 97 aniversario del natalicio de Lezama Lima, otro miembro del llamado “Grupo Orígenes”, cuando dialogué por primera y única vez con Vitier y con su esposa Fina García-Marruz, en la casa de Trocadero 162, donde vivió Lezama hasta su muerte.

Fue precisamente en el 97 aniversario del natalicio de Lezama Lima, otro miembro del llamado “Grupo Orígenes”, cuando dialogué por primera y única vez con Vitier y con su esposa Fina García-Marruz, en la casa de Trocadero 162, donde vivió Lezama hasta su muerte

Por esos días de 2007, Cintio había sido operado de la vista. Se había presentado su obra poética en el Palacio del Segundo Cabo. Fui a la presentación de su poesía con la esperanza de verlo allí, pues no todos los días se presenta la obra poética reunida de un autor. Pero la edición de su lírica fue lanzada sin que él estuviera presente.

Estaba, entonces, seguro de que Cintio y Fina no asistirían a la inauguración de la exposición Eróntika de Dashel Hernández, que tendría lugar unos pocos días después en la Casa-Museo de Lezama. Si Cintio no había podido ir a la presentación de su poesía, por supuesto que no iba a estar en la inauguración de una muestra pictórica que, por demás, podía ir a ver cualquier otro día durante el período de exposición.

Pero me equivoqué. El 19 de diciembre de 2007 Cintio y Fina estaban allí sentados, en silencio, a la espera del inicio de la exposición. Por suerte, yo había escrito a mano lo que iba a leer en la inauguración de la muestra de Dashel Hernández, de ahí que pude evitar quedarme en blanco al ver que, incluso con la vista muy enrojecida después de la operación, Cintio se había aparecido, una vez más, en la casa de Trocadero.

Que Vitier estuviera presente en la exposición en la casa de Lezama y no en la presentación oficial de su poesía fue, para mí, un símbolo de lo que, para el Grupo Orígenes, significó la amistad y también la figura de Lezama Lima. La muestra de Dashel se había preparado, especialmente, para celebrar el 97 aniversiario del nacimiento del autor de Paradiso, y esa fue, posiblemente, la razón que movió a Cintio y a Fina a desplazarse, a pesar de los problemas de salud, hasta la Habana Vieja.

No se comportaron, en ningún momento, como las grandes figuras intelectuales que sin duda son. Al contrario, escuchaban atentos, preferían el silencio y la contemplación, había en aquel mutismo, en sus miradas, un diálogo con la memoria, con sus recuerdos en aquella casa que debieron visitar tantas veces. Esa inclinación altruista, la insistencia de Cintio de que publicase el texto con ellos en La Isla Infinita, la acotación de Fina de que podía publicarlo en cualquier otro suplemento, pero que, por favor, les dejara reproducirlo en la revista que Cintio dirigía: todo ello dejó en mí una de las lecciones más hermosas de humildad y generosidad que hasta hoy he conocido. Esto, en el entorno cultural cubano, tan viciado y lleno de falsas e infladas figuras, es toda una rareza.

En cuanto a su obra, Cintio Vitier acomete una labor, a mi modo de ver consciente pero con resultados bien polémicos, que diferencia los propósitos de su poesía y su ensayística. Sin ser absolutos, Cintio, en general, accede a lo poético para preguntar, para hurgar en lo oculto sin pretender encontrar una respuesta definitiva, consciente de que el misterio de la poesía reside en el cuestionamiento infinito.

El propio autor, en su libro Poética de 1961, afirma que “esa lejanía es el ‘dónde’, el ‘qué’ es, de la extrañeza; y en medio de ella, como una neblina inasible, queda flotando el lenguaje”, y en su poema “Noche intacta”, agrega: “me pregunto, y ferozmente interrogante es la respuesta de mi forma, qué significan para ti esos hijos de la música del Pobre, y qué preguntas y qué bebes en Sus Ojos!”

Pero en la ensayística Vitier pretende, no poetizar, aunque su prosa no carezca de lirismo, no preguntar, aunque no falten preguntas en sus análisis, sino más bien responder o, si se quiere, buscar respuestas. Cintio, en libros como Lo cubano en la poesía y Ese sol del mundo moral busca posibles verdades, ensaya, especula, en medio de un discurso cuya principal característica a veces es la frase proverbial, aparentemente definitoria.

Completamente distinto a esa voz que se pregunta en los poemas, “y ferozmente interrogante es la respuesta”, es a veces el tono de Vitier en tanto ensayista, que suena, en ocasiones, categórico, concluyente y rotundo, que arriesga mucho en sus conclusiones, como cuando, por ejemplo, en busca de una idea de “lo cubano”, desestima “La isla en peso” de Virgilio Piñera y llega a decir que su “testimonio de la isla está falseado”, o cuando, al referirse a Gertrudis Gómez de Avellaneda, asegura que la autora no fue “cubana de adentro”. Apuesta en estas aseveraciones mucho el Vitier ensayista, tanto que el tiempo, al menos en estos dos casos, no le ha dado en absoluto la razón. Abel Prieto, en su prólogo a Lo cubano en la poesía, insta a ver en ese libro una voz que poetiza. Considero que, aun teniendo en cuenta su tono a veces poético, es bueno recordar que, aunque tenga de poesía, no lo es. Sus fines y tono, como se ha visto, son otros.

Paradójicamente, a partir de su búsqueda de la libertad en lo poético, que es, según Enrique Saínz, “libertad de la angustia y el imposible, el sinsentido y la aridez, la extrañeza y la desazón, la soledad y la conciencia de su condición de desterrado, la batalla entre la oscuridad y la luz”, Vitier se acerca y se parece, más de lo que pudiera imaginar quizá, a lo que niega en Avellaneda y Virgilio.

Es oportuno hasta hoy el diálogo con Vitier escritor, porque pregunta, arriesga, apuesta, se expone, ausculta

Pero por ello mismo también es oportuno hasta hoy el diálogo con Vitier escritor, porque pregunta, arriesga, apuesta, se expone, ausculta y, aunque reconozco que me llama la atención más el Vitier poeta que se adentra en el misterio con menos prejuicios, veo también la pertinencia de su parte más cuestionable y polémica. Sin olvidar, incluso, su postura política a veces reprochable, me gusta pensar en Vitier como ese hombre que escucha, calla, busca, pide al encontrarse en el otro o en sí mismo, en medio de “la noche como un vino de expectación”, que “no separes mi silencio de mi nombre”.

Este artículo es de hace 2 años

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