Artistas cubanos contra el Decreto 349 Foto © Facebook Luis Manuel Otero Alcántara

El Decreto sin respeto: Palabras a los (nuevos) intelectuales cubanos

Este artículo es de hace 2 años

Se bajaron con un decreto numerado y la respuesta fue unánime y vertebrada: bajanda. Ellos, los burócratas de oficinas refrigeradas y cortinillas estampadas, reguladores de la creatividad revolucionaria, pensaron que ese número 349 que le ponían a un grillete mata-artes bastaría para que lo acataran, lo cumplieran, lo adoraran.

Olvidaron un detalle de cuidado: no estamos en 1961. Al timón del carro nacional no está un tal Fidel Castro. Las palabras a los intelectuales en 2018 no asustan a nadie, las amenazas se responden con bofetones y protestas. Bajanda, queridos míos, como dijera el poeta de los ritmos.

Más de treinta artistas y curadores acaban de enviar una carta al Ministro de (sic) Cultura, Alpidio Alonso. Convengamos en que alguien que ostenta Alpidio por nombre propio ya nació con algo esquivo, irregular. Pero la misiva era directa: atrévanse a dialogar públicamente con nosotros sin exclusiones.

“Otorgarle autoridad a una persona para vetar bajo su subjetividad los hechos artísticos, significa reestablecer la figura del censor”. Así dice la carta desafiante, que no se guarda términos, no disimula la confrontación. Y de paso, este texto y las manifestaciones públicas de desacato, malestar, desobediencia, ponen sobre el buró oficialista una realidad con la que, quizás, no contaban: los artistas cubanos hace demasiado tiempo no son propiedad de la Revolución.

Los artistas cubanos hace demasiado tiempo no son propiedad de la Revolución

En una Cuba huérfana de periodismo los años ´90 coronaron al arte nacional como cronista de un tiempo miserable y agónico. Los cineastas, los músicos, los pintores cubanos deberán ganar algún día el Premio Nacional de Periodismo. Por honor.

Mientras la prensa hablaba de cosechas de papa, un gnomo con sombrero cantaba Leñador sin Bosque. Mientras la radio transmitía los discursos del 26 de Julio, Diego le decía a David que en este país a quien no pensaba como ellos lo querían desaparecer. Era otra cosa. Iban a otro aire. Tenían, tuvieron tanto impulso libertario, con o sin saberlo, conscientes o no del compromiso político que iban cargando a cuestas, que nunca más obedecieron como rebaño.

Gracias al Decreto 349 lo están confirmando.

Porque esta vez el cerrojo dictatorial ni siquiera se cortó. No hubo disimulos. Lo que pretenden implementar como ley reguladora de arte es una ley mordaza depravada, impúdica, que representa como pocas el espíritu carcelario de un sistema que ve la libertad como mala palabra.

Lo que pretenden implementar como ley reguladora de arte es una ley mordaza depravada, impúdica, que representa como pocas el espíritu carcelario de un sistema que ve la libertad como mala palabra

Veamos: el Capítulo II, artículo 2.1, inciso e) de este adefesio, establece que: “el que preste servicios artísticos sin estar autorizado para ejercer labores artísticas en un cargo u ocupación artística” será castigado.

Entendámonos: el gobierno cubano determina quién es artista y quién no. Basquiat habría tenido que solicitar autorización para pintorretear algo en La Habana, o habría sido castigado. Es para morirse de risa. O de espanto.

Para colmo, el Decreto 349 expulsa al arte espontáneo de las áreas públicas. Prohíbe los performances, las actuaciones, la creatividad en estado puro, allí donde el censor considere que es un “espacio público no estatal”. Para todo ello debe pedirse permiso. País de hago constar, de autorizos.

Pienso en esto ahora que he revisado, por casualidad, imágenes de la última vez que deambulé Nueva York, tropezando en cada esquina con una estatua viviente, con una orquesta de cubos de latón, una coreografía psicodélica, o con esos músicos del subway que a fuerza de saxofón o violín te hacen del viaje una experiencia extraterrenal.

Bueno, a todos ellos, el gobierno cubano les habría hecho sacar papelito de artista. Por eso La Habana no es Nueva York.

Desde los cuarteles generales de la represión se expulsa ahora mismo un humo de intenciones inequívocas: controlar al arte es controlar a la disidencia. Así de simple. (Alguna vez me dijo Reinaldo Escobar que un país con alma cultural saludable no podría ser verdaderamente sometido. Algo de razón llevaba). Desde los cuarteles generales del arte cubano, espontáneo, no UNEAC, no AHS, el arte al que la institucionalización le da urticaria, el arte de gargantas y sangre y semen y fuerza incontrolable, llega otro mensaje como un escupitajo de irrespeto: bajanda.

Ustedes ya no nos mandan más.

Este artículo es de hace 2 años

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Ernesto Morales

Periodista de CiberCuba

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