Tienda Fin de Siglo, en La Habana. Foto © CiberCuba.

"En Cuba no deberían sancionar al que acapara sino a los directivos por no permitirnos vivir"

Este artículo es de hace 2 años

El hecho de comprar hoy en Cuba encierra un enorme factor sorpresa. Usted puede llegar a cualquier establecimiento comercial, ya sea de moneda nacional o divisa, y encontrar dos tristísimas noticias: el producto que fue a buscar no está o, si está, probablemente se venda de manera normada; es decir, que no le permiten llevarse la cantidad que quiera.

Así le pasó hace unos días a Maité, de 30 años, cuando fue a comprar una caja de cerveza en uno de los kioscos ubicados en las afueras del Aeropuerto Internacional José Martí. “Lo sentimos, pero solo podemos vender hasta diez cervezas por persona", le dijo la dependiente apenada, y Maité -todavía más apenada- hizo que su papá y su esposo se bajaran del carro para, entre los tres, poder llevarse la cantidad de botellas que deseaba.

Aunque todavía se desconocen los productos cuya venta ha prometido limitar el Ministerio de Comercio Interior "para enfrentar “la escasez", “en la mayoría de los lugares se norma la cantidad de mercancía que un cliente puede llevar o no, según le parezca al administrador. "Se han estado haciendo reuniones a diferentes niveles, pero los que nos dirigen no acaban de poner en papel la medida y nosotros seguimos siendo los malos porque somos los que ponemos la cara", explica Tamara, de 41 años.

De acuerdo con esta cajera de una de las perfumerías regidas por la corporación estatal CIMEX, “lo que está sucediendo en la práctica es que la venta de algún producto se norma cuando hay problemas porque un cliente protestó cuando otro se llevó más mercancía de la cuenta'. "Así y todo limitamos la venta porque no nos queda otro remedio. Si no lo hacemos perdemos hasta el puesto de trabajo. A nosotros nos conviene vender todo lo que se pueda. La solución a la escasez no está en acabar con el acaparamiento, sino en abastecer más y mejor las tiendas”".

Irónicamente las regulaciones cubanas de protección al consumidor, que fueron reformadas a inicios de 2018, establecen que los consumidores deben "satisfacer sus necesidades con un adecuado y oportuno abastecimiento de bienes y servicios de primera necesidad" y tienen derecho a "recibir productos y servicios que cumplan con los requisitos de calidad, insumos del servicio y de seguridad establecidos" y ser protegidos "contra la publicidad comercial falsa o engañosa y práctica desleal de los proveedores".

Julio, economista, defiende que “para nadie es un secreto que intentar normar lo que uno puede comprar o no con su dinero es peligroso porque puede convertir un problema económico en un caos político. "Esas medidas restrictivas funcionan cuando se emplean por corto tiempo. El acaparamiento nace de las carencias económicas y esas a Cuba le sobran. Es un fenómeno que viene desarrollándose desde los años 90 y que se nutre de la falta de los productos de mayor demanda".

"“Se trata de que existe inestabilidad de todo tipo de productos. El país debiera invertir en productos de primera necesidad y permitir a empresas y particulares importar cualquier otro producto con carácter comercial, bajando los aranceles aduanales y controlando que los precios no sean muy altos", destaca.

Abelardo Mena se pregunta en el sitio web de la Mesa Redonda: "¿Por qué se culpa al acaparador y no a la escasa oferta? ¿Por qué no se aplica la inversión extranjera en el comercio interior, y ante la incapacidad de las cadenas cubanas para garantizar estabilidad, se acaba de permitir la entrada de cadenas foráneas? ¿Se ha analizado si las cadenas cubanas disponen de autofinanciamiento?"

Si bien el Código Penal cubano define que las sanciones por acaparamiento pueden ir desde una multa hasta un año de prisión hay quienes, como Lázaro, de 39 años,  persisten en "“vivir y morir" en el portal de una de las mayores tiendas de Centro Habana. De acuerdo con este “negociante, “"a los tenderos les conviene cualquier dinerito porque sus salarios son malísimos. A través del celular nos avisan cuando va a entrar alguna mercancía buena: detergente, toallitas húmedas, culeros desechables, papel sanitario o el refresco de Cola y la cerveza Cristal, que es lo que más persiguen los cuentapropistas. Así nosotros venimos a llevarnos todo lo que podamos en los horarios en que la mayoría de la gente está trabajando y ellos hacen la ‘vista gorda cuando compramos".

"Hay muchos policías, inspectores y jefes que se 'empapan' de lo que nosotros le damos al dependiente o al cajero. Nosotros tenemos una red grande creada para mover rápido la mercancía. Pero si al tendero no le conviene la cantidad de dinero que le ofrecemos o simplemente le caemos mal, hay que hacer varias compras: ir comprando de poquito en poquito las cosas hasta completar la cantidad que queremos. Cuando eso pasa terminamos haciendo una misma cola seis o siete veces. Revender es un negocio ‘bárbaro', pero te obliga a estar ‘en la caliente 24 horas al día. Sabemos que si nos cogen ‘nos parten las patas, pero así resolvemos fácil la vida", confiesa.

En palabras de Yasmany, “normalmente los revendedores actúan en lugares medio olvidados, desabastecidos. Hay una muy mala distribución y por eso existen lugares saturados de unos productos y otros donde no los ves ni en pintura. Los revendedores casi siempre compran teniendo licencia para trabajar por cuenta propia y en los lugares más públicos, pero no creo que, incluso siendo unos descarados, tengan la culpa del desabastecimiento. Si el Estado quisiera en las tiendas hubiera de todo, todo el tiempo, y los revendedores se quedarían sin trabajo".

"Por otro lado están los cuentapropistas, que siguen sin contar con un mercado mayorista para la compra de productos que demandan sus emprendimientos para “mantenerse a flote. “Eso ha hecho que vivamos en una carrera de sálvese quien pueda. Tener un mercado de ese tipo es tan fácil como tomar la decisión de abrir alguno de los almacenes estatales para que nos abastezcamos".

“"¿Cómo puede uno trabajar por cuenta propia en Cuba si no acapara? Si yo supiera que en la tienda no van a faltar productos tan elementales como el refresco, la cerveza o el queso cada vez que yo los necesite, no tendría que comprarlos en grandes cantidades cuando aparecen. ¿Quién entiende que a los privados no se nos permita la importación de recursos para desarrollar nuestra actividad? No nos dejan traer lo que necesitamos ni nos lo facilitan aquí. No deberían sancionar al que acapara sino a los directivos por no permitirnos vivir", asegura Alfredo, propietario de un restaurante de comida italiana en Playa.

Este artículo es de hace 2 años

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