El Ministerio del Comercio Interior (MINCIN) anunció este jueves la “buena noticia” que, ante la disponibilidad de frijol de producción nacional, se ha decidido reanudar su venta de manera controlada en el país.
En el caso de La Habana, el producto se comercializará a razón de una libra por consumidor, con anotación en la libreta de abastecimientos.
Según detalló la entidad en su página oficial de Facebook, la medida busca facilitar el acceso al alimento, considerado esencial en la dieta del cubano y también “evitar el acaparamiento”, lo cual –según el MINCIN– no tiene nada que ver con la profunda escasez que existe.

El precio establecido para la libra de frijol es de 196 pesos cubanos, según lo dispuesto en la Gaceta Oficial de la República.
El MINCIN aclaró que este producto no sustituye los granos –los pocos que aún reparten– incluidos en la canasta familiar normada, sino que se trata de una oferta adicional con derecho de compra para los consumidores.
La comercialización se realizará en todas las bodegas de la provincia capitalina, de acuerdo a la vinculación de cada núcleo familiar, indicó la nota.
El ciclo de venta está previsto que sea de 15 días a partir del inicio de la distribución en cada punto, lo que permitirá escalonar el acceso y mantener el control del proceso.
Mientras el régimen exhibe este logro revolucionario como una “buena noticia”, la realidad es que la venta de frijoles por la libreta a 196 pesos por libra representa apenas un alivio simbólico frente a la gravedad de la crisis alimentaria en Cuba.
En el mercado informal, la libra de frijoles ha alcanzado los 350 pesos en lugares como Cienfuegos, reflejo de una inflación que sigue descontrolada en los productos básicos.
Esta situación se produce a pesar de los intentos del gobierno por imponer controles. El Ministerio de Finanzas y Precios ya había anunciado topes en los precios del arroz y los frijoles, sin que eso haya logrado frenar la escalada ni garantizar el abastecimiento real a la población.
La escasez de granos ha obligado incluso a importar alimentos desde Sudamérica. Argentina cargó 10 mil toneladas de frijoles negros con destino a Cuba, un reflejo de la falta de autosuficiencia del país en productos esenciales para su dieta tradicional.
La fragilidad del sistema de distribución estatal quedó en evidencia hace menos de un año, cuando la canasta normada colapsó por la falta de café, aceite y frijoles, dejando a millones de cubanos sin acceso siquiera a una mínima ración.
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