Isabel Mesa Collins, pedagoga y maestra cubana radicada en Estados Unidos desde 1967 Foto © Cortesía de la entrevistada

“Quisiera regresar antes de envejecer más, quiero abrazar a los miembros de la familia que dejé de ver hace 51 años"

Este artículo es de hace 2 años

Conozco a Isabel Mesa Alarcón, prácticamente, desde que nací, pues los padres de una y otra, tuvieron a bien matricularnos en el mismo colegio de monjas “La Inmaculada Concepción” del municipio capitalino del Cerro.

Eso fue cuando teníamos cuatro angelicales añitos, en el entonces conocido por kindergarten. Podría decirse que era mi mejor amiga, junto a otro pequeño grupito que integraban Olguita, Cefi, Carmencita, Eulalita…¡En fin! ¿Qué buena memoria tengo, verdad?

La vida quiso que, aún siendo muy niñas, fuéramos separadas, pues sus padres decidieron partir; los míos, permanecer en la tierra que nos vio nacer.

De esa forma, a cada rato, en cualquier rostro, en alguna mirada pícara, ante una situación x, recordaba a mi entrañable Isabelita.

Pasó y pasó una paloma sobre el mar, y nos llegó la tecnología, y con ella me di a la tarea de buscar a Isabel Mesa Alarcón, pero nada.

¡Cuál sería mi sorpresa cuando un día recibo de una Isabel Mesa Collins un mensaje de si yo era yo; y ella era ella!

Mi alegría fue inmensa, máxime cuando estando yo de visita en Las Vegas en casa de uno de mis hijos, ella bajó de su gélida Chicago para verme, tras casi 50 años de ausencia.

Y ustedes se preguntarán, ¿Qué hace a Isabel Mesa Collins una persona de interés para CiberCuba? Pues aquí va su historia, una historia de vida fascinante.

“Nací en Manzanillo, entonces provincia de Oriente, hoy la bellísima Granma, el 9 de noviembre de 1953. Recibí el mejor ejemplo, la más digna educación de José y Ena, mis padres.

“Ellos me enseñaron el valor de la verdad, la importancia de la libertad y me dieron el brío y la bravura para enfrentarme a las dificultades que impone el de cursar de la vida, frente a frente, sin miedo; siempre velando por el más necesitado y el que no se puede defender por sí mismo.”

¿Eran profesionales tus padres?

“Mi papá empezó a trabajar desde muy joven, pero continúo sus estudios de noche. Fue un dibujante electricista muy conocido en los círculos técnicos de la Isla y la capital.

“Más tarde en los Estados Unidos ayudó a diseñar la base nuclear de Zion, Illinois, y participó en muchos otros proyectos similares, los cuales le dieron fama de experto técnico. Fue un hombre humilde pero absolutamente inteligente y audaz.

“Me enseñó el valor de la educación y la importancia de leer acerca de las artes, los deportes, la arquitectura, las ciencias, y mucho más. Mi mamá no quedó detrás: de ella aprendí a ser independiente, a respetar mi cultura como mujer cubana, a no ser sumisa ante nadie.

“Ahora que tiene 86 años, vive con nosotros en nuestra casa en Chicago, donde se criaron nuestros hijos, donde mis padres velaron por ellos mientras mi esposo y yo trabajábamos por largas horas (como se vive en los Estados Unidos).

Cortesia de la entrevistada

“Como ves a mí nadie me regaló nada, todo es luchar por lo que anhelas, soñar, pero con bases sólidas. Mi mamá siempre fue la que planeaba todo, la que velaba por el bienestar de todos.

A mí nadie me regaló nada, todo es luchar por lo que anhelas, soñar, pero con bases sólidas

“De ama de casa en Cuba, al llegar aquí trabajó en varias industrias, terminando en Sears Towers, un edificio de más de cien pisos en Chicago donde ella era responsable del correo de negocios. Los dos se jubilaron después de haber trabajado más de 35 años.”

Ya tu papá no está, pero tu mamá, como bien dices, mantiene el eje familiar que creció con el nacimiento de tus hijos.

“Así es. Mi esposo es estadounidense, nacido y criado en Chicago, Illinois. Él es mi compañero, mi amigo, mi guía espiritual y alguien a quien admiré grandemente por ser un hombre trabajador, leal y amoroso.

“Es el presidente de su propia compañía de productos de maderas y enchapados de maderas. Hoy día tiene negocios en todos los estados de la Unión y, además, en parte de Europa y hasta en Turquía.

Cortesía de la entrevistada

“Como dijiste tengo dos hijos, ya crecidos, el varón de 38 años, Edward como su padre y la niña, Ana, 32. Ambos siguieron mi camino a la hora de elegir profesión: magisterio.

“Yo nunca los forcé; esta profesión, como la mayoría, debe salir del corazón. Estoy muy orgullosa de ellos porque así ayudan a niños necesitados y, especialmente, a muchos estudiantes hispanos que constituyen más del 50% de la población estudiantil en esta ciudad.”

Cortesía de la entrevistada

Isa de aquella niña que “no se dejaba meter el pie” hasta la Isabel actual, ¿qué me dices?, ¿qué ha pasado?

“Yo llego a La Habana bien chiquita. Mis padres tenían un restaurante en Manzanillo, pero a fines del año 1956 tuvieron que emigrar para la capital por problemas con el negocio.

“Fue un largo peregrinar, incluso, de separaciones pues yo tuve que quedarme un tiempo en Manzanillo, hasta que ingreso en la escuela Católica que estaba en la esquina de mi casa y conozco a personas nunca por mí olvidadas, mis queridas amigas Julita, Olguita y Cefi.

“Fueron unos años bellos, llenos de alegría y felicidad; descubrí mis habilidades como estudiante, atleta y como una niña precoz e inteligente. ¡Yo no le tenía miedo a nada ni a nadie!”

¿Recuerdas cuando nos lanzábamos en patines y carriolas por aquellas calles?

“¡Cómo para olvidarlo! Jugaba pelota en la calle con los varones, los cuales aprendieron a respetarme inmediatamente, mientras que también estudiaba por largas horas para sacar buenas notas. Patinaba en la calle, agarrándome de los autobuses que pasaban por la calle Tulipán y me dejaba llevar por ellos hasta que llegaban más allá de la Calzada del Cerro.

Patinaba en la calle, agarrándome de los autobuses que pasaban por la calle Tulipán y me dejaba llevar por ellos hasta que llegaban más allá de la Calzada del Cerro

“Me gustaban los deportes pero también la ciencia y las artes. Las monjitas fueron bien estrictas, pero a la vez, nos enseñaron muy bien y pude fundar una base académica sólida, la cual me ayudó grandemente al llegar a los Estados Unidos en 1967, ya que utilicé la base del idioma español para aprender el inglés y en menos de 6 meses ya me defendía en mi nuevo idioma, y podía hablar a la par con los americanos.”

Lástima que bien pronto las monjitas tuvieron que marcharse pues la nueva política no admitía la educación religiosa, sólo laica y pública, aunque yo siempre he estado de acuerdo con una educación de todos y por el bien de todos, como decía Martí, pero aquello no se me borró nunca de la mente.

“En efecto, las monjitas no duraron mucho, la transición de la educación católica a la pública fue un reto que traté de contender ya que no había otra opción. ¡Había que triunfar y lo hice!

“Lo que no significaba que cada año era más difícil aceptar aquellos radicales cambios, hasta que a fines de 1964, mis padres decidieron aplicar para irse de Cuba hacia los Estados Unidos.

“Como resultado, mi padre quedó sin trabajo de nuevo y esta vez fue forzado a trabajar en la construcción y ganar una quinta parte de lo que ganaba como dibujante. Él lo hizo sin quejarse. Llegaba cada noche a la casa con las manos ensangrentadas ya que ni guantes poseía, y tenía que cargar ladrillos de un lugar a otro, por ocho horas, diariamente.

“Yo por mi lado, fui acosada por estudiantes que sabían que mi familia se iba a ir de Cuba. A mediados de 1967, nuestro número de salida, nos llegó.”

Fui acosada por estudiantes que sabían que mi familia se iba a ir de Cuba. A mediados de 1967, nuestro número de salida, nos llegó

Recuerdo lo doloroso que fueron una cosa y la otra. El famoso bullying de que eran víctimas algunos de los niños, y partir dejando atrás lo que tú creías que era tu vida.

“Dolorosísimo. Significó que íbamos a dejar a nuestra familia y amistades, a los cuales no íbamos a ver más, como así ha sido. Fuimos a Manzanillo a despedirnos de la familia, te podrás imaginar aquello: ¡nunca lo olvidaré!

“Dejar a mis seres queridos, a mis amigas, mi parque Tulipán donde aprendí a montar bicicleta con mi papá, mi barrio del Cerro, y ¡mi Cuba bella! ¡dejarlas a ustedes!

Dejar a mis seres queridos, a mis amigas, mi parque Tulipán donde aprendí a montar bicicleta con mi papá, mi barrio del Cerro, y ¡mi Cuba bella!

“En mayo de 1967, a la edad de 13 años, mis abuelos, mis padres y yo nos montamos en un avión a las tres de la tarde en La Habana y aterrizamos en el aeropuerto de Opa Locka en el Norte de Miami, Florida una hora más tarde. ¡Mi vida cambió radicalmente en una hora!”

¿Cómo fue la adaptación?

“Al principio, fuimos a casa de mi tía Ofelia, la misma que nos había ayudado al llegar a La Habana. Ella y su familia quería que nos quedáramos en West Palm Beach donde ellos vivían, pero mi papá había recibido una propuesta de trabajo de su ex-jefe, quien vivía en Chicago.

“Nada menos que como dibujante en una compañía muy famosa en Chicago. Esto fue difícil ya que hubiéramos querido quedarnos con nuestra familia, pero el tener un trabajo era algo muy importante.

“Así, la próxima semana llegamos a Chicago, donde la Caridad Católica, que trabajaba con inmigrantes, nos acogió, nos buscó un apartamento, nos dio ropa de uso para cada uno de nosotros, sabes el clima de esta ciudad.”

Te imagino a ti, con esos ojos grandes aún más grandes, mirando todo con el asombro de tu corta edad, 13 añitos, y sin amigos ni parientes, salvo tus padres y abuelos. ¿Difícil, no?

“Ni imaginarlo puedes. Sólo el que ha vivido experiencias similares puede. La primera semana nos tuvimos que quedar en un hotel de pasajeros transeúntes, algunos borrachos, que acostumbraban hospedarse ahí, por unos dólares al día.

“Mi padre velaba por las noches para que no abrieran la puerta, y mi abuelo, el cual vino ciego con cataratas pues no tuvo acceso a la operación en La Habana, también montaba su guardia para protegernos.

“Ya la otra semana las Caridades Católicas nos encontraron un apartamento de un cuarto para mis padres y otro, al frente de ellos, para mis abuelos. Yo dormía en la cocina donde mi mamá me hizo un pequeño cuarto con cortinas blancas, compradas en tienda de segunda mano.”

Escribo y no sé si llorar o reír, porque hoy Isa es una mujer plena, realizada, moderna, madura pero… ¡Caray, qué inicios!

“Esta transición fue muy difícil para todos, pero para mí, con 13 años, lo fue aún más. Yo no atinaba a comprender en toda su magnitud el sacrificio de mis padres que lo único que querían era mejorar nuestro nivel de vida, ofrecerme lo que nunca hubiera recibido en mi Patria.

Esta transición fue muy difícil para todos, pero para mí, con 13 años, lo fue aún más. Yo no atinaba a comprender en toda su magnitud el sacrificio de mis padres que lo único que querían era mejorar nuestro nivel de vida, ofrecerme lo que nunca hubiera recibido en mi Patria

“El primer día que llegamos a Chicago, conocimos a unos cubanos que vivían en el mismo barrio de nosotros y empezamos a hablar de Cuba y mi papá los mandó a callar, jajá, ya que creía que iban a ser escuchados.

“Te cuento esto para que tengas idea por los momentos y situaciones que atravesamos. Por eso es que muchos optan o sueñan con vivir en los Estados Unidos, tierra de libertad de prensa, libertad individual y donde los ciudadanos pueden quejarse abiertamente. Mi papá no lo creía y hablaba de la guerra de Vietnam en voz baja.”

(Como he señalado en otras entrevistas, me remito a poner las opiniones de mis entrevistados, por ética y respeto, aunque no coincidan al ciento por ciento con las mías)

Entrando en la fase escolar, ¿cuán difícil te fue?

“Empecé en la Escuela Católica en septiembre del 1967; ya que mi papá tenía un buen trabajo y mi mamá encontró el suyo en una tienda del centro de Chicago.

“La escuela era pequeña y había 3 ó 4 estudiantes hispanos, una de ellas era una cubana que había venido cinco años antes y que conocía a mi familia de la Florida. ¡Qué mundo más pequeño!

“Y así ella, una joven desconocida, se convirtió en mi mejor amiga, la hermana que nunca tuve, y era conocida de mi familia de la Florida! Muchos años después, ella bautizó a mi hija Ana que nació en el 1986.

“Formé amistades poco a poco, mientras aprendía el inglés rápidamente. Yo servía de traductora a mis padres, los cuales tomaban clases con las monjitas de mi escuela por las noches. “

Después de ese comienzo incierto y triste, ¿te encaminaste muy bien, es cierto?

“Te dije que a mí no me paraba un tren. Durante la primavera y el verano, mis amigas y yo íbamos al Wrigley Field, el estadio donde jugaban los Cachorros de Chicago, o sea los Cubs, ya que todas éramos (y somos) fanáticas de ese gran equipo.

“Como sabes, los Cubs no habían ganado una Serie Mundial desde el 1908, pero siempre han tenido miles de fans en sus puertas, cada día que jugaban. Como vivíamos cerca del estadio, y las entradas, años 69-73, sólo costaban $1-$3, siempre estábamos respaldando al equipo.

“Tú vives la pelota y has dedicado casi cuatro décadas a la misma, ¡hubieras enloquecido con aquellos juegos fantásticos! ver a Billy Williams, Joe Pepitone, Kenny Holtzman, Ron Santo y Enrnie Banks honrándonos con sus grandes jugadas, era lo máximo.”

Sí, pero tuvieron que esperar mucho para ver un triunfo.

“Bueno, pero llegó en el 2016. Después de 108 años ganamos en la Serie Mundial, en siete juegos, contra de los Indios de Cleveland. Ese séptimo choque es inolvidable. Ganamos después de una lluvia torrencial, cuando creíamos que lo íbamos a perder todo.

“¡Eso fue un día especial para todos los fanáticos de Chicago! Cada tarde, desde el 25 de octubre hasta el 3 de noviembre del 2016, mi esposo, mi mamá y yo nos sentábamos a ver cada juego sin pestañear. Edward, quien es un tremendo fanático de la pelota, se paraba a dar pasos de lado a lado de la casa ya que no se podía sentar tranquilo.”

Oye, que hemos dado un salto abismal y hay que regresar en el tiempo y espacio querida amiga. ¿Cómo avanzas en los estudios? ¿Cuándo te decides por el magisterio?

“Me gradué de 8vo grado en el 1969 y fui a la escuela Superior o High School ese septiembre. Era una escuela Católica para niñas solamente, y por estas casualidades también se llamaba The Immaculata, como la nuestra del Cerro.

“Compartí clases con muchachas estadounidenses muy inteligentes pero eso no me afectó, por el contrario, me motivó a trabajar aún más fuerte para sacar notas tan buenas como las de ellas. ¡Y así lo hice!

“Durante esos cuatro años forjé amistades que aún ahora, después de 45 años, mantengo con gran cariño. Me gradué en 1973 y fui aceptada en varias universidades, al final matriculé en la Universidad de De Paul porque me agradó su énfasis en las Letras y Educación.

“Ahí, con mucho esfuerzo, pude mantener notas de honor durante los cuatro años, y en el 77 me gradúo en Bachillerato en Artes y Letras con especialidad en Educación Elemental. Ahí conocí a mi esposo, que era amigo de mi mejor amiga y al año siguiente, como en un cuento de hadas, nos casamos.”

Me has hecho referencia al gran amor que existe entre ustedes, a pesar de cunas tan distintas.

“Edward y yo nos casamos el 18 de noviembre del 1978: dos familias, dos culturas, dos idiomas diferente, se unieron en una sola familia inmediatamente. ¡Nuestra boda fue bella!

“Entre más de 400 invitados, celebramos ese día especial bailando música latina y estadounidense. Cenamos unidos por el amor mutuo que existía entre nosotros y que sigue vibrante después de tantos años.

“Ya en noviembre celebraremos 40 años de aniversario de bodas y como regalo, fuimos a Europa por 17 días, visitamos Eslovenia, Londres, Roma, Venecia, Verona y París. Mis experiencias en esos países son fenomenales.

“Había ido a España en el 1977 al graduarme de la Universidad, pero esta vez compartí el periplo con mi esposo y nos dimos cuenta de que hay más cosas que nos unen como seres humanos, no importa la raza, la religión o el partido político, y es el deseo de ser libre y de contribuir a una sociedad donde cada persona puede alcanzar sus metas, trabajando y creciendo como ciudadano libre.”

Me imagino que esos planteamientos sean fruto de tu vida propia, del sendero de lucha que realmente ha sido tu vida.

“Dímelo tú misma. Trabajé desde que tenía 15 años, ya que sabía que mis padres estaban trabajando muy fuerte para que yo pudiera ir a la escuela. Lo hice en una compañía de ventas y en una compañía de publicidad que le servía al mercado hispano en Chicago.

“Esa experiencia me preparó inmensamente para mi futuro como maestra, directora y más tarde superintendente regional. Fueron unos años de gran progreso personal y emocional, ya que conocí a muchas personas que me influenciaron positivamente y me guiaron a ser lo que siempre soñé: una mujer independiente que pudiera alcanzar sus quimeras, sus metas por sus cualidades, convicción e inteligencia.

”Te hago una anécdota. En el 68, cuando llegó la hora de celebrar mis quince, sólo me limité a hacer una pequeña fiesta en nuestro apartamento alejada de gastos innecesarios que significaran un sacrifico económico. Trataron de convencerme de hacerlo en grande pero yo fui muy feliz de hacerlo a mi modo. Una tiene que adecuarse a lo que tiene.

“Fue un día maravilloso, donde mis padres, vecinos, amigos aportaron lo indispensable para hacerme feliz. Bailamos música cubana, el son, con el rock and roll. Mezcla de culturas: ¡hermoso!”

En las festividades, ¿cómo haces, cubanos, latinos, estadounidenses, juntos; las celebras todas, las de allá y las de aquí? ¿Mantienes nuestras tradiciones?

“Durante las fechas festivas de este país como el Día de Acción de Gracias o Thanksgiving; las Navidades o Christmas y otras similares, siempre nos unimos a nuestros amigos norteamericanos y las celebramos con ellos.

“Pero además, les introducimos las nuestras como Noche Buena, San José y el Día de los Reyes. De esta forma, nunca olvidamos nuestras raíces culturales pero aceptamos las nuevas tradiciones también.”

Isa, cuéntame al menos, por “arribita” esa carrera profesional tuya tan prolija.

“Uff, no tenemos para cuando acabar. A ver, lo más por arribita posible. Desde que me gradué del Bachillerato, quise ser maestra. Aunque primero trabajé en una compañía de publicidad, ya en el 80, después del nacimiento de mi primogénito, empecé de maestra de una escuela elemental en el barrio de Humboldt Park, en Chicago.

“Ahí, en un barrio de clase económica baja, de familias trabajadoras, inmigrantes de muchos países hispanos como México, Colombia, Perú, Puerto Rico.

“Aprendí las lecciones más importantes de mi vida. Fui maestra bilingüe de grados superiores hasta el 1991. Estos fueron los mejores años de mi vida profesional: hice nuevos amigos, que después de 38 años, seguimos siéndolo, son como familia.

“Aprendí y puse en práctica métodos de enseñanza que adelantan a los estudiantes a altos niveles académicos y que les ayudan a alcanzar sus metas para que asistan a la Universidad, algo que sus padres no pudieron lograr.

“Después de una década, obtuve la Maestría Universitaria y el Certificado de Administradora, el cual me ayudó a ser Asistente Directora en una escuela cerca de Humboldt Park, donde trabajé cuatro años.

“En ese centro compartí con maestros que daban el 100% diariamente para que sus estudiantes, niños y niñas que venían a la escuela, hambrientos por aprender, por ser queridos y por ser apreciados.

“A los cuatro años de estar como asistente, mi jefe me llamó un día y me dijo: 'Isabel, ya es hora de que seas directora y hay una escuela que necesita tu liderazgo, aplica inmediatamente que yo te apoyaré'.

“No creí que tuviera las cualidades necesarias para ser directora en una escuela pública con tantas necesidades, pero fui escogida por el concilio de padres y miembros de la comunidad y de la escuela después de ser entrevistados más de cien candidatos.”

Mi amiga, ¡qué curriculum tienes!

“Jajá. Ahí, en esa escuela, forjé mi liderazgo por 12 años, ya que cada cuatro, el concilio local me renovaba el contrato. Durante ese extenso período, con la ayuda de grandes maestros dedicados a la excelencia educacional, pudimos hacer grandes cambios que ayudaron a los estudiantes a progresar a niveles nunca logrados anteriormente.

“Convertimos la escuela en un modelo de Maria Montessori, la gran maestra italiana que logró educar a niños que habían sido abandonados por sus problemas de aprendizaje.

“Así, tras 12 años, mi superior me visitó para pedirme que aplicara a la posición de Oficial de Área Escolar, o sea un semi-superintendete de 30 escuelas en una zona hispana de la ciudad. Lo hice y fui elegida inmediatamente y empecé en mi nuevo cargo al mes siguiente.

“Ese verano, perdí a papi, tan tranquilamente como había vivido, rodeado por la paz de su amada familia. No pude llorar, no pude afligirme como pasa cuando perdemos a nuestros seres queridos, ya que mi responsabilidad era de prepararme para trabajar con 30 directores en una zona urbana que necesitaba mejorar académicamente.

“Durante cuatro años trabajé con un equipo de especialistas que ayudaban a las 30 escuelas diariamente, colaborábamos con directores y maestros, y logramos aumentar el nivel de los estudiantes.

“Fue una experiencia excepcional: logramos hacer avanzar los niveles de Lectura y Matemáticas a niveles que excedieron las metas trazadas previamente.

“En el verano del 2009, después de un año muy difícil, decidí tomar unas vacaciones con mami en West Palm Beach, Florida, y en medio de la noche, tuve un ataque al corazón, pero como siempre, Dios estaba conmigo pues a menos de 10 cuadras radicaba un centro cardiológico, donde me salvaron la vida tras compleja intervención coronaria.

“Los médicos no se explicaban cómo alguien sin síntomas, colesterol controlado, peso regular, no fumadora ni bebedora, ¿pudiera tener este problema?

“Simplemente, yo sabía la respuesta, y era la tensión que sufría calladita, cada día, por los constantes problemas en mi trabajo. Me recuperé, incluso, regresé a la escuela, pero las señales no son por gusto: comencé a pensar en la jubilación.

“En el 2011 fui transferida a otra zona con 41 escuelas, todas con necesidades, como todas las escuelas públicas de esta gran ciudad. De nuevo, con la ayuda de mi equipo educacional, pudimos alcanzar grandes logros y ayudamos a cada director a mejorar niveles de lectura, matemáticas, ciencias y estudios sociales.

“Por este tiempo, año 2012, alcanzo un Doctorado en Educación con una tesis basada en el beneficio de escuelas pequeñas para estudiantes marginalizados como hispanos y afro americanos, y también los que tienen ciertas discapacidades.

“Pero la tensión se mantenía y a fines de ese propio año, dije adiós a lo que había sido mi vida profesional. Después de una fiesta de despedida sorpresa, Edward y yo decidimos viajar por el mundo para aprovechar esta etapa que Dios nos había regalado.

“Fuimos a España, Francia, Italia, Gran Bretaña, Eslovenia; viajamos por todos los Estados Unidos, las Bahamas, Jamaica, Hawai y Puerto Rico. Regresamos a la Florida varias veces y cada vez, le di gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de abrir otro capítulo en mi vida.”

¿Es ahí cuando decides escribir tu libro?

“Sí, decido escribir un libro de recuerdos para que mis hijos tuvieran un legado. Como un recuerdo de mis experiencias, de mis retos y de mis logros. Algo que les sirviera a ellos y a jóvenes hispanos como una guía de esperanza.

“En abril del 2018 logré concluirlo, después de seis años resumiendo mi vida, mi familia, mi gente. Lo titule: 'Isabel. Memoir of an Immigrant Cuban Girl' o sea, 'Isabel. Recuerdos de una niña cubana inmigrante.”

Cortesía de la entrevistada

Me prometiste que cuando le hagas la versión al Español, yo tendría uno, pero ahora me entero que estás metida de lleno en escribir otro.

“En efecto, escribo otro acerca de tres jóvenes en busca de sus raíces étnicas. También pinto paisajes en acrílico. Tengo ya más de 10 pinturas aunque para nada me considero pintora. Ahora voy a tomar clases de arte para mejorar mi estilo que es un poco impresionista ya que mi artista favorito es Vincent Van Gogh.”

Además del béisbol, la pintura y escribir, ¿qué otras pasiones tiene doña Isabel?

“Me gustan el teatro y la ópera, aprovechamos de vivir en una ciudad que después de New York, consta con grandes centros de arte. Espero que en mis próximos años, pueda seguir disfrutando de todas esas cosas que he nombrado y, además, seguir viajando por el mundo para conocer más acerca de esta Humanidad que a veces nos separa, pero tengo fe que la paz, el amor y el entendimiento puedan imponerse y lograr que todos vivamos con tranquilidad, con holgura, con felicidad.

Y en esos planes, ¿está comprendido un regreso a la semilla, una visita a tu inolvidable Cuba?

“Quisiera regresar antes de que envejezca más, quiero abrazar a los miembros de la familia que dejé de ver hace 51 años; quiero conocer a los que nacieron después de mi venida. Sí, quiero. Quizás esta quimera también pueda cumplirla.”

Preciosa la experiencia de Isabel Mesa Collins, ¿verdad? ¡una clase magistral de enseñanza de vida!

Este artículo es de hace 2 años

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Julita Osendi

Graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana 1977. Periodista, comentarista deportiva, locutora y realizadora de más de 80 documentales y reportajes especiales. Entre mis coberturas periodísticas más relevantes se hallan 6 Juegos Olímpicos, 6 Campeonatos Mundiales de Atletismo, 3 Clásicos

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Julita Osendi

Graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana 1977. Periodista, comentarista deportiva, locutora y realizadora de más de 80 documentales y reportajes especiales. Entre mis coberturas periodísticas más relevantes se hallan 6 Juegos Olímpicos, 6 Campeonatos Mundiales de Atletismo, 3 Clásicos