Judoca cubana Odalys Revé Jiménez Foto © Cortesía de la entrevistada

Entrevista a la judoca cubana Odalys Revé, "monarca de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92"

Este artículo es de hace 1 año

Uno de los momentos más emocionantes de mi vida profesional me lo reportó nuestra entrevistada de hoy. El Palacio Blaugrana de la bella Ciudad Condal, Barcelona, ovacionaba de pie a una judoca cubana, primera latinoamericana que se alzaba con un título olímpico en este deporte.

Esa calurosa tarde del verano catalán, una espigada y bella morena se encaramaba en lo más alto del podio olímpico: la holguinera Odalys Revé lucía, con orgullo, en su pecho el preciado metal, el oro olímpico.

Aún recuerdo como si fuera hoy, a esta periodista con una camarita que me habían prestado en el INDER (la TVC no envió camarógrafo, algo que con el tiempo se subsanaría) y yo, como si tuviera la mejor cámara del mundo, yéndole para arriba a la cubana para entrevistarla. ¡Cosas que nunca se olvidan!

Pues, quién les dice que ahora, tras 26 años de aquella hazaña, y por esta maravilla que son las redes sociales, ambas nos reencontramos y aquí les muestro la vida de esta tremendísima judoca.

“Vine al mundo el 15 de enero de 1970 en Sagua de Tánamo, Holguín. Mi mamá, Martha; mi papá, Florencio, no perdieron tiempo en su vida y en total somos hermanos hermanos. Todos sabíamos lo que teníamos que hacer. No había que estar detrás de nosotros. Escuela antigua y muy buena de enseñar a los hijos. Lo mismo íbamos para la escuela que recogíamos café o tomates. Así era mi vida en el lugar donde nací. A pesar de ello, yo era un poquito rebelde.

“Actualmente vivo en Italia, estoy felizmente casada con un hijo de esta bella tierra, Valentino Baldi, y tengo un hijo, Manuel, de 13 años quien practicó judo y baloncesto, para finalmente jugar fútbol. Algún deporte tenía que gustarle, ¿no?

Actualmente vivo en Italia, estoy felizmente casada con un hijo de esta bella tierra, Valentino Baldi, y tengo un hijo, Manuel, de 13 años

“Es un chico combativo, juega bien, centrocampista del equipo Chiesanuova; yo lo guío sin apresurarlo, quiero que se divierta primero, y después ya veremos. Yo trabajo como entrenadora y me siento realizada en este país, que me dio su acogida. Entreno a muchachos desde 5 a 14 años, en un gimnasio.”

Volvamos a tus inicios, ¿siempre te gustó el judo? ¿Tus papás te inclinaron a practicar deportes o, sencillamente, te nació?

“Mis padres, a mí y a mis hermanos nos incitaban a estudiar, trabajar y respetar a las otras personas. Pero a mí me gustaba mucho la esgrima, aunque nunca la practiqué, y cantar y bailar. Hoy día mi hijo y yo damos rienda suelta a nuestra alegría y nostalgia (en mi caso) a través del baile y el canto.

“Finalmente fue el judo mi destino, aunque primeramente había incursionado en el baloncesto y el atletismo.

“Me gustaba ser independiente. Fíjate, cuando me llegó el preuniversitario para Mayarí, estaban haciendo captaciones para la EIDE, y yo solita, sin decirle nada a mis padres, entregué el uniforme azul, y me fui para la EIDE; pregunté por el profe Santiago, entré y así comenzó mi vida de judoca. ¿Viste? ¡solita!

"Ya después, imagínate la historia con mami y papi, pero 'ná', ahí quedó la cosa. Les dije que en el pre había que ir todos los días al campo, mientras en la EIDE además de estudiar se entrenaba, y eso era lo mío.”

Y ya en la EIDE, ¿cómo fue todo?

“Pisé un tatami por vez primera en 1983, tenía 13 años. Mi primer entrenador fue Santiago Rodríguez en la EIDE de Holguín; pasé por la ESPA provincial, intervine en un Campeonato Nacional Juvenil, tres Juegos Nacionales Juveniles, siempre oro, y a los pocos meses, sin pasar por la ESPA nacional, el 17 de agosto de 1987, con sólo 17 años, el profesor Ronaldo Veitia, me llevó al equipo nacional”.

Ése se equivocaba poco, se los puedo garantizar. El Buda cubano logró aunar a estrellas del judo universal y tejer una historia a lo largo de cinco lustros, realmente impactante.

“Eso es mucha verdad.”

Odalys, y al final, ¿por qué te inclinaste por el judo y no por la esgrima?

“Me gustaban las peleas en la escuela primaria, yo hacía de las mías, pero cuando me metía en líos, mis dos hermanas mayores me protegían, hasta que yo aprendí a defenderme sola. “

Y ¿qué pasó cuando llegaste al Cerro Pelado (Centro de Entrenamiento de Alto Rendimiento)? ¿Te cambió la vida, tuviste que adaptarte a nuevos hábitos, otra convivencia, otros amigos?

“Cuando llegué al Cerro Pelado mi entrenador fue siempre Ronaldo Veitía, quien en cada sesión daba una muestra de vida, de enseñanza, de madurez como preparador. Ahí no se paraba. No había llegadas tardes ni cansancio. Ahí había que entrenar, entrenar, entrenar y luego, cosechar en las competencias lo aprendido. Yo me adapté rápido. Me fundí en un colectivo de judocas maravillosas, las chicas doradas.”

Y de esa época pionera del judo femenino, por así decirlo, que tiene su primera incursión en Juegos Olímpicos precisamente en 1992, ¿a quiénes recuerdas?

“Cecilia Alacán, Cecilia Hernández y Maritza Pérez, quienes estaban allí junto a otras muchachas mayores, con las cuales aprendimos mucho, y compartimos con la nueva generación que poco a poco fue incorporando Veitia.”

Yo recuerdo esa etapa cuando mi entrañable amigo y colega José Modesto Garlobo se enfrentaba con el mundo en defensa del judo entre las damas, que no gustaba en sus inicios (me incluyo). Y él siempre decía: “éste es el que va a alcanzar la gloria”. ¡Y así fue, proféticas palabras!

“Fueron unos primeros tiempos hermosos, había que empeñarse en el objetivo y demostrar que sí se podía. Fuimos formando un colectivo disímil de caracteres, por lo que el Veitía pedagogo tenía que imponerse.

“Por ejemplo, Driulis González era durísima; Estela Rodríguez y Legna Verdecia eran las más nobles; yo, ¡ni qué decir!, era y soy fuerte; también estaban Amarilis Savón, Ileana Beltrán, más jovencita Daima Beltrán quien sustituyó en el peso máximo a Estela; se sumarían otras como Sibelis Veranes, Dianelis Luna, pero todas éramos UNA tirando del carro del judo (f).

¿Primeros triunfos en la arena internacional?

“Bueno, los primeros fueron en el 1988, durante una gira por Europa. Obtuve una medalla de bronce. El profe no me dijo nada pero me hizo entender que era poco, que podía haber hecho más. Me di cuenta de que el bronce no era lo mío, al menos en confrontaciones menos importantes; había que luchar por más.

“Después de ese periplo por el Viejo Continente gané sin muchas dificultades el Panamericano del deporte en Argentina, y ya en el Mundial de Belgrado 89, en ese entonces Yugoslavia, quedaría tercera.

“Fue una competencia durísima. Por eso, te digo Julita, que para que el judo actual pueda levantarse y reconquistar los sitiales alcanzados por la Era Veitía hay que entrenar muy fuerte. No importa cuántos técnicos haya: este deporte es muy fuerte y si no entrenas lo suficiente, con inteligencia, no ganas.

Para que el judo actual pueda levantarse y reconquistar los sitiales alcanzados por la Era Veitía hay que entrenar muy fuerte

“Además, no en el judo, sino en todos los deportes, aceptar a los que estén en el exterior.¿Por qué ser distintos al resto del mundo? Todos tenemos derecho a representar a Cuba y se elevaría mucho el nivel, recobraríamos sitiales que teníamos a en el planeta.

“Además, claro está, el carácter de la judoca es determinante. Puedes tener muchas condiciones pero si no eres echá' pa'lante, corajuda y sabes analizar, respetar a la rival, no serás nunca nadie. Si con todo y eso, ¡pierdes!; porque tu contrincante viene a por lo mismo: ¡ganar!”

¿Principales resultados de aquella época? ¿siempre en 66 kilos?

“Sí, en 66. Mis principales resultados fueron dos medallas de plata y dos bronce en Mundiales; oro en Mundial por equipos; dos títulos dorados, dos plateados y dos bronceados en Copas del Mundo; quinto lugar en los Juegos Olímpicos de Atlanta, y campeona de los Panamericanos de La Habana 91, que desarrolló el torneo de judo en la sub sede de Santiago de Cuba, y a donde aterrizamos directo al tatami, pues veníamos del Mundial de Barcelona, en el cual quedé en plata. También gané los Panamericanos de Mar del Plata 95.

“Son cosas que se dicen ahora muy fácil, pero fue del avión para la competencia. También había ganado fácilmente los Centrocaribes de México un año antes, al igual que lo hice en los de Ponce 93.

“Y por supuesto, mi logro mayor: monarca de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Todo esto son contar las varias veces que me impuse en los fortísimos torneos clase A de Europa, cuales mundiales: el Villa de París, tres oros; el Word Máster de Alemania, otros tres, y así en otros más.

“Yo estaba muy bien, había alcanzado una gran maestría deportiva, lo que no quiere decir que había rivales de Sudcorea, Francia, Italia, Alemania, Japón de tremendísimo nivel.”

De tantos y tantos certámenes en los que tomaste parte, ¿le puedes contar algunas de tus principales anécdotas a los lectores de CiberCuba?

“Uff. Son unas cuantas. En el Mundial del 91 en Barcelona, por ejemplo, obtuve el pase a la discusión del oro al derrotar a la inglesa Kate Howey que era campeona y medallista mundial, y en la final caigo ante la invencible italiana Emanuela Pierantozzi, en el mismo escenario donde sería celebrado el torneo de judo olímpico.

“Estuve estudiándola un año, y en el 92 le gané la más preciada de las medallas, la olímpica. Ni ella se lo creía. El profe Veitía y yo analizamos por dónde entrarle pues la chica resultaba impenetrable.

“Los conocedores del judo, si ven comparativamente hablando los combates de 1991 y 1992 se dan cuenta de que el olímpico yo lo tenía planificado, dominado. Ella contaba con que podía volver a vencerme pero mi velocidad de piernas, mi efectiva técnica en los agarres, la sacaron de paso. Logré proyectarla y marcaron wazzari; eso sería suficiente, aunque ella no dejó de luchar hasta el último segundo.

“En el Mundial del 93 en Chiba, Japón, perdí la final con la sudcoreana Cho-Min-Sun. Fue durísima esa competencia, por cada pool había dos titulares del orbe y de Copas Mundiales, además de olímpica. La plata no era mal resultado pero no quedé conforme, te puedes imaginar. “

A Atlanta, tu última gran competencia, asististe tras una seria lesión.

“Me sometí a un intenso tratamiento médico y entrenamiento sofisticado, con el objetivo de salir a defender mi título olímpico.

“Abrí con ippon sobre la australiana Carla Dixon, pero en el combate con una a la que siempre había vencido, la holandesa Claudia Zwiers, me lesiono la rodilla, lo que me deja indefensa y es cuando ella me propina ippon. Con eso perdí la posibilidad de escalar nuevamente el podio olímpico. Finalmente fui quinta. ”

Algo verdaderamente positivo si tenemos en cuenta en las condiciones que llegaste a la cita estadounidense. ¿Por qué un retiro tan precoz, no pudiste reponerte de las lesiones?

“Chica, es verdad que tenía sólo 28 años, pero el peso de las lesiones (me operaron la rodilla cuando llegué a Cuba), los fuertes entrenamientos, la pujanza de nuevas figuras me hicieron inclinar la balanza hacia el retiro, de lo cual no me arrepiento.”

Odalys Revé, en sus 11 años en la selección nacional de judo, archivó coronas y medallas en todos los eventos organizados por la FIJ (Federación Internacional de Judo), el más importante, su cetro olímpico; sin dudas, una de las grandes Guerreras del General Veitía, a la cual esta periodista le desea un futuro luminoso en su vida personal.

Este artículo es de hace 1 año

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Julita Osendi

Graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana 1977. Periodista, comentarista deportiva, locutora y realizadora de más de 80 documentales y reportajes especiales. Entre mis coberturas periodísticas más relevantes se hallan 6 Juegos Olímpicos, 6 Campeonatos Mundiales de Atletismo, 3 Clásicos

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