Jóvenes cubanos envían fotos eróticas a cambio de recargas de internet Foto © Pxhere

Fotos eróticas a cambio de recargas: negocio para algunos jóvenes cubanos

Este artículo es de hace 1 año

Enzo y Yorgenis son dos jóvenes santiagueros que admiten llevar a cabo una práctica “bastante común entre sus amigos”, según aseguran ellos, para mantener sus líneas móviles y cuentas nautas: intercambian fotos de desnudos por recargas de saldo de los servicios que ofrece ETECSA.

Yorgenis es abiertamente gay, tiene buena figura, es lo que se dice carne de gimnasio. Enzo, también tiene un cuerpo atractivo y es heterosexual. Ambos han encontrado en el ambiente homosexual el ecosistema ideal para obtener las recargas que necesitan para sus teléfonos.

“Yo pongo fotos en la parte de “Mi Historia”, esas no se quedan, no se guardan, el que quiere más se mete conmigo y ya yo sé en qué anda, se ponen a elogiarme, mi espalda musculosa, mis nalgas firmes, me dicen que la mejor parte no se ve en la foto…, unas personas son más osadas que otras, el que quiera ver más me lo dice al momento o lo trabaja por días. He tenido más suerte con los hombres que con las mujeres”, asegura Enzo.

“Entonces uno se pasa algunos días sin casi conectarse, responde algunas cosas. Tienes que lucir apurado, necesitado, y es ahí cuando empiezas a dejar ver que no te conectas casi porque tienes pocas horas en tu cuenta nauta, o megas en tu plan de datos; te lamentas de no poder poner más fotos pues no puedes por esas dos razones. Hay quien enseguida se brinda en recargarte el teléfono, primero como favor, sin interés, y así generalmente empieza la cosa”, agrega Yorgenis.

En un mes malo se aseguran al menos una recarga que les permita “respirar”. Todo depende de las promociones de ETECSA, aunque admiten que también ahora con 'esto de la 3G' necesitan al menos dos, una para gastarla en internet en el móvil, para mensajes y llamadas, y la otra en la wifi.

“El truco está en nunca enseñar todo de un golpe ni en la primera vez. Yo jamás enseño todo las primeras veces que inicio esto con alguien, eso te asegura enganchar a la gente y, por otra parte, nunca muestro el rostro, tampoco tengo tatuajes ni nada que me pueda identificar”, comenta Enzo y agrega que Yorgenis es más “baboso”, porque “él prefiere conectar más con las personas, invierte mucho tiempo conversando con la gente, aunque la verdad él tiene más seguidores 'fieles' a su causa”, sonríe.

Estos muchachos, que no sobrepasan los 20 años y solo accedieron a dar su testimonio mediante el anonimato pues admiten que lo que hacen no es bien visto por muchas personas, aseguran que antes de la 3G en los móviles era muy incómodo hacerlo en la Wifi, pues en estos espacios públicos todo puede ser observado por terceras personas, y advierten que la privacidad es lo más importante, ante todo.

“Muy pocas veces he llegado a pasar videos, bailando, por ejemplo, o en calzoncillo, bueno y haciendo otras cositas (sonríe), para eso uso la wifi, porque muy pocas veces he tenido a alguien que haya sido lo suficientemente de confianza, que me haya caído bien y que además me haya complacido tanto como para llegar a eso. Usualmente imágenes, de casi todo tipo, es lo que mando”, acota Yorgenis.

Enzo se define más “conservador”. Él no llega a mostrarse desnudo, pero si le gusta “calentar”, lo mismo a mujeres que a hombres, aunque estos son los que más recargas hacen, así lo confiesa. Se deja admirar, piropear, que las personas se pongan atrevidas, que le pidan fotos, chatea, conversa, llega a crear y protagonizar fantasías… pero hasta ahí, todo por mantener un nivel elevado de conectividad en su móvil.

“Mis padres son profesionales, pero no tienen un salario que les permita mantener el nivel de conexión que me gusta. Ellos piensan que me recargan el móvil amigos de pre y de secundaria que se han ido del país. Realmente tengo amigos que lo hacen, pero la mayor parte viene de esto. Ellos no saben nada y no estarían de acuerdo, aunque tampoco hago nada malo. Yo tengo una foto real en mi perfil, por eso hay límites que no paso, sé que dar mi teléfono puede hacer que la gente tenga mi dirección, por eso tengo que tener cuidado, yo tengo mi novia, escojo bien a las personas, gente seria, no que me puedan buscar problema”, dice Enzo.

“Nunca prometo nada que no cumpla, nunca le digo a la gente mentiras, siempre hablo claro a todo el mundo: no mostraré mi rostro en ninguna foto que mande ni video, no pretendo conocer a nadie en persona, no digo que tendré una relación. No me escondo, todo el mundo sabe quién soy y lo que me gusta, y también conocen por qué hago esto. Te repito, no engaño a nadie”, explica Yorgenis.

“Una sola vez una de estas personas llegó a Santiago de Cuba a conocerme. Yo accedí. Cuando llegué al lugar estaba en un grupo de amigos. Me presentó como su novio santiaguero, yo me asusté y me fui, no me gustó. Estas son cosas que pueden pasar, pero no me asusto, necesito hacerlo, de otra forma no puedo mantener mi móvil ni mi cuenta de internet”, sentencia Yorgenis.

Enzo y Yorgenis no son los únicos jóvenes santiagueros que han decidido correr las estacas de sus límites morales, aunque a duras penas lo ven así, con tal de asegurarse un móvil con un nivel de conectividad cercano al que consideran debe tener cualquier persona en cualquier lugar.

Lejos de las posibilidades económicas de tener un móvil con suficiente saldo para mandar mensajes, hablar un par de minutos y revisar las redes sociales al menos una vez al día, estos jóvenes han optado por la única vía que han encontrado de garantizar un sueño que se hace importante entre los bisoños de hoy en día: la necesidad de comunicarse digitalmente.

Este artículo es de hace 1 año

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José Roberto Loo Vázquez

Periodista de graduación, y fotógrafo de pasión, dos historias que se entremezclan y atrevidamente me hacen llamarme fotoreportero. Si sumamos mi amor, por la ciudad de Santiago de Cuba, no es difícil entender mi preferencia: fotoreportero que gusta resaltar su urbe natal, la “tierra caliente”.

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