“Me duele Cuba, pero el dolor lo he relativizado para poder seguir viviendo”, confiesa el científico Eduardo López Collazo

“Yo soy de los que busca consenso, de los que tiende puentes, de los que le gusta escuchar a todos para escoger lo mejor de cada casa”, apunta el investigador cubano que reside en España.

Collage con captura de pantalla de TeleMadrid e imagen cortesía del entrevistado
Eduardo López Collazo (i) y su libro ¿Qué es el cáncer? Foto © Collage con captura de pantalla de TeleMadrid e imagen cortesía del entrevistado

Este artículo es de hace 2 años

Eduardo López Collazo (Jovellanos, 3 de julio de 1969) es director científico e investigador del Instituto de Investigación Sanitaria IdiPaz de Madrid, un centro puntero en Europa en la lucha contra el cáncer. Estar al frente de 1.400 de los mejores científicos españoles no le ha hecho perder el norte. Saca tiempo para hacer deportes, viajar, cocinar, ir al cine, amar y, sobre todo, sonreír con una ternura casi infantil que no le ha arrebatado ni la emigración ni el tiempo.

Eduardo López Collazo. Foto: Cortesía del entrevistado.

El diario español El Mundo lo ha incluido un año más en la lista de las 50 personas LGTBI+ más influyentes de España, junto al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, el cineasta Pedro Almodóvar, el modelo Jon Kortajarena, el bailarín Nacho Duato, el político conservador Javier Maroto (del Partido Popular) o el diseñador Lorenzo Caprile.

Por si fuera poco, su libro “¿Qué es el cáncer?” ha sido recomendado por El País esta semana como uno de los diez libros de temática “terrible” que es un placer leerlo. Conclusiones: Eduardo López Collazo es cubano y muy completo.

Con CiberCuba ha hablado sobre sus éxitos, sus arrepentimientos, su familia, sus aficiones y de Ismael, su pareja, “su roca”.

Hace un año lo entrevistábamos en este portal y le preguntábamos por la posibilidad de que lo nombraran ministro (en España, claro está). Al líder liberal español Albert Rivera (Cs) le llamó la atención que López Collazo dijera que España no está preparada para un ministro inmigrante. Hoy piensa que con el nivel de crispación que vive el país, ese día está aún más lejos y su perfil puede que no interese. Él no es de los que excluye sino de los que escucha para sacar lo mejor de cada casa. Es de los que busca el consenso y tiende puentes.

¿Qué olores recuerda Eduardo López Collazo de su infancia en Cuba?

El olor a hierba fresca luego de un aguacero.

¿En algún momento de su niñez pudo imaginarse que llegaría a ser el científico que es hoy?

Siempre lo soñé y creo que mi vida estuvo marcada por ese sueño. ¡Cuidado! Los sueños, a veces, se hacen realidad.

¿Cuándo mira hacia atrás, qué pasos le gustaría no haber dado?

No me arrepiento, esencialmente, de ninguna de las cosas que he hecho. Sin embargo, de volver atrás seguro que haría algunas cosas de manera diferente. Creo que trataría de aprovechar más el tiempo, aprender más de algunas situaciones y personas, no entretenerme en inutilidades, decir más “te quiero”.

¿Suele echar la vista atrás o Cuba es sólo el pasado?

Cuba es un lindo recuerdo. Pocas veces me asaltan los demonios de los malos momentos que, de hecho, fueron muchos. Diría que demasiados. He filtrado lo mejor y me quedo con la esencia destilada. Eso es: mi infancia de explorador en un pueblo llamado Jovellanos, la biblioteca de aquel sitio, las conversaciones con mi madre, los tiempos exquisitos de la universidad, el mundo cultural de La Habana que viví, mis amigos de entonces y aquellos sueños que enriquecía con lecturas de novelas que, definitivamente, me trazaron el camino.

¿Cómo se consigue ser una persona normal estando al frente de más de un millar de científicos talentosos?

¿Pero soy normal? (Risas). Lo primero es no creérselo y relativizar el puesto. Luego recordar que existe una vida rica, en mi caso sabrosa, fuera de la dirección de un instituto de investigaciones como el que dirijo. No permito saltarme mis rutinas que consisten en estudiar, leer, hacer deporte, mucho cine, ballet y ópera, mi grupo de amigos y, por supuesto, mi pareja que es mi pilar, como diría Obama: mi roca. La inteligencia emocional hay que gestionarla al máximo, los científicos, talentosos o no, tienen un ego enorme, son como los artistas. Dirigir un centro de investigaciones implica afrontar, con delicadeza, esos egos que en ocasiones son desmedidos.

La cocina es una de sus pasiones. ¿De quién heredó el don de cocinar?

Seguro que estás esperando que diga que de mi madre. Pero no es así. Mi madre tenía miles de virtudes pero en la lista, la cocina destacaba por su ausencia. A veces se le olvidaba echarle sal al arroz y otras hacía un dulce sin azúcar. Si te soy sincero, en mi casa se comía fatal. Ya de adolescente, cuando empecé a interactuar con otras familias, me percaté de que existían los sabores y se podían hacer combinaciones asombrosas. Eso despertó mi interés por la cocina que fue creciendo con la edad y las experiencias vividas. Para mí una receta es como un experimento y la cocina, un laboratorio.

¿Cuál es su plato cubano favorito? ¿Cuál es el que le queda mejor?

La vaca frita con arroz congrí, plátanos maduros fritos y yuca frita. Una bomba calórica en toda regla. En Madrid hay un restaurante que se llama Borax, en pleno barrio de Chueca, que cuando me ven entrar ordenan este plato y me ponen una malta fría… sin preguntarme.

Sabes qué sucede, yo aprendí a cocinar fuera de Cuba. Recuerda que me fui joven. Esto quiere decir que mis versiones de platos cubanos son muy adaptadas a Europa y, por otra parte, modificadas. El plato estrella es el arroz con pollo, con un ingrediente secreto que no te diré.

Hace poco el diario El Mundo le volvió a incluir en la lista de los 50 personas LGTBI+ más influyentes de España. Ha ascendido al número 11. ¿El año que viene entrará en el top ten?

La primera vez que salí en la lista entré directamente en el top ten. Era el número 8, así que ya he estado (Risas). Siempre pienso que es casi un milagro que esté en la lista y me haya mantenido. Los científicos no somos considerados cool, sexy y ese etcétera que reclaman los medios. Por eso agradezco la sensibilidad que tiene El Mundo con la ciencia. ¿El año que viene? Quién sabe. 

En una entrevista anterior que le hizo CiberCuba le preguntábamos cuál sería su respuesta si le propusieran ser ministro. A Albert Rivera, el líder de Cs, le gustó que usted cuestionara si España está preparada para tener un ministro migrante. ¿Está preparado usted para ser ministro? ¿Le colgaría el teléfono a algún partido?

Sigo pensando lo mismo, España no está preparada para un ministro de migrante, ojalá me equivoque. Para ser ministro se necesita conocer y tener sensibilidad con lo que se va a dirigir, tener una formación adecuada además de capacidad de liderazgo y comunicación. Valóralo ¿crees que tengo esas cualidades? De cualquier manera te aseguro que ahora mismo tengo un perfil demasiado transversal como para que un partido político se fije en mí. El nivel de crispación en España está llegando a valores preocupantes y yo soy de los que busca consenso, de los que tiende puentes, de los que gusta escuchar a todos para escoger lo mejor de cada casa. Hoy se quiere a personas que se casen con tres líneas y no se salgan del libreto, eso es ser un mal actor.

Los mejores críticos de la prensa española han caído rendidos a los pies de su libro sobre el cáncer. ¿Esperaba este éxito? ¿Está escribiendo algo más?

Siempre cuento que cuando me presentaba a un examen estaba seguro de que sacaría la mejor nota. Así lo intento todo. Si lo hago es para que salga perfecto. No obstante, sabiendo que era un desconocido en el mundo editorial y que el tema del libro era “terrible” no soñé con el éxito que está teniendo. Lo primero ha sido la repercusión mediática, luego la opinión de los lectores y ahora los críticos.

Hace unos días El País hizo una lista de los doce libros de temática terrible que es un placer leerlos y allí está el mío junto a autores como Jean Genet, Dostoievski, Celine y Bukowski. De hecho, de los doce escogidos soy el único que escribe en español. Esto, de verdad, no lo esperaba.

Sí, estoy escribiendo el segundo de la trilogía que llevará por título: ¿Qué es el VIH? Tendrá el mismo formato de ¿Qué es el cáncer? Es decir, una especie de novela corta donde, además se aprende. Te puedo adelantar que contaré dos historias en el libro, una en La Habana y otra en Madrid, para no olvidarnos de todo lo ocurrido cuando el VIH irrumpió en estas ciudades.

¿Está al tanto de lo que ocurre en Cuba? ¿Le duele Cuba?

Sí y no. Es decir, estoy al tanto de lo que ocurre en Cuba pero no sigo el día a día de la Isla de manera compulsiva. Salí de allí hace casi un cuarto de siglo, he vivido fuera la mitad de mi vida.

Por supuesto que me duele Cuba, allí se desarrolló mi infancia y parte de la juventud. Pero el dolor lo he relativizado para poder seguir viviendo y ser feliz aunque sea lejos de mi familia biológica y los escenarios que me vieron crecer.

Si las cosas cambiaran, ¿se plantearía un futuro en Cuba, lejos del Madrid que tanto ama?

El futuro es caprichoso, quién sabe lo que sucederá. En mis planes no está abandonar Madrid y sería doloroso tener que enfrentarme a otro exilio. Ojalá que las cosas en Cuba cambien a mejor, ojalá se quiera mi aportación de alguna manera… son muchos ojalá, ¿no?

A usted se le ve enamoradísimo. ¿Podría vivir sin amor?

¿No sé por qué lo dices? (risas). Desde muy joven tuve que llenar el vacío que deja no tener cerca la familia. Lo hice abrazando a los amigos y fortaleciendo la pareja. Ya lo dije, mi pareja es mi roca, el sitio seguro donde vuelvo cada día. A Ismael lo cuido más que a mí mismo. Es la familia con la que cuento para celebrar y para llorar. Sin amor, al menos yo, no sé vivir.

Eduardo López Collazo y su pareja Ismael. Foto: Cortesía del entrevistado. 

Si volviera a nacer, ¿dónde le gustaría abrir los ojos?

Sin lugar a dudas, en Cuba. Fíjate que todo lo he tenido más complicado por no ser español y europeo de nacimiento. Por lo general he tenido que demostrar el triple que un nativo. Pero haber nacido en aquella Cuba me hizo fuerte, me dio una visión diferente, me ha hecho valorar con creces cada logro… ¿quieres que te repita lo que reza en la firma de mi email? "... ser cubano significa no darle importancia a los obstáculos, los saltas y se acabó el drama"

No podemos cerrar una entrevista con uno de los científicos que más sabe sobre el cáncer en España sin lanzar la pregunta del millón: ¿cuánto nos queda para que el cáncer no sea mortal? ¿Su vida sería redonda si consigue dar con la solución? ¿Lo intenta?

Con los datos en las manos y viendo la progresión de la ciencia, si las cosas no se tuercen por una guerra o una crisis desproporcionada, esta generación verá el día en que el cáncer no sea mortal.

Es mi sueño poder aportar un grano de arena pivote en este propósito… ¿Qué si lo intento? Cada segundo.

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Tania Costa

(La Habana, 1973) vive en España. Ha dirigido el periódico español El Faro de Melilla y FaroTV Melilla. Fue jefa de la edición murciana de 20 minutos y asesora de Comunicación de la Vicepresidencia del Gobierno de Murcia (España)

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