Judoca cubana Ileana Beltrán Foto © Cortesía de la entrevistada

Ileana Beltrán: "En mis tiempos el judo poseía tal nivel que viajaban dos equipos por sexo"

Este artículo es de hace 1 año

De la época dorada del juego (f) cubano, Ileana Beltrán formó parte de aquel legendario equipo de las guerreras del General Veitía. Al ver su nombre en Facebook, no dudé un momento en contactarla para entrevistarla para Cibercuba.

Hoy día, convertida en una bellísima mujer, trabajadora del recién inaugurado Hotel Manzana de la capital cubana, accedió a nuestro diálogo, que finalmente tuvo por escenario al Hotel Parque Central, donde fuimos atendidas como reinas.

Allí, la 'jabá' de las guerreras, con sus espectaculares ojos verdes cual faroles que dan paso en la vía, comienza a hablar de su vida.

“Soy habanera nata del barrio de Cayo Hueso. Nací el 24 de mayo de 1971, hija de Zaida y José, y tengo cuatro hermanos. Mi felicidad mayor es ser madre de mi guapísimo Dasniel, quien a sus 14 años se inclina por el baile; él forma parte de la compañía Iberodance que dirigen Laura Hernández y Andrés Barreiro”.

O sea, Ileana, el niño siguió tu primera inclinación que fue bailar. ¿O me equivoco?

“No, así es. A mí siempre me gustó bailar; el deporte vino después. Estaba yo en la Escuela Primaria Salvador Allende, era la defensa organizadora del equipo de básquet, deporte que me dio el aval para matricular en la EIDE Mártires de Barbados del Cotorro. El que me descubrió fue el profe Eliecer Oramas”.

Pero, aunque las bases no necesitan ser tan altas, me imagino que para ti fue un hándicap tu estatura normal.

“En efecto, inmediatamente me cambiaron para el atletismo con el profesor Amador, con quien estuve un año, todo el octavo grado, practicando carreras de velocidad y lanzamiento de jabalina. Pero tampoco di la talla. Entonces, para concluir el noveno en la EIDE, por embullo también, entré al tatami.

“Oscar Veitía, hermano del maestro Ronaldo, fue mi primer entrenador de judo. Él me enseñó el ABC de una disciplina para mí desconocida hasta entonces y que comencé a amar. Fue así que participé en mis primeros y únicos Juegos Nacionales Escolares y ¿quién te dice?, me agencié la corona en la división de los 61 kilos, aunque yo competía con menos peso corporal.

“Por esa actuación, y por mi buen desenvolvimiento en la preparación, fui captada para la ESPA nacional que radicaba en Playa. En esos momentos, las bisoñas entrenábamos y topábamos con el equipo nacional”.

¿Ahí fue donde impresionaste al profesor Veitía?

“Sí, con apenas 15 años, en 1985, el Buda cubano me captó para la selección principal. Con él estuve once, pues me retiré en 1996”.

¿Aceptaste bien el cambio generacional?

“Sabes que no es lo mismo adentro que desde afuera. Allí me encontré las primeras figuras de ese momento: doña Estela Rodríguez, Cecilia Alacán, Martiza Pérez, Susana Caballero, Cecilia Hernández, Florentina Quintana, quienes fueron las pioneras, las que dieron paso al gran equipo que vendría después y del cual yo me enorgullezco de haber formado parte”.

Tú traías una buena base; sin embargo, nadie discute el papel de Ronaldo Veitía con ustedes. ¿Qué es el General de sus Guerreras para ti?

“Era tantas cosas! Padre, maestro, amigo, entrenador. ¡Era todo para mí! Con él aprendí toda la técnica del judo, recibí lecciones de vida que pongo en práctica a diario. Sus enseñanzas me sirven hoy día con mi hijo. ¡Nos educó para ser madres, esposas, profesionales!

¿Qué anécdotas, tantas pienso yo, animaron tu estancia en el Cerro Pelado?

“Muchacha… nosotras teníamos que concluir el entrenamiento matutino a las doce del día, almorzar entre esa hora y las 12:30 y a esa hora había que estar en el tatami para descansar. Si te demorabas un minuto, tenías que correr ¡15 pistas!”

¿Cuántas corriste tú?

“Jajaja. Fueron tantas que no recuerdo. Por eso le tengo fobia a correr. En la actualidad yo hago ejercicios, cualquier tipo de ejercicios…¡menos correr!”

Me picó la curiosidad y le pregunté al profe sobre su antigua alumna.

“Ileana Beltrán era una atleta de fuerte carácter, muy corajuda; mantiene una amistad conmigo y mi familia. Me alegro mucho de su buen desempeño en su trabajo y la excelente educación que le da a su hijo”.

Veiti, ¿y de las pistas qué me dices?

“Fácil: yo ponía dos pistas por minuto tarde, si ella corría 15, ¿cuántos llegaba tarde? Jajá. Pero después se redimía en el entrenamiento y era una figura en la selección: guapa, técnica, bronce mundial. De las buenas que conduje en mi vida”.

Excelente la valoración del Buda. Volvemos con Ileana. ¿Cuándo haces tu debut internacional?

“Fue en Panamá, en una preparación rumbo a los Juegos de la Amistad que se desarrollarían en Bulgaria. Del Itsmo nos fuimos a una triangular en Venezuela. Este preámbulo competitivo y preparatorio me valió de mucho pues gané los 66 kilos en los Juegos búlgaros”.

Tu división en aquel entonces y siempre, por cierto, era durísima, pues a Susana Caballero la sustituyó nada menos que la que fuera en 1992 titular olímpica de Barcelona, Odalys Revé.

“Efectivamente, cuando me suben a la primera escuadra éramos Odalys y yo en el peso, pero a ese monstruo del tatami no le ganaba nadie, y fue entonces que el profe Veitía hizo una de sus geniales maniobras al bajarme a mí a 61; yo tenía sólo 18 años, podía admitir bien la rebaja del peso”.

¿Quién estaba en 61?

“Mariela Gener, una judoca muy fuerte pero que no alcanzó grandes resultados, por lo que me adueñé de la división, en la cual me mantuve por una década”.

Pero si hablamos de monstruos, un poco después subió al equipo la mejor judoca cubana de todos los tiempos, Driulis González, en esa misma división.

“Sí, pero de nuevo el Buda jugó ajedrez con nosotras, movió magistralmente sus piezas y aprovechando la juventud de la guantanamera la bajó a los 56 kgs”.

Precisamente, siempre se ha dicho que esas divisiones mencionadas son las más difíciles pues son las más pobladas en el planeta, ¿cuáles fueron tus grandes rivales en tu época?

“Uff. Muchas… La estadounidense Claudia, la venezolana Xiomara Griffith, la japonesa Emoto, la isaraelita Yael Arad, la francesa Cathérine Fleury-Vachon, la holandesa Jessica Gal y, por supuesto, la excepcional belga Vandecaveye. Éstas, junto a otras grandes de Canadá y Sudcorea. O sea, ¡muchas! Obtener medallas en mi época era algo muy difícil”.

La 'jabá' sonríe; sus bellos ojos verdes trasmiten añoranza por el tatami, por esos tiempos ya pasados, y pienso que es hora de hablar de sus resultados durante su carrera.

“En cuanto a juegos múltiples, soy dos veces campeona panamericana, en Habana 91 por ippon sobre la representante estadounidense en la final, y en Mar del Plata 95, en buen combate por el oro sobre la canadiense. En los Panamericanos del deporte obtuve 5 medallas de oro.

“En los Centrocaribes de Ponce 93 quedé en bronce pues discutiendo el pase a la final con la Griffith, se me partió un ligamento en el dedo pulgar y no pude seguir. Recuerdo que al regresar fui operada por el profesor Rodrigo Álvarez Cambras, ese prodigio de la ortopedia cubana que a tantos deportistas devolvió a su accionar diario”.

Antes de hablar de los Juegos Olímpicos, ¿qué me dices de los Mundiales?

“Sabes que fui tercera en el Mundial de Hamilton, Canadá. Perdí el pase al oro en los 61 kilos ante la israelita Yael. Después, en el 1995, fuimos campeonas por equipo en el certamen del orbe en Tokío, Japón. Además quedamos terceras en el Mundial Universitario de Fukuoka, también en Japón”.

¿Y en Juegos Olímpicos?

“Tuve dos experiencias, en Barcelona 92, que marcaba el debut del judo (f) en citas cuatrienales, y en Atlanta 96, y en ambas finalicé en el séptimo peldaño. No logré mi sueño de alcanzar el podio olímpico pero luché y entrené para ello; además, estoy muy orgullosa de haber formado parte de un equipo de campeonas, de grandes figuras del judo mundial, dirigido por Ronaldo Veitía”.

¿Tienes alguna anécdota en particular que quieras contarnos?

“Pues mira sí, porque es bueno que las nuevas figuras conozcan qué sucede en las competencias. Por ejemplo, en Barcelona, yo era muy jovencita y mi inexperiencia me condujo a no prestarles toda la atención a las indicaciones de Veitía, quien me orientaba hacer una técnica, y yo no lo hacía”.

¿Por qué?

“Sencillamente, no me salía, no podía ejecutarla”.

¿Y en Atlanta?

“Ahí yo llevaba pronóstico de medalla, pero por esas cosas de la vida (que hoy me recrimino) me confié ante una desconocida, que luego no me pudo arrastrar en el repechaje, pues perdió su siguiente combate, y ahí se esfumaron mis esperanzas. ¿Culpa de quien? Total y únicamente mía.

“Esto me costó la salida de la selección nacional, pues antes de que del profe Veitía me aplicara una drástica medida (con toda su razón), yo me adelanté y pedí la baja”.

¿Qué opinas de eso, él se hubiera precipitado, tú aún eras muy joven?

“No, me tocaba. Competí mal. Mi calidad, mis resultados del año eran para más; fue mi mejor temporada. Tenía de todo para, al menos, llegar al podio. Sé que son cosas del deporte pero para mí fue imperdonable.

“Tú sabes lo extenso que suele ser el programa internacional del judo: torneos como el Villa de París, los Abiertos de Alemania, Italia, España, que en la actualidad se han convertido en Torneos Grand Prix y confieren puntos para el ranking mundial que te clasifican para los grandes eventos.

“Pues yo, en 1996, había ganado medallas en todos, incluso, fui la campeona en el fortísimo Villa de París y en el Open de Alemania, además de ganar el Campeonato Nacional y el Internacional Yudoguis Dorados. ¡Ése era mi año!”

Yo recuerdo aquello como si fuera hoy. Cuando se hablaba del judo cubano para Atlanta, los nombres de Estela Rodríguez, Driulis González, Amarylis Savón e … ¡ Ileana Beltrán! se ubicaban en el podio. Lamentablemente, la 'jabá' no corrió con la misma suerte, y por falta de calidad, no fue.

¿Y qué hiciste después de Atlanta?

“Me retiré del deporte activo y en 1997 empecé a trabajar en SEPSA (Servicios Especializados de Protección para Empresas). Me especialicé en servicios de circuitos cerrados de televisión. Ahí llevo 19 años.

“Por SEPSA trabajé en varios hoteles de la capital, como éste donde nos encontramos, el Parque Central. Ahora laboro en lo mismo, pero en el Manzana Kempinski”.

¿Nunca quisiste entrenar a figuras jóvenes?

“Yo soy profesora de Educación Física, o sea, graduada de la EPEF. No quise estudiar más, por tonta, me arrepiento de ello. Con 48 años me doy cuenta de mi error. Por eso hago énfasis en la educación de mi hijo. O sea, aunque quisiera no podría ser entrenadora a un primer nivel”.

¿Estás realizada, eres feliz?

“Sí, tengo a mi hijo que es mi vida, mi oxígeno, mi todo, mi Talón de Aquiles. Es un niño maravilloso, estudioso, buen hijo. Logré mi sueño de salir de Alamar y ahora vivo en el popular barrio de Centro Habana, Los Sitios”.

¿Los Sitios?

“Sí, no pongas esa cara. Me quité la transportación de encima, la lejanía, vengo a pie a mi trabajo. Ya sé que es un poco conflictivo pero yo vivo dentro de mi casa, no tengo problemas con nadie. ¿Tú sabes lo que es no sufrir con el irritante transporte? ¡Por favor!”

La miro y vuelvo a pensar en lo poco que se le da al deportista cubano. Es cierto que se entregan autos a los campeones de grandes competiciones pero ¡no basta! Siempre he dicho que es mejor ganarlo y no que te lo regalen, ¡en fin!

Ileana, ¿tu equipo Cuba Todos estrellas cuál es?

“Eso no se piensa, las Guerreras del General Veitía como nos bautizaste tú. 48 kilos: Amarilys Savón; 52, Legna Verdecia y Maritza Pérez; 56, Driulis González; 66 kilos, dos campeonas olímpicas Odalys Revé y Sibelis Veranes; 72, Diadenis Luna y en más de 72, Idalys Ortíz, Estela Rodríguez y Daima Beltrán”.

¿Actualidad en el judo cubano?

Estoy conforme con los resultados en los Panamericanos de Lima. América siempre ha poseído grandes judocas y alzarse con cinco títulos dorados, amén de las medallas de otros colores que siempre son buenas, me llena de regocijo y esperanzas para Tokío 2020.

“Felicidades para nuestra insigne campeona olímpica Idalis Ortiz en más de 78 Kg y la 63 Maylín del Toro, y para Iván Silva en los 90, Magdiel Estrada, 73, y Andy Granda en +100 Kg.

”Aunque, y que me perdonen, como el profesor Veitia, nadie. Su disciplina, exigencia, control, sistema de entrenamiento, nadie ni nada. Ahora ganamos dos divisiones, y en una de ellas, una extraclase mundial como Idalys, quien va por su cuarta medalla olímpica en Tokío. Antes nos imponíamos en casi todas. Soy categórica en decir que como nuestro Buda, nadie.

“Por supuesto, hay que darles oportunidad a los actuales preparadores, algunas alumnas de él, y teniendo en cuenta que nada es eterno y el profe Veitía tiene derecho a vivir su retiro”.

Yo me uno al sentir de la Beltrán; o sea, tengo fe en el actual equipo técnico, tanto niñas como varones, pero nunca olvido a ese Buda que tantas y tantas glorias nos dio.

Pudiera ser Lima el comienzo de un resurgir del judo cubano en la arena internacional, aunque aún falta mucho por trabajar, sobre todo en el femenino. En el masculino, Yordanis Arencibia, doble medallista de bronce olímpico, viene haciendo un maravilloso papel como entrenador. Ahí están los resultados.

“En mis tiempos, el judo poseía tal nivel que viajaban dos equipos por sexo, a eventos por el mundo. Ahora cuesta trabajo formar uno. Pero podemos lograr más con jóvenes talentos en los que incluyo a Kaliema Antomarchi de los 78 kilogramos, a la propia 63 Maylín del Toro y a la 48 Naomi Chala”.

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Julita Osendi

Graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana 1977. Periodista, comentarista deportiva, locutora y realizadora de más de 80 documentales y reportajes especiales. Entre mis coberturas periodísticas más relevantes se hallan 6 Juegos Olímpicos, 6 Campeonatos Mundiales de Atletismo, 3 Clásicos

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