Portada de los libros recientes de Ramón Fernández-Larrea Foto © CiberCuba

"Yo conocí a mi país de lejos", confiesa el escritor y humorista cubano Ramón Fernández-Larrea

En 1995 Ramón Fernández -Larrea, escritor, guionista y humorista cubano, salió de Cuba rumbo a España para no volver. Se estableció en las Islas Canarias y comenzó a vivir los efectos del desarraigo del emigrante, aunque repitiendo la maldita circunstancia del agua por todas partes.

En noches de nostalgias escribía cartas que, rozando la ironía, invitaban a repensar la Historia de Cuba y añoraban un país que le había sido vedado. Construía su propio universo de lo cubano partiendo de la desacralización y la risa.

Ramón y su esposa deciden dar un paso más para alejarse de Cuba, si aquello era posible, y se establecen en Barcelona. Sin embargo, el destino te persigue doquiera que estés y la ciudad condal comenzó a mostrarles que Cuba no estaba tan lejos, es un fantasma que nos persigue y se proyecta en los momentos más desconcertantes.

Recientemente, en la Feria del Libro de Miami, el hombre aquel del Programa de Ramón que tantas risas robaba desde la radio a los cubanos ha publicado dos libros que fueron gestados en su paso por España. Sobre esto hemos conversado.

Cuba a la carta es un compendio epistolar que contienen un fino humor. ¿Cómo consigues el arte de sacar la sonrisa reflexiva antes que la carcajada hueca?

Hay de todo. A mí me gusta más la sonrisa reflexiva que una carcajada.

Lo que da risa es el ridículo humano. Cuando uno se cae no mira si se hizo daño. Uno mira en derredor para ver si alguien lo vio caer. Ahí está la sonrisa reflexiva, en darte cuenta de las idioteces, carencias y exageraciones del ser humano.

 Dicen que el humor no es más que distorsionar un poco la realidad. Viene con las personas, pero también se pule, se estudia y se practica. A veces lo logras y a veces no. Pero si no buscas el chiste por el chiste, sino que la persona se mire por dentro o se vea reflejada, encuentras una complicidad, una vergüenza, una complicidad avergonzante.

Ramón Fernández-Larrea en Feria del Libro de Miami / Cortesía para CiberCuba

El humor necesita referencias. Si hablas de algo que la gente no entiende, no hay referencia. El humor hace pensar, siempre es inteligente y esa inteligencia está en ser entendido.

Yo empecé a hacer humor en la radio, un humor de sonidos. No te puedes apoyar en casi nada, por lo que debes ser más efectivo, sintético. Son sonidos, así que el color y los gestos están en los tonos de la voz y de los efectos.

Al llegar a Barcelona comencé a hacer humor en prensa plana, escrito. De alguna manera tenía que ver con los guiones, pero eran para leer y sonreír. Aquí empezaron las cartas de Cuba a la carta, en estas columnas que hacía para Cubaencuentro.

En Miami comencé un nuevo reto, humor para televisión.

¿Cómo conectar en Miami con un público que tiene un modo de consumir la cultura cada vez más complejo?

Miami, como ciudad de exiliados, se ha demonizado. El gobierno cubano se ha encargado durante mucho tiempo de demonizarla. La academia norteamericana, los europeos, incluso mucha gente que vive en Miami piensa que es una cloaca, pero este “pueblo” tiene de todo.

Es una concepción diferente de la ciudad. Miami es muy grande. Aquí viven los mejores pintores y escritores, sin embargo, no nos vemos. Es una mezcla de culturas, una ciudad de contrastes.

Empecé a plantearme estas cosas precisamente cuando comencé a escribir estas columnas que hoy son Cuba a la carta, porque la emigración cubana ha tenido muchas etapas y las referencias cambian.

Aquí tienes que cambiar tu lenguaje. Miami te abre los horizontes y te enseña a no parcializarte.

Kabiosiles. Los músicos de Cuba, tu otra obra presentada en La Feria del Libro de Miami, es una reverencia a la música popular tradicional cubana, un tema sobre el que se ha escrito mucho. ¿Qué sentías que faltaba?

Cuba a la carta es un libro escrito para cubanos. No es un libro que entendería muerto de risa un colombiano. Sin embargo, si presentas Kabiosiles. Los músicos de Cuba en Colombia mucha gente sí lo va a entender, porque la música cubana asombró al mundo.

Esos músicos se regaron por toda América, giraron y dejaron un recuerdo en estos países. Si te pones a mirar por la Sonora Matancera pasaron puertorriqueños, colombianos, argentinos, hasta Martha Jean-Claude, haitiana, tocó allí.

Ramón Fernández-Larrea en Feria del Libro de Miami / Cortesía para CiberCuba

Kabiosiles. Los músicos de Cuba es una reedición ampliada. La edición que tuvo en Barcelona es muy bonita, pero no tenía fotos. Esta nueva sí y te permite recordar los rostros, de Benny Moré y otros que aparecen aquí.

El tono en que está escrito los Kabiosiles es un tono poético. Son semblanzas poéticas, retratos emocionales de músicos cubanos, porque yo quise contar cómo habían llegado a mí esos músicos y su música. 

 A algunos los conocí, esos fueron los primeros Kabiosiles que escribí: Barbarito Diez, Fernando Álvarez, Benny Moré. Los demás me fueron llegando, me fui acercando a ellos buscando a Cuba. Yo conocí a mi país de lejos, que es como se conocen las cosas mejor.

Aquí hay unas historias que son también la historia de mi país. Más allá de las historias heroicas que estamos saturados de eso. Cuba era un país pequeño que se empobreció varias veces, pero volvió a resurgir y la música estuvo detrás como telón de fondo.

En este título das protagonismo a un término yoruba, kabiosile, que es el saludo habitual a Changó. ¿Tratas el vínculo entre creación artística y religión en este libro?

No, aunque es verdad que muchos de estos artistas tenían esto de lo que habla Fernando Ortiz que es el sincretismo. Muchos eran católicos y a la vez abakuá, por ejemplo, Chano Pozo era abakuá. Sin embargo, respetaban otras creencias.

Había quienes coqueteaban con la santería y el panteón yoruba. Iban a una procesión y le ponían flores a San Lázaro y a Babalú Ayé. Eso estaba en la música cubana, porque en la música cubana a partir de la década de 1920 comenzó a salir el dolor del negro cubano.

Ramón Fernández-Larrea, junto a Enrisco (prologuista de su libro) y Gustavo Fernández-Larrea / Cortesía para CiberCuba

Grenet musicalizó los Motivos del Son de Guillén, que son otra vertiente de esto. Hubo músicos como Caturla y Lecuona que empezaron a darle forma a los cantos que venían del negro esclavo que tuvo que disfrazar sus creencias.

No hablo específicamente de estos temas, pero están ahí, en lo que cantaron y en lo que hacían. Kabiosile es un saludo, una alabanza, Kabiosile Changó. Es como decir “¡Que grande eres!”. Yo veo a estos músicos como quienes llevaron el nombre de Cuba por el mundo, quienes dieron a conocer el país, de ahí que haya elegido este saludo.

Kabiosiles. Los músicos de CubaCuba a la Carta son proyectos iniciados en Barcelona. ¿Qué te aportó la experiencia de vida en “la ciudad condal” para tu proceso creativo?

En Barcelona yo encontré dos trabajos que me obligaban a conocer mi país y dárselo a conocer a las personas. Las columnas que escribía para Cubaencuentro estaban escritas para cubanos, porque Cubaencuentro era la extensión cibernética de la Revista Encuentros de la Cultura Cubana.

El programa de radio Memoria de La Habana que hacía en la Emisora Gladys Palmera, en Barcelona, me obligó a compartir el asombro de conocer a los músicos cubanos que presento en Kabiosiles.

La ciudad de Barcelona está llena de señales de músicos cubanos. Estaba el bar donde cantó Machín por primera vez al llegar de Francia y otras cosas así. Barcelona está llena de historias que tenía que ir escarbando.

Yo estudié una carrera por obligación para librarme del servicio militar en Cuba. Estudié en el Destacamento Pedagógico, la asignatura de Historia, que siempre me gustó. No me gradué, pero me dio las armas para investigar. De pronto se convirtió en mi vocación, en mi trabajo. Agradecí ese vínculo con la ciudad.

Había hecho radio en Cuba, siempre hice radio, pero no hablaba, escribía y dirigía. En el Programa de Ramón hacía incluso voces, pero el peso lo llevaban actores como Ulises Toirac o Luis Alberto García. En mi primera entrevista en Barcelona, en Radio Gladys Palmera, me propusieron hablar directamente, en cubano, siendo yo mismo. Eso me dio confianza y el amor por hacer radio.

En el prólogo de Kabiosiles. Los músicos de Cuba encontré un maravilloso hilillo que me llevó a Bayamo. ¿Queda algo de Ramón Fernández-Larrea en aquella ciudad de Cuba?

Quedan grandes amigos de la infancia, aunque la mayoría están aquí en Miami. Seguimos manteniendo esa relación de cuando éramos niños. También recuerdos con mi hermano.

Queda todo lo que uno aprendió, lo que deseó y lo que nos formó. Los momentos con mi padre y mi madre, la vida tranquila en la ciudad en que la gente vivía con las puertas abiertas, los carnavales, las mujeres y las muchachas bonitas.

Queda la música que se escuchaba en mi casa todo el día. En mi casa parecía que vivía Elena Bourke, Los Zafiros, Benny Moré, Fernando Álvarez, Fernando Albuerne, Luis Aguilé, un argentino que descubrí en mi casa y luego por el mundo, en España.

Ramón Fernández-Larrea / Cortesía para CiberCuba

Es el retorno a la inocencia, a lo que uno quiere conservar que es lo más bonito que a uno le ha pasado, esa cosa de cómo empezaste a descubrir el mundo.

Yo tuve una etapa en la que sentí mucha nostalgia de mi pueblo y después se me quitó, gracias a Dios, porque me hubiera encerrado y me hubiera vuelto un provinciano total.

En España cuando los amantes de la izquierda mundial que veían en Cuba el mejor de los mundos posible me preguntaban ¿por qué te fuiste? yo les decía: mira pasa una cosa, yo nací en el pueblo en que se le declaró la guerra a España.  Se quedaban en silencio y me decían, ¿bueno y qué? Y les respondía: ¡Coño que vine a hacer las paces!

Bayamo es el orgullo de que ahí empezó la historia de independencia y rebeldía por no ser colonia de nada ni de nadie. Una historia que nos ha marcado para bien y para mal. Incluso es una actitud psicológica que a los bayameses nos hace un poco locos y peligrosos, pero bueno...

Dicen que la curiosidad mató al gato, pero no puedo terminar esta entrevista sin preguntarte. ¿Para quién es la próxima carta?

Las últimas cartas las escribí ya estando en Miami en el 2006, cuando cambió toda la dirección de Cubaencuentro y se acabó el proyecto.

No sé si alguna vez retome eso, con esa visión y ese humor. Además, en esas cartas hay un denominador común, siempre hago chistes con Fidel Castro y ya estoy saturado de esa figura. No quiero ni mencionarlo.

De lo que sí puede que haya una segunda parte es de Kabiosiles, porque realmente cuando me plantearon la idea de hacer esta reedición no tuve tiempo de incluir textos sobre figuras importantes que faltan. Están empezados, pero la dinámica y la paz que encontré en Barcelona para escribir, no la tengo aquí. Aún así hay algunos proyectos en marcha, incluso una posible novela.

 

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Gretchen Sánchez

Periodista en CiberCuba. Doctora en Ciencias por la Universidad de Alicante, España. Lic. en Estudios Socioculturales, Cuba.

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