Daysbel Hernández Foto © Captura de video

El cubano Daysbel Hernández viaja del anonimato a las puertas de las Grandes Ligas

Daysbel Hernández entró a un terreno de béisbol por vez primera con 16 años. Natural de Pinar del Río, del poblado de La Coloma, el joven recuerda una prueba de pitcheo en la EIDE (Escuela de Iniciación Deportiva) a la que fue con pantalón y una camisa. Lanzó 83 millas, pero no lo captaron.

La decepción le hizo regresar, esta vez con un uniforme de pelotero, pero sin spikes. Su familia, de procedencia humilde, no tenía dinero para comprarlos. Fue aceptado sin matricularse en la EIDE, por lo que realizaba viajes diarios entre La Coloma y Pinar, alrededor de 20 kilómetros en camión. 

“Tiré en mi último año juvenil. Fue en el Nacional de la categoría. Todavía recuerdo un jonrón que me dio Luis Robert que la sacó del Guillermón Moncada de Santiago de Cuba”, dice mientras nos encontramos en la localidad de Pembroke Pines, al norte de Miami.  

Han pasado siete años y lo que parecía un producto salvaje aspirando a ser lanzador de los Vegueros de Pinar del Río, ahora es un prospecto de relevancia dentro de la organización de los Bravos de Atlanta, considerado el número 20 en la lista de los mejores 30 talentos de MLB Pipeline.

La madre de Daysbel falleció en 2014.

Luego de dos temporadas en Series Nacionales emprendió un incierto viaje a México, pero su brazo como su cuerpo fueron fortaleciéndose y convenció a los scouts con una recta superior a las 95 millas. En 2017, los Bravos lo firmaron por un bono de 190.000 dólares.

Nos vemos una mañana. Comienza las rutinas de las pesas en el LA Fitness más concurrido de Pembroke Pines. Entrena junto a Rusber Estrada, un cátcher venezolano que conoció en la sucursal de Rome Braves, en el nivel de Clase-A media de las Ligas Menores. 

“Tiene un potencial enorme”, dice Estrada sobre Hernández.

A sus 23 años, Hernández no ha cambiado mucho de cuando lo conocí una tarde en el estadio Sandino de Santa Clara. En aquel tiempo comenzaba los calentamientos del brazo a toda máquina. Al punto que Vladimir Baños, pitcher experimentado de más de 15 temporadas, le dijo: “Guajiro, calienta suave que no vas a llegar a los 25 años”.

¿Recuerdas eso? -le pregunto.

El “Guajiro”, también apodado “Jabao”, sonríe. Me confirma que nada ha cambiado mucho. Sigue calentando de esa manera.

“Cuando el brazo se rompe, se rompe, eso no lo controla uno”, asevera.

Estrada realiza rutinas piernas, hombros, pecho y brazos con pesas de más de 100 kilos. Riendo agrega: “Él es así”.

En 2019, Hernández ratificó que su estadía en el béisbol no es una mera anécdota. Él tiene todo lo que necesita para escribir una historia de superación sin igual. Dejó marca de 5-2, 1.71 de efectividad en Clase-A avanzada. Superando ese nivel, la gerencia de los Bravos lo eligió para la mejor Liga de Prospectos del Sistema MLB: la Arizona Fall League, entre septiembre y noviembre pasado. Allí también participaron prospectos del calibre de Omar Estévez, Víctor Víctor Mesa y José Israel García, sumados a los más prometedores de cada organización.

“Cuando llegué aquí fue todo complicado. Uno no tiene con quien hablar. Además del idioma que también afecta la comunicación”.

Nadie conocía a Hernández cuando firmó. Él no lee periódicos ni revistas sobre evaluación de talento. Su mundo es el entrenamiento diario, estirar su brazo lo más fuerte posible, y una vez subido al montículo establece el dominio a golpe de rectas que pasan las 97 millas, silder y slurve (tipo de slider más lenta). Ese es el idioma salvaje del prospecto de 23 años.

“Yo siempre lo he dicho, no es como uno empieza sino como termina”, se refiere a su anonimato.

“Al principio nadie creía en mí, pero poco a poco yo he ido demostrando mi talento. Espero seguir demostrando y que los números salgan por sí solos”.

Por último, nos movemos en dirección a un terreno de High School donde Daysbel lanza alrededor de 30 envíos. Estrada le recibe los pitcheos.

El 2020, según algunos sitios especializados, es el año de arribo a Grandes Ligas de Hernández. En un bullpen de los Bravos de Atlanta, que siempre se halla necesitado de nuevos brazos, la presión de Clase-A avanzada ahora tendrá otro volumen en Doble-A, nivel donde debe comenzar la próxima temporada.

De mantener el dominio, el pinareño de La Coloma, aquel desconocido hasta hace un año, el mismo que no tiene familiares en los Estados Unidos y ha abierto caminos con el don especial de su brazo, estará tocando finalmente la puerta de las Grandes Ligas. Una avenida que sólo pueden atravesar elegidos como Hernández, venciendo la subestimación en silencio, un silencio que pronto escucharán él y todos los demás.

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Francys Romero

Periodista deportivo de CiberCuba. Escritor de Beisbol y periodista deportivo. Primero en reportar el acuerdo Cuba-MLB en diciembre de 2018. Miembro de la BBWAA (Asociacion de Escritor de Beisbol en EEUU). Proximo a publicar un libro sobre la historia de la emigracion del beisbol cubano.

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