Entrada de los estudios Cinecittá, en Roma, rememora una escena de “Casanova” Foto © www.wikipedia.org

En sintonía con el mundo entero, La Habana celebra centenario de Federico Fellini

Hacedor de un cine muchas veces escandaloso, por sensual e individualista, Federico Fellini, nunca se limitó con seguir las tendencias dominantes, más bien fueron sus películas las que dispusieron todo lo que hoy llamarían trending topic, en términos estéticos del cine de autor, europeo y mundial.

La zona más insolente del cine de Fellini será la que se muestre la semana próxima en la Cinemateca, en su sede del cine 23 y 12, dentro de una retrospectiva que ya exhibió sus clásicos La Strada, Noches de Cabiria, La Dolce Vita y Ocho y medio. El espectador que se perdió Satyricon (1970) una película muy poco vista en Cuba, quizás debido a su exhibición de las vergüenzas y placeres bisexuales de la Roma antigua, está a tiempo para ver, la semana que viene, la mucho más accesible Amarcord.

Realizada en 1974, y considerada por muchos su última gran obra maestra Amarcord es una comedia fantasiosa y nostálgica cuyo título se puede traducir como Me acuerdo, y resultó en álbum polifónico de las memorias pueblerinas del autor a lo largo de los años treinta y cuarenta. La narración de los recuerdos está poblada de interrupciones brechtianas (narradores que le hablan a la cámara) e imaginativas rupturas de tono y de género.

La descripción de los personajes pintorescos de Rímini, donde transcurrió la infancia de Fellini, nos habla sobre un pequeño pueblo absorto en el fascismo y en el cine, marcado por la religión y la educación represiva, ambas burladas con la obsesión de los adolescentes por el sexo y el pecado. La historia evoluciona convencionalmente mientras aparecen las diversas estaciones del año, en tanto los movimientos leves de cámara, y la ligera artificialidad de los decorados, suavizan vulgaridades y delirios como la adoración de los pechos o los rituales grupales masturbatorios.

Después de Amarcord, el ciclo contempla esa evocación crítica del mito del conquistador o latin-lover, una película gélida y distanciada, como Casanova (1976) , premiada con un Oscar al Mejor Vestuario (diseñado por Danilo Donati). El filme muestra los recuerdos y aventuras de un anciano, solo y desesperado, que rememora su juventud, pero la puesta en escena, suntuosa, apenas logra animar las reflexiones del famoso conquistador sobre el placer y la muerte.

El director concluye la década de los años setenta con Ensayo de orquesta (1978), atípica producción sobre un grupo de músicos que se acomodan en una capilla del siglo XIII para filmar un documental de televisión dirigidos por un alemán tiránico, y tal coyuntura le permite al autor realizar una película verista, y un tanto caótica, metáfora sobre la sociedad italiana que demuestra la posibilidad de Fellini de convertirlo todo en materia cinematográfica de primer orden.

Después, el ciclo programa también sus películas finales, como las delirantes La ciudad de las mujeres, Y la nave va, la melancólica Ginger y Fred, y las postreras Entrevista, y La voz de la luna, todas ellas películas singulares, incomparables, desmesuradas, en fin, obras de Federico Fellini, un autor que el próximo lunes cumpliría cien años.


 

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Joel del Río

Joel del Río. Periodista, crítico de arte y profesor. Trabaja como redactor de prensa en el ICAIC. Colabora en temas culturales con algunos de los principales medios en Cuba. Ha sido profesor en la FAMCA y la EICTV, de historia del cine y géneros cinematográficos.

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