Taxis en La Habana | Foto © CiberCuba

Así explican los ‘boteros’ el caos del transporte en La Habana


Publicado el Lunes, 17 Febrero, 2020 - 19:40 (GMT-4)


Día tras día, cuando aún no ha asomado el sol en Quivicán, Eugenio se sube al Chevrolet para ir a ‘botear’ a La Habana. Los inspectores tienen el ojo sobre los taxistas privados, pero él no puede darse el lujo de dejar de trabajar.

Hace tres años que el otrora operario de una fábrica le maneja al dueño del carro y recibe el 30 por ciento de lo que obtiene por transportar pasajeros del poblado de Santiago de las Vegas hasta Centro Habana. “Salgo casi siempre de lunes a sábado hasta alrededor de las cinco de la tarde. A esa hora le entrego el carro a otro chofer mucho más joven que yo, porque a mí me duele bastante la espalda y ya no estoy para trasnochar”, confiesa a CiberCuba.

Al establecer un consumo mínimo y máximo mensual de combustible en función del tipo de vehículo, capacidad de transportación del medio y la actividad a realizar, el gobierno de la capital -de acuerdo con Eugenio- no ha hecho más que empeorar la situación del transporte. Paradas atestadas durante horas, ómnibus repletos y escasos taxis conforman el panorama de estos tiempos.

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Si bien la población esperaba que la decisión de las autoridades de venderle el combustible a menor precio a los particulares se tradujera en una disminución del costo de los pasajes, los ‘boteros’ no han dado su brazo a torcer y están demostrando una vez más que el Estado no puede derrotarlos.

Según opina la profesora Nancy, de 54 años, “yo pensaba que al bajar el petróleo mejorarían las opciones del cubano de a pie, pero seguimos viviendo al límite porque aquí los experimentos duran dos o tres días. Hay que hacer que las leyes perduren y se respeten. Hay demasiadas normativas y muy pocas formas de controlarlas, por eso todas terminan violándose y sin haber resuelto ningún problema”.

Al explicar la puesta en práctica de las nuevas regulaciones, el propio Eugenio expone que a él le han asignado a través de la tarjeta magnética 600 litros mensuales de petróleo por el precio de ocho pesos cubanos cada uno, pero necesita al menos 60 diarios. Dicho de otra manera, con lo que le otorga el Estado solamente podría trabajar la tercera parte del mes.

“Si dependiera de ese petróleo, me moriría de hambre. Además, lo van dando poquito a poco. Las colas en las gasolineras son tremendas y a veces ni hay qué echar. De una forma o de otra tenemos que terminar comprando el litro de petróleo a 1 CUC (peso convertible), porque lo que dan no alcanza. ¿Quién puede bajar el precio así?”, apunta el taxista. 

En tanto, el joven conductor de un jeep afirma que no entiende “¿por qué, si no son capaces de darme petróleo barato para todos los viajes que yo quiero dar, están hablando de limitar o prohibir la cantidad que podemos comprar al precio normal? ¿Cómo dicen que tendrán prioridad los transportistas para adquirir el combustible cuando medio país está parado porque no lo hay?”.

Sin embargo, se extienden los rumores de que pronto se impedirá que los particulares compren más combustible del que se les entrega de manera subsidiada. “Yo no creo que se vuelvan tan locos porque creo que ahí sí todos los dueños acabarían de recoger sus carros y no habría transporte por cuenta propia”, asegura Osmany, un guantanamero de 47 años que también ‘botea’ en La Habana.  

Al respecto, indica una mujer que dice coger un taxi diariamente para llegar temprano a su oficina: “la realidad una vez más muestra que los ‘boteros’ seguirán siempre teniendo cómo enriquecerse y la media trabajadora será la más afectada. Cada día el rico se hace más rico y el pobre, más pobre”.

“Los ‘boteros’ están cobrando indiscriminadamente, pero el propio gobierno los ha obligado a hacerlo porque les aprieta la tuerca para cortarles libertades. A pesar de que muchos propietarios de vehículos han entregado las licencias y se han quedado con su carro para pasear o dar viajes directos, son descomunales las tarifas que se piden por unos pocos kilómetros”, señala la vendedora de un buró turístico.

En palabras del conductor Nino, “hoy los que transportan pasajeros siguen partiendo el viaje y con eso se jode el que va desde el inicio hasta el final de una ruta. La mayoría de los boteros están ignorando el tope de precio que les puso la ley y cobran 1 CUC para donde quiera que uno vaya. No hay quién aguante eso”.

A tenor con lo que expresa el mecánico Amaury, de 42 años, si desde el principio se hubiese aplicado la política de escuchar a todas las partes involucradas en el problema, se hubiesen encontrado soluciones efectivas. Tal como resalta: “Nadie tiene el derecho de imponerle a otro lo que debe hacer o no con lo que es suyo. Es lógico que, sobre todo los choferes que manejan un carro de cinco plazas, partan el viaje para hacer más dinero por cabeza. Si no fuera así, no respirarían”.

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