Cola con aglomeración de personas | Foto © CiberCuba

¿Disciplina el coronavirus a los cubanos?

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Julita Osendi

Graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana 1977. Periodista, comentarista deportiva, locutora y realizadora de más de 80 documentales y reportajes especiales. Entre mis coberturas periodísticas más relevantes se hallan 6 Juegos Olímpicos, 6 Campeonatos Mundiales de Atletismo, 3 Clásicos


Publicado el Jueves, 26 Marzo, 2020 - 23:08 (GMT-4)


Si les digo que llevo cinco días encerrada en mi casa ni yo misma me lo creo. A mí que me gusta “el chisme y el brete” de mi barrio, el Cerro, cerquita del Latino; mi cuadra, siempre con el bullicio de la gente que vaticina para mañana o pasado el derrumbe del ya famoso edificio de Vista Hermosa, La Milagrosa, o el juego de fútbol o las cuatro esquinas de sus niños.

Yo que comparto con vecinos o transeúntes, habituada a los calurosos abrazos, besos, cariños de todos y hacia todos. Pues bien, este dichoso virus me tiene privada de todo, pero… ¡no queda otra!

Pensar lo contrario sería ir contra la razón, contra la verdad, contra esos miles de seres humanos que han perdido sus vidas en China, Italia, España, Estados Unidos… en todo el mundo.

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Me he convertido en habitual televidente del programa Mesa Redonda y he seguido, como casi siempre hago, los espacios informativos de la TVC, y creo que la pelota está en nuestra cancha.

“Guerra avisada no mata soldados”; no obstante, hay muchos, lamentablemente muchos, que no quieren admitirlo. Se echan a un lado como si el balón no los fuera a rozar. Y hay casos, duro es admitirlo, que no tienen cómo parar los remates.

Por ejemplo, están suspendidos los viajes interprovinciales, incluyendo hacia y desde la Isla de la Juventud, amén de lógicas excepciones. No obstante, este miércoles la Terminal de Ómnibus de La Habana fue invadida por cientos de personas varadas, que tenían o no pasajes y que realmente no saben qué van a hacer.

Terminal de Ómnibus Interprovinciales de La Habana / Foto: Julita Osendi

Puede que algunas tengan a dónde regresar, a casa de familiares o amigos pero otras, digamos, las que vinieron a atenderse problemas médicos, ¿qué hacen?

Esta situación puede entenderse y urge una rápida solución como enviarlos por tren, algo que ya se había tenido en cuenta, o habilitar algunos ómnibus con todas las medidas sanitarias para resolver esta contingencia. Porque de esto se trata: ¡una contingencia que NO es capricho de nadie!

Otro tema. ¿Cuántas madres y abuelas no exigimos el cierre de las escuelas y círculos infantiles? Nuestros reclamos fueron escuchados y cerrados los colegios, mientras que los círculos funcionan con nuevas medidas y limitación de horarios para aquellas mamás que tengan necesariamente que trabajar.

¿Cómo es posible entonces que haya muchachos jugando pelota o fútbol, montando chivichanas en calles y parques? ¿Cómo se entiende que en las grandes colas de los mercados, los padres lleven a sus hijos? ¿Cómo siguen en pie las mesas de dominó en medio de una acera, en el portal de la bodega, o dos más allá, enfrascados en una larga partida de ajedrez, generalmente compartiendo el mismo vaso de ron mientras el mundo cae a su alrededor?

OPINIONES EN LAS REDES SOCIALES

Cubanos intentando comprar alimentos sin protección / Foto: Ana León - Cubanet

Intercambiando con usuarios de las redes sociales que siguen mi perfil en Facebook y con personas allegadas que me escribieron por vías privadas, constaté cómo el panorama es distinto en varios sitios de la nación. En tres horas, 27 comentarios, la mayoría con fotos, respondieron a mi solicitud de si hay o no irresponsabilidad ciudadana, lo que pone de manifiesto que no soy la única preocupada por el tema.

Del municipio pinareño de San Luis me llega que en su policlínico-hospital, por mucho esfuerzo que realizan las autoridades sanitarias, la negligencia “da al pecho”.

Pocos andan con nasobucos, menos con guantes; y aquellos que se protegen, y protegen a los demás, son mirados despectivamente como si tuvieran una enfermedad contagiosa.

De mi amada Ciego de Ávila, me llegan imágenes insospechadas. Tal parece que están celebrando un carnaval, como si nada pasara. Pueden comprobarlo.

También revisando el perfil de Facebook de la corresponsalía en Cuba de la agencia de prensa IPS, advertí comentarios y datos que refieren actitudes de irresponsabilidad.

Junior VL plantea que aunque algunos medios nacionales indican que hay percepción de riesgo entre la ciudadanía, desgraciadamente no es totalmente así; Denisse Hernández afirma que la mayoría no calcula el riesgo que corremos.

La gran mayoría de opiniones asegura que la población no mide el peligro, ya sea por la necesidad de salir a buscar víveres y tener que hacer la cola, ya sea porque no tienen idea del riesgo, según afirma Yasser Expósito.

Un ejemplo contrario recibí, vía Internet, de la capital pinareña, así como de Bejucal en Mayabeque y la ciudad de Camagüey.

Bejucal / Foto: Julita Osendi

En la urbe vueltabajera, avenidas vacías y los pocos que transitan, bien resguardados. La arteria principal agramontina, la calle República, hace 48 horas bullía de personas; ayer noche, que es cuando suele estar más concurrida, su espacio estaba vacío. Lo mismo sucede en Bejucal, limpia y sin, prácticamente, presencia humana.

Calle República, Camagüey / Foto: Julita Osendi

En Alamar, Puentes Grandes, Tulipán, todos en la capital, sus habitantes “parecen” haber cogido más conciencia, aunque solo se limitan a la entrada al mercado, restringido por rejas o puertas; luego observamos que más allá se aglomeran, sin tener en cuenta el metro de distancia aconsejado.

Ahora bien, todo lo planteado, venga de donde venga la información, es cierto… como también lo es el desabastecimiento que existe en algunas tiendas que obliga a que cuando surtan en otra, las colas se multipliquen.

Esto, por supuesto, acarrea la molotera y el “dale al que no te dio”. ¡Es, sencillamente, un círculo vicioso! Hay que cuidarse, pero hay que comer. Hay que cuidarse, pero hay que mantener limpia la vivienda. Hay que cuidarse, pero hay que lavarse constantemente las manos y la ropa. Hay que cuidarse pero pero pero…

¿Qué hacer? Muchos apuestan por una repartición en las conocidas bodegas y carnicerías, manteniendo los precios de los productos en CUC. No es descabellada la idea aunque, por supuesto, acarrea para el Estado un gasto extra. No es lo mismo llevar tres camiones para el Mercado de 70 o las grandes tiendas de Galiano y Reina o Carlos III que ir bodega por bodega en cada municipio de nuestro país. Es cierto. ¡Sin embargo, algo hay que hacer!

De no poder llevarse a vías de hecho la repartición a mayor escala, no se debe desestimar la utilización de la policía, incluso del ejército, que impongan su autoridad con el debido respeto a la ciudadanía, pero impidiendo que revendedores inescrupulosos pululen por las calles vendiendo papas, pollo o detergente a precios exorbitantes.

Pienso que en estos tiempos de necesario impasse podríamos echarle una ojeada a la magistral obra del Gabo El amor en tiempos del cólera.

Reiterar los sentimientos de Florentino Ariza y de Fermina Daza y “soñar que el amor se hace más grande y noble en la calamidad”. ¡Qué no sea solo literatura!

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Julita Osendi

Graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana 1977. Periodista, comentarista deportiva, locutora y realizadora de más de 80 documentales y reportajes especiales. Entre mis coberturas periodísticas más relevantes se hallan 6 Juegos Olímpicos, 6 Campeonatos Mundiales de Atletismo, 3 Clásicos

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