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Periódico Granma justifica la censura del periodismo independiente por crisis de coronavirus

Un artículo publicado en el órgano oficial del PCC invoca los ejemplos de Rusia, Argentina, Kazajistán y Malasia, para justificar la represión por lo que llaman "fake news malintencionadas".

La periodista independiente Mónica Baró, multada recientemente por sus opiniones en Facebook © Facebook
La periodista independiente Mónica Baró, multada recientemente por sus opiniones en Facebook Foto © Facebook

Este artículo es de hace 3 años

Mientras crece el repudio internacional por la utilización del Decreto Ley 370 para censurar y castigar a periodistas cubanos independientes, el diario oficialista Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC), ha publicado un artículo en el que arremete en bloque contra toda la prensa independiente y la acusa de propagar fake news en redes sociales y otros medios no controlados por el gobierno.

No basta ya la censura de eso que llama "enjambre anexionista en redes sociales", en su mayoría medios independientes vetados en los servidores de La Habana, e imposibles de consultar online por las vías habituales. El nuevo objetivo de las autoridades cubanas parecen ser las noticias independientes que corren por redes sociales o canales de Whatsapp. Varios informadores de medios independientes (el último caso es el de la periodista Mónica Baró) han sido citados, hostigados o multados en estos días por difundir en sus redes sociales noticias u opiniones contrarias a la propaganda gubernamental.

La tesis oficialista es que toda información que no provenga de los canales gubernamentales no es otra cosa que "noticias falsas". El artículo hace una exposición maniquea de la realidad cubana, y distingue entre el "pueblo trabajador y humilde" que "enfrenta disciplinadamente" el virus, y el bando de los "malintencionados" informadores que pretenden engañarlo.

"A cada cubano con algún uso de internet, nos ha llegado de una forma u otra, una cantidad de contenidos falsos, malintencionados, pensados para crear alarma, pánico, desconfianza y desinformación, para enfermarnos más allá del virus. Así han circulado por Messenger y WhatsApp varios audios de voces anónimas. Mientras cada día una cantidad de páginas web, que se financian y funcionan desde EE.UU., con empleados en Cuba, tratan de poner en nuestros muros de Facebook todo cuanto pueda envenenar nuestra visión de la realidad. ¿Se debe tolerar en tiempos de pandemia, sin interferencia alguna, lo que se tolera habitualmente?", dice el artículo de Granma, firmado por Javier Gómez Sánchez.

No sabemos a qué se refiere el periodista con esa supuesta "tolerancia habitual": hace más de seis décadas que el régimen cubano censura y castiga cualquier amago de prensa independiente en la isla.

El periodista oficialista cita ejemplos de medidas coercitivas la lucha contra las llamadas fake news tomadas por varios gobiernos extranjeros: Argentina, donde "varios individuos se enfrentan a juicio con posibles condenas de hasta seis años de cárcel por difundir noticias falsas y contenidos malintencionados sobre el coronavirus"; Rusia, donde "se ha creado en el Gobierno un grupo de trabajo contra noticias falsas, aprobándose condenas desde multas de 25 000 euros hasta cinco años de cárcel para personas, y 125 000 euros para medios de comunicación que se dediquen a difundirlas"; Kazajistán, donde "se castiga con un año de cárcel a creadores de cadenas de mensajes falsos", o Malasia, donde se imponen multas 11 000 euros a un año de cárcel, con más de 20 acusados por la misma razón.

La lista no distingue entre los países con regímenes autoritarios y otros gobiernos citados, como España, Canadá y Reino Unido, donde hay numerosos medios no gubernamentales y la lucha contra las noticias falsas exige procesos judiciales imparciales y con garantías que el gobierno cubano ignora habitualmente. Tanto en España como en el Reino Unido, la censura está ahora mismo en el foco de atención de una multitud de medios independientes, que ven con preocupación el uso de la pandemia como un pretexto para recortar libertades públicas.

"Cuba dispone de una poderosa red de medios públicos y de comunicación social que han demostrado profesionalidad, pasión y consagración absoluta al oficio de informar", asegura el artículo del rotativo oficial, obviando el carácter mayoritariamente ancilar de la prensa cubana en relación con las políticas del gobierno y el Partido Comunista, y la larga tradición de censura periodística que no ha conseguido evitar la emergencia de numerosos medios independientes en la isla.

Contra el peligro de que ese público crezca en redes sociales, arremete ahora Granma con sus tópicos habituales: "guerra mediática", "anexionismo" y "desinformación", acusaciones esgrimidas por la policía política para hostigar -y encarcelar- a los comunicadores que no siguen el guión oficial.

"Cuba sabe quién la cura y sabe quién la envenena", concluye la nota, que llega a calificar de "virus" los canales de información alternativa. Cuba, también sabe quién reprime, podría agregarse.

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Ernesto Hernández Busto

Periodista y ensayista cubano. Fundador del sitio Penúltimos Días.


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