Hospital Jinyintan en Wuhan, China, la ciudad donde se originó el virus. Foto © Twitter

En busca del 'paciente cero': ¿cuándo llegó el coronavirus a Europa y EE UU?

No había un nombre para esa enfermedad entonces. La persona infectada podría haber pensado que tenía gripe.

Nadie sabía que el virus infectaría a más de 3 millones y medio de personas en todo el mundo, que provocaría más de 350,000 muertes y un caos económico.

Solo podemos imaginarlo, porque no sabemos con certeza quién es o fue ese "paciente cero" del coronavirus.

Pero sí sabemos que vino de la provincia de Hubei, en China, y probablemente vivían en la ciudad de Wuhan. A partir de ahí, el virus se propagó lenta y silenciosamente.

Mientras el mundo se preparaba para celebrar el Año Nuevo el 31 de diciembre, China alertó a la Organización Mundial de la Salud de que había notado algunos casos extraños de neumonía en Wuhan desde el 12 de diciembre.

La enfermedad se parecía al SARS. Los síntomas habituales eran una tos seca, fiebre, dolores corporales y malestar general. Todo parecía indicar que se trataba de otro brote vírico, parecido al que había matado a 770 personas en todo el mundo entre 2002 y 2003.

Los informes iniciales de las autoridades sanitarias chinas a la OMS indicaron que la transmisión de persona a persona no era una característica de este nuevo virus misterioso.

No podrían haber estado más equivocados.

Si bien no es tan mortal como el SARS, el nuevo coronavirus o COVID-19 es muy infeccioso, como ahora sabemos.

Aunque se suele mencionar un mercado de animales como el sitio original de propagación, un estudio realizado por investigadores chinos afirmó que la primera persona en ser diagnosticada con COVID-19 fue identificada el 1 de diciembre de 2019 y "no tuvo contacto" con el mercado mayorista de Hunan.

Wu Wenjuan, médico principal del Hospital Jinyintan de Wuhan y uno de los autores del estudio, dijo al Servicio Chino de la BBC que el paciente era un hombre mayor que padecía Alzheimer.

"Vivía lejos del mercado de mariscos, y como estaba enfermo, básicamente no salió", dijo.

Si era paciente cero, entonces la génesis de este virus vinculado a los murciélagos probablemente acechaba en otro lugar.

Dónde y cómo comenzó es un dato importante. Sobre todo, para el futuro.

"Desde una perspectiva epidemiológica, conocer la fuente de este brote tendrá importantes implicaciones sobre cómo podríamos vigilar futuras enfermedades asociadas a los animales ("zoonosis") y lo que podríamos hacer para detener las futuras epidemias", dijo.

El Dr. Steven Wylie, experto en evolución de virus en la Universidad Murdoch, asegura que el virus puede haber estado entre nosotros mucho más tiempo de lo que pensamos.

"Los primeros casos se identificaron en Wuhan en noviembre, pero podría haber sido en personas antes de eso, aprendiendo a reproducirse y propagarse dentro del cuerpo humano.

"Solo cuando aprendió a propagarse de persona a persona se convirtió en un problema".

La pregunta sobre el "paciente cero" en China y los diferentes países a los que llegó la enfermedad perdió relevancia en medio de la crisis sanitaria. Se imponían otras medidas y análisis de emergencia. Pero ahora será crucial para dirimir las responsabilidades políticas -y geopolíticas- de una pandemia que ha confinado a más de la mitad de la población mundial.

Los primeros casos europeos

En Francia, las investigaciones apuntan a una fecha anterior a lo que se creía.

El 27 de diciembre, un hombre de 50 años fue ingresado en el hospital universitario Jean-Verdier en la comuna de Bondy de Seine-Saint-Denis, con fiebre alta, síntomas de gripe estacional y neumonía severa. Ahora le acaban de informar de que, en realidad, estuvo infectado con el nuevo coronavirus, lo que situaría los primeros infectados en Francia casi un mes antes de la fecha oficial que se maneja hasta ahora (24 de enero). De confirmarse, el caso abre nuevas interrogantes sobre la llegada del virus a Europa y atiza las sospechas en torno a la cronología oficial de China sobre el brote del COVID-19, del que avisó a la OMS el 31 de diciembre.

“El coronavirus, en Milán ya en diciembre”, titulaba el pasado 20 de abril el periódico Corriere della Sera. Una mujer de 41 años que el 22 de diciembre presentaba un cuadro de gripe severa con fiebre superior a los 39 grados, sería el primer caso italiano. Acudió al hospital y fue tratada con antibióticos. A principios de enero, la paciente empeoró y una fortísima tos y dolor muscular se sumaron a la fiebre. El diagnóstico apuntaba a una pulmonía.

A inicios de febrero, la paciente recibe el alta. En todo este tiempo ninguno de los doctores había pensado que pudiera tratarse de coronavirus. “Sólo un neumólogo me preguntó si había estado en China”, declaró al diario italiano la mujer, quien sería portadora de los anticuerpos del virus según un reciente estudio.

En España, un equipo de investigadores del Instituto de Salud Carlos III de Madrid estimó, tras analizar los 28 primeros genomas del virus leídos en ese país, que la presencia del virus se remontaría al menos al 14 de febrero. Este análisis, publicado el mes pasado sin revisión externa en un repositorio abierto, apunta a que el ancestro común de todos los virus estudiados están en Wuhan, cerca del 24 de noviembre.

Al parecer, en España no hubo ‘paciente cero’, sino más bien varias vías de entrada, la mayoría desde Europa. El primero, el del turista alemán -contagiado en Alemania- ingresado en La Gomera el 31 de enero y más tarde un británico diagnosticado en Mallorca el 10 de febrero. A partir de las siguientes semanas, la enfermedad se aceleró.

Informes de inteligencia alertaron del potencial de la enfermedad

En varias ocasiones, el presidente norteamericano Donald Trump se ha quejado de la falta de transparencia de China y la ha responsabilizado por la difusión a gran escala de la epidemia.

“La realidad es que podríamos estar mucho mejor si China hubiera sido más comunicativa”, dijo a principios de abril el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, cuando le preguntaron por qué su Gobierno habían tardado tanto en tomarse en serio el virus.

Un informe del Departamento de inteligencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos al que tuvo acceso la agencia Associated Press apunta a que los líderes chinos “ocultaron de forma intencionada la severidad” de la pandemia al resto del mundo en enero con el objetivo de acaparar productos sanitarios para combatir la pandemia. Según AP, las autoridades chinas esperaron seis días antes de tomar medidas desde el momento en que comprendieron el potencial del nuevo coronavirus.

La Organización Mundial de la Salud data el primer caso confirmado de coronavirus el 8 de diciembre, mientras que un informe de la revista médica The Lancet, escrito por doctores de un hospital de Wuhan, fechan al primer paciente conocido el 1 de diciembre. Un documento gubernamental visto por el periódico South China Morning Post va más allá y apunta a que el primer caso de coronavirus tuvo lugar el 17 de noviembre. De los nueve casos reportados por las autoridades en noviembre (cuatro hombres y cinco mujeres), ninguno se ha confirmado como el ‘paciente cero’, lo que hace más complicado aún fijar el origen del virus, alimentando todo tipo de teorías conspiratorias.

Sin embargo, no fue hasta el 20 de enero cuando China y la OMS confirmaron la transmisión humano-humano del nuevo coronavirus -que ya había sido advertido en otros países, como Taiwán-. Pare entonces, ya era demasiado tarde. En un mundo globalizado, el virus se había extendido a otros países.

Sin embargo, las agencias de inteligencia de Occidente sí alertaron a sus gobiernos del inminente peligro. Su trabajo era, justamente, revelar aquella información que el gobierno chino estaba ocultando y advertir de que la epidemia podía extenderse a nivel mundial.

Todo parece indicar que la capacidad de reacción de varios gobiernos ante los informes de sus servicios de inteligencia no estuvo a la altura del reto.

Un exagente de los Servicios Secretos británicos ha explicado al diario The Telegraph que el Gobierno de Boris Johnson sabía “desde el primer momento” lo que estaba sucediendo en China. Inteligencia, incluso, advirtió a los ministros británicos que Pekín estaba encubriendo las cifras reales de los muertos por el COVID-19.

Según un funcionario de la Casa Blanca, el presidente estadounidense Donald Trump recibió el 28 de enero dos informes de inteligencia sobre el brote de coronavirus en el que se le advertía de que Pekín podría estar “ocultando información” y que el virus tenía el potencial de “extenderse a nivel mundial”. Para esas fechas, otros líderes occidentales también podrían haber recibido informes similares.

El periódico australiano Saturday Telegraph asegura que existe un dossier de Inteligencia, compartido entre la alianza de seguridad “Cinco Ojos” entre Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, donde se acusa a China de encubrir la gravedad del brote desde principios de diciembre.

¿Por qué los gobiernos occidentales subestimaron la amenaza y sólo actuaron cuando ya era imposible mantener un control estricto sobre la epidemia? Esa y otras preguntas están todavía sin respuesta.

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Ernesto Hernández Busto

Periodista y ensayista cubano. Fundador del sitio Penúltimos Días.

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