Ruinas habaneras Foto © CiberCuba

Cambio de lealtades en Cuba: adiós a los "retiros dorados"

Una pregunta que planea sobre esta enésima crisis económica cubana, ahora enmarcada en las extremas circunstancias de una epidemia mundial, es hasta qué punto conseguirá afectar la estructura de poder y lealtades establecida por el régimen cubano durante más de seis décadas.

Un reportaje publicado este domingo en el diario The New York Times cita el caso de una ex viceministra de la Industria Ligera, Caridad Limonta Ewen, como un ejemplo de la manera en que muchos antiguos militantes y fervorosos defensores de la Revolución cubana han comenzado a darse cuenta de las lamentables circunstancias que los rodean luego que se terminasen los pequeños privilegios que tenían asignados cuando estaban "integrados" al sistema.

El caso de Limonta -estudiante en la Unión Soviética, trabajadora de vanguardia, directora de fábrica, que llega a viceministra y asciende como funcionaria del Partido Comunista hasta que por razones personales (enfermedad, envejecimiento) tiene que comenzar de nuevo como cuentapropista- ilustra muy bien el destino de muchísimos cubanos que antes defendían a ultranza la revolución y ahora se dicen decepcionados por la manera en que funciona el sistema.

El periódico estadounidense abunda en detalles estremecedores del "caso Limonta", a quien la enfermedad y la muerte de su madre "la obligaron a confrontar una verdad inquietante que reformó profundamente su relación con la Revolución cubana y la llevó a una comprensión más profunda de lo que realmente significa ser cubana". Al comprobar los privilegios que recibían los funcionarios y compararlos con la atención médica en declive para el resto de los cubanos, Limonta dice haber empezado a dudar.

Esos hospitales a los que iba la mayoría de los cubanos eran reflejos lamentables del lugar donde su madre fue tratada. La gente esperaba meses, a veces años, por una silla de ruedas. No podían contar con el oxígeno disponible. Escaseaban las medicinas y los médicos y las enfermeras esperaban ser sobornados, cuenta la ex viceministra.

Con 48 años, la funcionaria fue llevada de urgencia al hospital mediocre que le tocaba como residente de Guanabacoa. Pero cuando los médicos descubrieron quién era, insistieron en transferirla al centro de cardiología más importante de Cuba, donde obtuvo el marcapasos que necesitaba.

Entonces comenzaron sus dudas. Atada por su sentido de justicia social, finalmente Cary Limonta se obligó a ver la verdad, escribe el reportero del NYTimes. Ella y su madre habían sido mimadas en su momento de necesidad no porque fueran iguales a otros cubanos. Ni porque fueran socialistas. Ni porque amaran a Fidel. Sino porque eran más importantes."

Cualquier cubano que haya seguido de cerca la realidad de la isla sabe que este tardío descubrimiento, tanto de Limonta como del periódico norteamericano, es parte de un proceso en curso desde hace mucho tiempo. Una prolongada crisis que ha hecho reflexionar a muchísimos antiguos entusiastas de la Revolución, que ahora se ven arrinconados y olvidados; con hijos viviendo en el extranjero o desesperados por abandonar la isla.

A Limonta una cirugía de emergencia a corazón abierto la dejó insegura sobre su vida. Decidió renunciar a su trabajo, entregar su membresía del Partido, devolver su automóvil estatal e, incluso, renunciar a la santería. Pero no todos los funcionarios cubanos han tenido esas dudas existenciales. Apartados de las élites reales del poder, muchos siguen recibiendo las cada vez más pequeñas prebendas, se guardan las dudas para sí mismos y se concentran en sobrevivir. Hasta que llega el momento del retiro.

Con pensiones mensuales equivalentes a $ 12 la vida de muchos de estos jubilados roza la miseria. Queda, a veces, el orgullo, la imposibilidad de reconocer que se equivocaron dedicando sus mejores años a una empresa fracasada.

Muchos altos cargos han transformado parcialmente sus mansiones en pequeños hoteles con habitaciones para extranjeros y enviado a hijos y nietos al extranjero.

Otros se han reconvertido en productores agropecuarios con lo que consiguen autoabastecerse e intercambiar productos y vender los excedentes a cafeterías y restaurantes estatales, privadas y cooperativas. Un engranaje que suele depender de la afluencia y de la generosidad del turista y del exiliado.

Otros antiguos profesionales destacados, simplemente venden chicharrones y tratan de salir adelante como pueden, con un trabajo humilde pero honesto.

Casos especialmente lamentables son muchos soldados y oficiales de las guerras africanas de Fidel Castro que hoy mutilados física y psicológicamente deambulan entre las ruinas del castrismo como fantasmas suplicantes.

Otros veteranos de guerras más antiguas padecen una miseria similar.

Incluso aquellos que dedicaron sus mejores años al Ministerio del Interior o al Partido Comunista son hoy víctimas de la pobreza, y reciben pensiones que no alcanzan para satisfacer sus necesidades mínimas.

La casuística de esta miseria es numerosísima. Para evitarla, muchos de los antiguos "cuadros" jubilados o en vías de retiro intentan la vía del cuentapropismo

El NYTimes recuerda que Limonta, por ejemplo, creó su propio negocio con la ayuda de una "incubadora de empresas" patrocinada por la Iglesia Católica, alquiló espacio para un taller, contrató a costureras y comenzó a producir ropa diseñada por ella misma. En el año 2014 soñaba con que la máquina de coser le daría una nueva vida. Cuando el ex presidente norteamericano Barack Obama visitó La Habana en 2016 ella fue uno de los empresarios cubanos que se reunieron con él.

Pero pasó el tiempo, y pasaron varias águilas sobre el mar. El cambio de administración y de política hacia Cuba en EE.UU., junto con el aumento de las presiones fiscales y las medidas gubernamentales contra los "capitalistas novatos" acabaron con las esperanzas de muchos cubanos. El hijo de Cary Limonta se fue de Cuba, y lo mismo hicieron dos primos y su hermana gemela, Esperanza.

Las actuales circunstancias, con un sector privado en retirada, una caída escandalosa del turismo y las remesas, y una escasez rampante coloca una gran interrogante sobre todo el "funcionariato" que durante décadas ha sido el muro fundamental del consenso revolucionario, y ahora empieza a estar harto de promesas y propaganda.

Son esos "patriotas" a quienes el esfuerzo por sobrevivir durante por décadas de privación les ha dado la capacidad de adaptarse a casi cualquier cosa, pero a costa de perder la voluntad de exigir un cambio.

"Los cubanos no están protestando en las calles, pero no tienen lealtad hacia los hombres que han ocupado el lugar de Fidel Castro ", asegura el reportaje del NYTimes.

Mientras, el régimen trata de captar a los más jóvenes, sobre todos los que tienen que ver con las Fuerzas Armadas o los numerosos órganos encargados de la Seguridad del Estado, con pequeñas prebendas, mientras muchos de los antiguos militantes y funcionarios del Estado y del Ejército se retiran y pierden sus privilegios. Cosas como un carro, gasolina, viajes, acceso al CIMEQ, divisas, "jabitas".... se han ido restringiendo y achicando, y están concentradas en los "incondicionales".

Muy por encima, en el mundo del lujo y los privilegios verdaderos, quedan GAESA y los militares con acceso a la cúpula del verdadero poder.

La actual crisis económica en tiempos de coronavirus no hará sino profundizar esa crisis de fe que ilustra el reportaje del Times. Cualquiera de los "revolucionarios" que quede hoy en la isla y que tenga más de 60 años debe estar pensando ahora mismo en el triste futuro que le espera.

Archivado en:

Ernesto Hernández Busto

Periodista y ensayista cubano. Fundador del sitio Penúltimos Días.

¿Qué opinas?

Cargar más
Cargar más

Playlist de videos en CiberCuba



¿Tienes algo que reportar? escribe a CiberCuba:

editores@cibercuba.com

 +34621383985