Foto © Twitter / escambraycu

Los cubanos no quieren limonada, Díaz-Canel

El aparato propagandístico de la dictadura de Cuba sale en defensa del gobernante designado Miguel Díaz-Canel tras su histórica frase: “La limonada es la base de todo”.

Nos acusan en ¿un artículo de opinión? de Enrique Ojito, publicado en el diario oficialista Escambray, de odiar, de quedarnos con la hoja y no con el árbol. De no vivir buscando los defectos a todo lo que hacen -yo diría “dejan de hacer”- allá adentro.

Como siempre: somos mercenarios, anticubanos al servicio del Imperio, que estamos detrás del verde. Llegan incluso a mencionar a José Daniel Ferrer García, líder de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) y la campaña por su liberación. “El pobre Díaz-Canel” -pensará quien lea ese texto- es constantemente “demonizado”. ¿Lo que hicieron a Ferrer no fue una demonización? ¿Lo que hacen con la prensa y periodistas independientes no es demonización? ¿La omisión de la oposición y su mención en términos peyorativos qué es? ¿La fijación constante en los males de Estados Unidos y la omisión de lo bueno tampoco?

Ellos no demonizan nada. Es tan rebueno eso que se hace en Cuba, bajo la tutela del Partido Comunista (PCC) y donde se informa de todo, sin omitir absolutamente nada. Ellos sí son los paladines de la verdad. Ellos llevan desde 1959 rindiendo cuentas a la población y detallando cada céntimo que ingresan y en qué lo gastan. Ellos no reciben donaciones de ningún país neoliberal y capitalista. Ellos se bastan solos y así siguen más de 60 años victoriosos y sin ningún problema porque según ellos: allá todo está bien, la culpa siempre es de los de afuera y no de la ineptitud y la ineficiencia del sistema político, económico y social que no va a ningún lado, que se estancó e intenta resurgir como el modelo chino, vietnamita o un remix caribeño forzado.

Ojito le está haciendo un guiño con su texto a Díaz-Canel. A Ojito le darán un premio por este texto antiperiodístico para defender al amo que le da de comer. Ojito se quedará un día bizco porque es solo un peón en un país donde solo importan los de arriba y el día que Ojito meta la pata le van a dar la patada de los medios oficialistas.

Quienes estudiamos en Cuba fuimos como Ojito, escribimos nuestras cosas como Ojito, pero algunos tuvimos otra suerte y salimos de allá, nos desprendimos de tantos años de mentiras y promesas falsas.

Algunos estuvimos incluso en el periódico Juventud Rebelde y conocimos el ciclo de la propaganda. En ese medio supe lo reiterativo y encorsetado del autotitulado “periodismo estatal”: reuniones de la UJC, de los pioneros o de cualquier otro organismo o acto donde no se decía nada, se resolvía todo y luego se rellenaba la noticia con los cargos políticos presentes, una agenda con el cumpleaños de tal figura o más cual fecha, una crítica semanal bien leve aunque casi siempre terminaba en reunión con los ministerios implicados, secciones donde se deslizaban críticas como Acuse de Recibo y poco más. Empecé en noviembre de 2008 y a un año de aquella fecha, incluso antes, las noticias eran las mismas, con pequeñas variaciones.

Este cubano vio allá dentro cómo las “reflexiones” del fallecido dictador Fidel Castro si no se llevaban la página entera eran acompañados por otro texto, revisado con lupa por el Departamento Ideológico del PCC. ¡Cuidado con sugerir aunque sea con una imagen algo contra Castro! Una vez debía publicarse un texto mío con una reflexión del compañero Fidel arriba y se me ocurrió en un primer momento poner una foto de un cohete del Museo Postal de Cuba apuntando a las palabras del autócrata. En mi mente era lo más impactante de aquel sitio. “Pero, ¿cómo se te ocurre?”, me dijeron. Inmediatamente se cambió por el primer sello postal de la revolución que era básicamente un guerrillero: página redonda y publicada.

Aquel día supe hasta dónde se podía llegar.

La prensa estatal es un bucle eterno que todavía sigue en Cuba, al cual le salió desde los noventa otro tipo de periodismo más libre y diverso. Hace unos años se hizo incluso más plural y conocido. En estos momentos somos la piedra en el zapato del discurso controlado en la isla y llegamos a los ciudadanos, pese a la censura. Llegamos a quienes ya no les basta el periódico, el noticiero y la radio estatal.

Ahora el oficialismo se empeña en repetir que ellos dicen la verdad. Ahora que está la prensa independiente, Internet, el paquete, las videollamadas con los familiares que viven afuera y la gente ve todo lo que no hay en Cuba. Ahora salen con el mismo cuento de siempre, cuando los cubanos ya están hartos de ver en la TV y en todos los medios eslóganes constantes y “de todo como en botica”, mientras en sus casas, en sus cocinas, en su plato de comida hay bien poco.

De verdad que no lo siento por Díaz-Canel, ni tan siquiera por tan buenos amigos periodistas que trabajan en medios estatales.

Solo espero que ellos puedan algún día informar de verdad lo que importa y no cumplir con la agenda de una dictadura que no da un palo al agua en tantísimo tiempo, y aún así parece no tener fin. Ojalá todos ellos lleguen a ser libres, incluido Ojito, a quien no conozco, pero entró en esa rueda demoledora y cómoda de “dentro de la revolución todo, contra la revolución nada”.

Ojalá algún día informen de todo y para todos. Hagan periodismo para la gente con sus problemas, alegrías y día a día, no solo para complacer-apuntalar a la dictadura.

De momento, en esa misma “prensa” está todo o casi todo, con contadas excepciones, de lo que nunca debería hacer un periodista o un comunicador. Hacen y siguen haciendo propaganda, ya con esta nueva perla en defensa de la limonada ni lo disimulan.

“La limonada (no) es la base de todo”, le corrijo a Díaz-Canel. En Cuba ya no se sabe ni cuál es la base. Llevan demasiados años con proyectos que no llegan a buen puerto, con manos tendidas que utilizan un momento y luego echan por tierra -¿Barack Obama, se acuerdan?-, con cubanos valiosos y brillantes fuera de la isla que construyen y triunfan en Estados Unidos, España, Ecuador y hasta en la conchinchina, y así seguirán porque no quieren diversidad, la aborrecen, les da urticaria.

Tanto que les gusta citar a José Martí, hagan lo que él dijo en su texto “Sobre periodismo”: “que no haya una manifestación de la vida, cuyos diarios accidentes no sorprendan al diarista: eso es hacer un buen diario. Decir lo que a todos conviene y no dejar de decir nada que a alguien pueda convenir”.

Mientras tanto sigan defendiendo la limonada, actuando como lo que son: medios al servicio de la dictadura, y con su intento de satanizarnos a todos los que nos desprendimos de ustedes. Ya no están solos.

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Alberto Arego

Periodista e inmigrante, cubano y español. He trabajado en El País y Juventud Rebelde. Máster en Periodismo por la Escuela de Periodismo UAM-El País y graduado en la Universidad de Sevilla.

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