Rosita Fornés, la Vedette de Cuba Foto © Ecured / Rosita Fornés Oficial

Fallece en Miami Rosita Fornés, la gran vedette de Cuba, a los 97 años

La legendaria actriz, cantante y vedette cubana Rosita Fornés falleció en la madrugada de este miércoles en Miami, a los 97 años.

Con la muerte de la Fornés desaparece la memoria viva de una época de esplendor en el mundo escénico, el teatro de variedades y el cine en Iberoamérica, y una figura admirada popularmente en Cuba por más de siete décadas de quehacer artístico.

La noticia de su fallecimiento fue dada a conocer por Rey González, administrador en Facebook de la Página Oficial de Rosa Fornés y amigo personal de la artista.

"A pesar de las informaciones de los últimos días, nunca creí que verdaderamente tendría yo que comunicarles esta triste noticia", escribió González, quien afirmó que la actriz había fallecido este 10 de junio, a las 04:07 a.m., rodeada de algunos familiares y amigos.

"Mis condolencias a todos los que la han querido a través de su larga vida, a su numerosa familia, a los cientos de amigos por todo el mundo a los miles de admiradores que han enviado a su Página Oficial en Facebook un inmenso número de mensajes de apoyo y de esperanza" añadió González en su mensaje de condolencia.

"Cuba está de luto, la cultura latinoamericana pierde a, quizás, la última de su gran Diva, a la más versátil artista cubana, a la actriz, cantante y bailarina que conquistó los corazones no sólo de los cubanos, sino también de los mexicanos, españoles y de todos los públicos donde lució su arte sin igual", manifestó González, quien en los últimos días se mantuvo informando de la evolución del estado de salud de la también conocida como Rosa de Cuba.

La salud de Fornés se había deteriorado en las últimas semanas debido a severas complicaciones respiratorias y los médicos dictamiraron que era poco probable que evolucionara hacia su recuperación. Permanecía atendida en una casa de Miami bajo cuidados y medicación regular.

Fornés, cuyo nombre real era Rosalía Lourdes Elisa Palet Bonavia, nació el 11 de febrero de 1923 en Nueva York, donde sus padres habían llegado procedentes de España.

Tres años después, sus progenitores, Guadalupe Bonavia Fornoza, ama de casa madrileña y Santiago Palet, oriundo de las Islas Baleares, se divorciaron y la madre decidió irse con la pequeña Rosita a La Habana. Tras el distanciamiento, Guadalupe contrajo matrimonio con el empresario valenciano José Fornés Dolz, quien se convertirá en el padre adoptivo de la niña.

En 1933, la nueva familia regresó a España, estableciéndose primero en Madrid y posteriormente en Valencia hasta el estallido de la Guerra Civil, en 1936, cuando vuelven a Cuba. Este tiempo en la península, sirvió para que la niña Rosita aprendiese de memoria cuplés y coplas en boga por esa época.

La carrera de Fornés comenzó desde su infancia, con un debut en el programa de radio para aficionados, La Corte Suprema del Arte, donde fue bautizada con su nombre artístico.

Más tarde tomó clases de música, baile y actuación con renombrados maestros de la época y continuó participando –como aficionada– en programas de radio y giras nacionales. Su primer escenario importante fue el Teatro Nacional (hoy Sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana), donde participó en un montaje de la opereta cubana Cecilia Valdés, del compositor Gonzalo Roig.

En el Nacional hará también hará su primera actuación profesional, contratada por el empresario artístico Heliodoro García, quien también la ficha para actuar en el cabaret Sans Souci, donde se presentó durante seis meses.

Su debut cinematográfico lo haría en 1939 en el filme Una aventura peligrosa, de de Ramón Peón, unos de los pioneros del cine cubano en la etapa republicana.

En esos años, Fornés fue conocida sobre todo por su repertorio para el género lírico a través de la radio, y sus numerosos roles en populares zarzuelas y operetas.

En 1941, a los 18 años de edad, debutó en el Teatro Principal de la Comedia con la opereta El asombro de Damasco, y conoció a Ernesto Lecuona, quien la invitaría a participar en su compañía lírica. De su mano intervendría en numerosas zarzuelas y shows artísticos.

Paralelamente a su labor teatral y musical, en el Teatro Principal de la Comedia, el Campoamor o el Teatro Martí y con las compañías de Palacios, Lecuona, Rodrigo Prats o Miguel de Grandy, continuó siempre presentándose en las principales emisoras de la radio cubana (CMQ, COCO o en RHC Cadena Azul) y rodando varias películas.

Más tarde actuó también en obras dramáticas y comedias musicales, incluidas las dos primeras obras cubanas del género: Vivimos hoy y Hotel Tropical (de Olga de Blanck) en el Teatro Auditórium.

En 1945, a los 22 años, ya había hecho buena parte de su carrera triunfal en la isla y decidió viajar a México y Estados Unidos, donde actuó en varias películas y revistas musicales.

En 1947 se casó con el actor y empresario mexicano Manuel Medel, padre de su única hija, Rosa María, nacida el 10 de marzo de 1949.

En la década del 50 fundó con su marido, la Compañía de Teatro lírico Medel-Fornés, pero en febrero de 1952, en medio de desavenencias matrimoniales, regresó definitivamente a Cuba junto a su hija.

Enseguida la llamarían para enrolarla en la naciente televisión cubana. Su debut televisivo lo hizo en el espacio Gran Teatro Esso en CMQ-TV con la opereta La casta Susana, bajo la dirección musical de Gonzalo Roíg. Allí conoce a Armando Bianchi, con quien terminará casada, hasta que en 1981, el actor fallece ahogado en el mar.

En la Televisión Cubana, Rosita logró consolidar su brillante carrera interpretando dramas, revistas musicales, operetas, zarzuelas, comedias y un amplio repertorio de canciones. Durante largas temporadas protagonizó espacios fijos, otras veces tuvo apariciones esporádicas, pero siempre contó con el beneplácito de la teleaudiencia, que la consideraba ya la mejor vedette de Cuba.

En esta etapa creó su propia compañía de operetas, estrenó show en Tropicana, intervino en cuatro coproducciones con los estudios fílmicos mexicanos, realizó temporadas de vodevil, hizo giras internacionales y grabó sus primeros long play.

El triunfo de la Revolución la sorprende en España, con gira y contrato y planes de actuación en Argentina, pero en febrero de 1959 decide regresar a Cuba, donde retoma sus presentaciones en televisión, teatros y cabarets.

Sorprende la increíble versatilidad que le permitió a Fonés adaptarse al nuevo mundo musical y escénico de los 60. Si antes la superdiva había triunfado cantando Siboney, La Violetera, boleros inolvidables o los grandes éxitos del teatro lírico, en los primeros 60 triunfó también con La chica yeyé o una versión del famoso tema de Procol Harum A Whiter Shade of Pale.

Fue además una de las fundadoras del grupo Teatro Lírico Nacional y saltó desde los principales cabarets cubanos (muchos cerrados por las nuevas leyes revolucionarias) a las giras por el campo socialista: encabezó la producción musical “Variedades de La Habana”, que se presentó en la Unión Soviética, Hungría, Bulgaria y Rumania; participó en el Festival Internacional de la Canción de Varadero en 1967, 1970 y 1981; asistió al Festival de Sopot (en Polonia) o representó a Cuba la gira musical “Melodías de los Países Amigos”, que recorrió durante tres meses los países de Europa. Ese mismo año, participó como promotora del disco cubano en el Festival Orfeo de Oro (Bulgaria).

Como Nitza Villapol, otra gran figura cubana nacida en Nueva York (y también en 1923), Rosita Fornés tuvo que arreglárselas para sobrevivir y triunfar en un mundo que era justo lo contrario de aquel que las había aupado al éxito televisivo, y cuyos valores parecían ya carne de censura. Durante los años 70, continuó presentándose en los escenarios nacionales, todavía como la muñeca voluptuosa de un mundo del espectáculo que había sido reducido al mínimo.

Muchos agradecen a Rosita su decisión de proteger en su penhouse del barrio de Nuevo Vedado a personas que eran acosadas y perseguidas por su condición de homosexuales. Su casa estuvo abierta para recibirlos en medio de una oleada represiva que laceró definitivamente al mundo teatral cubano durante la llamada "parametración".

En la primavera de 1976 -después de 16 años de ausencia- regresó a México, donde era venerada, junto a varios de sus contemporáneos, como la imagen de una Cuba elegante, artísticamente versátil y cosmopolita.

En 1984, resultó un acontecimiento popular su aparición en la comedia de Juan Carlos Tabío Se permuta, realizada por el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC).  Fue su retorno al cine luego de permanecer vetada por el zar el ICAIC, Alfredo Guevara, quien consideraba que el "mundo de las lentejuelas" era un lastre del pasado y relegaba a Fornés por haber participado en un cine nacional previo al triunfo revolucionario de 1959. 

La salida de Guevara del ICAIC, en 1982, propició el retorno de Fornés a la gran pantalla, con la anuencia del nuevo presidente del ICAIC, Julio García Espinosa, quien era un profundo conocedor del mundo del espectáculo y la música popular cubana.

Los espectadores cubanos la seguirán después por su desempeño en Plácido (1986), Papeles Secundarios (1989), Quiéreme y verás (1994), y Las noches de Constantinopla (2001), entre otras películas.

Los noventa fueron sus años del recuerdo: regresó a los escenarios de España y de Miami, para triunfar como antaño. En 1996 se le realiza su primer documental biográfico Rosita Fornés, mis tres vidas, producción de José A. Jiménez bajo la dirección del periodista y realizador Luis O. Deulofeu.

A lo largo de su carrera recibió numerosos honores y reconocimientos, desde el Girasol de la Popularidad de la revista Opina hasta la Orden Félix Varela, el Premio del Gran Teatro de La Habana (1988) y los premios nacionales de Teatro (2001), Televisión (2003) y Música (2005).

En febrero de 2011, don Juan Carlos I, Rey de España, le concedió la Orden del Mérito Civil.

Lo más impresionante de la carrera de Fornés fue su versatilidad, su rotundo profesionalismo y su capacidad para conquistar a varias generaciones de seguidores incondicionales. Es considerada una de las artistas cubanas más sobresalientes de todos los tiempos.

El año pasado, luego de recibir en La Habana un homenaje por el 80 Aniversario de su Debut Artístico y sus 96 años de vida, la vedette decidió quedarse a vivir en Miami citando razones de salud.

De regreso a Miami, Fornés participó en el concierto de homenaje por los 60 años de vida profesional del cantante Meme Solis, ninguneado en Cuba por motivos políticos cuando estaba en el esplendor de su carrera artística. Fue la última aparición de la vedette en público.

En esta ciudad la sobreviven su única hija, la actriz Rosa María Medel; su yerno, el productor José Antonio Jiménez y varios nietos. Para todos ellos, y para sus innumerables admiradores, vaya nuestro más profundo pésame.

En estos momentos está en consideración por familiares y amigos la posibilidad de llevar los restos de Rosita para depositarlos junto a sus padres, en el Cementerio de Colón en La Habana, lo cual era su deseo, o cremarlos y realizar una despedida en Miami.

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