Pesca de claria en Cuba Foto © Escambray / José A. Rodríguez

Clarias sí, yanquis no

El Gobierno de Cuba intentará resolver la dieta de pescado para enfermos, aumentando la producción de Clarias en piscifactorías de Villa Clara, derrotando así el fatalismo geográfico de ser un país continental y sin costas.

La claria es un pez feo y voraz, que ha sido introducido en Cuba, La Florida (Estados Unidos) y otras regiones de occidente con daños considerables a sus ecosistemas y fauna autóctona, pero ya sabemos que el tardocastrismo, además de potencia médica, también es centinela ecologista de marabú, pertinaz sequía y moringa, que fue la última importación del comandante en jefe en materia alimentaria.

Cuando Cuba era una neocolonia yanqui, los pejes llegaban vivitos y coleando a la Plaza del Mercado Único de los Cuatro Caminos y demás lonjas del país, que vendían biajaibas, majúas, rabirrubias, pargos, cuberas, cabrillas, carajuelo, corvina de Santa Lucía, gallegos, loros, macabí, mojarra, palometa, pez perro, picúa, robalo, sardina, vaca añil y así hasta un total de 103 especies, según la clasificación del Acuario Nacional de Cuba.

En aquellos campos de desalojo de la Guardia Rural con plan de machete, se comía biajaca, ya hoy desaparecida por el bloqueo norteamericano, que impidió el apareamiento dulce en los ríos de Cuba, intentando rendir por hambre a la ANAP y sus combatientes que -antes- habían vestido al Ejército Rebelde de Yarey.

La persecución yanqui contra el pueblo de Cuba también ha disminuido las poblaciones de jaibas, cangrejos y ciguas, ahora bajo la atenta mirada de los destacamentos Mirando al mar porque el mal ya lo tienen sobre sus espaldas y desde hace 61 años.

Algunos científicos cubanos, pagados por la diplomática norteamericana Mara Tekach, han intentado poner ciguatos a esos peces gatos, modificándoles la dieta de hojas de moringa olifarera con trocitos de ratón de ferretería, pero los compañeros de la Contrainteligencia han detectado la maniobra y, sin molestar a las clarias, han protegido el programa alimentario.

Antes de la revolución, Cuba vivía de espaldas al mar; pero una permuta con vuelto a Bolivia y Paraguay, permitió descubrir las bondades del guanaco del altiplano y de la piraña del Paraná que -junto a los interferones- se repartirán entre colegiales, en época de exámenes, y en ancianos.

La sopa de cabeza de piraña del Paraná soluciona problemas matemáticos y previene el Alzheimer en veteranos combatientes de la revolución cubana, inventores de una rara nostalgia alimentaria, con frecuentes episodios de desorden mental, que les llena las bocas de vocablos propios de lacayos del imperialismo: Serrucho en escabeche, carne mechada y arroz con leche.

Una vez que Villa Clara sobrecumpla la producción de carne de pez bigotudo en saludo el 26 de julio y el descarrilamiento del tren blindado; el partido comunista en la provincia procederá a la construcción de un monumento a la claria desconocida, ese bicho tailandés que se come todo y ayudará a salvar la revolución y el socialismo próspero y sostenible del compañero Díaz-Canel, que presidirá la jura de banderas de los alevines de pez gato.

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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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