Imagen del partido Foto © uefa.com

Heroico: el Leipzig se mete en las semifinales a costa del Atlético

En un partido que dejó todas sus emociones para la segunda manga, el Leipzig truncó el sueño finalista de un Atlético de Madrid que se vislumbraba como candidato de oro para avanzar al duelo decisivo de la Champions League en curso.

Ante las gradas desiertas del Estadio José Alvalade de Lisboa chocaron el verdugo del Liverpool (monarca vigente del torneo) y una de las dos grandes revelaciones de esta edición, junto al Atalanta que tan cara vendiera su derrota de ayer versus el poderoso PSG.

Como suele ocurrir en estas grandes citas, había ausencias notables. La baja principal en el bando colchonero era Ángel Correa, afectado por el coronavirus; en la tropa teutona resaltaba la de su goleador Timo Werner, quien ahora pertenece al Chelsea.

El primer tiempo fue para el olvido. El Atlético iba a lo suyo, que es la presión en la salida y la apuesta por el contragolpe rápido, intentando una y otra vez generar juego por la banda izquierda mediante Renán Lodi, por mucho su mejor jugador en la mitad inicial.

Del otro lado, el Leipzig se limitaba a posesiones estériles y frecuentemente apelaba a la aspereza –con la complicidad de un árbitro impasible- para frenar las embestidas. A pesar de tener el balón más del 60 por ciento del tiempo, el equipo alemán apenas pudo hacer un disparo entre los palos de la meta durante toda la primera parte.

Sin embargo, el mar se revolvió cuando arrancaba el complemento, pues en el minuto 50 el Leipzig batió a Oblak con un cabezazo de Dani Olmo a pase medido de Sabitzer. Con el agua subiéndole al cuello, el Cholo Simeone entendió que su equipo debía resurgir de las cenizas y ya no pudo mantener a Joao Félix en el banco: un instante después, la joya portuguesa entró al campo en lugar de Héctor Herrera.

Era su gran ocasión, y no traía intenciones de desaprovecharla. Abrió espacios, tiró desmarques y caños, filtró balones, y en una de esas el Menino (el Fénix del Atlético) se fue contra el portero, solo por el centro, para que la defensa tuviera que derribarlo a trancas y barrancas. Penal como una casa, y cobro marca de la casa con un impulso mínimo. A lo Sócrates.

A partir de ahí, los ejércitos intercambiaron escaramuzas. Parecía que los madrileños llevaban las de ganar, crecidos como estaban en el plano de las fuerzas morales, pero el fútbol acostumbra a burlarse de la lógica y fue el Leipzig el que mandó el cuero al fondo de las redes tras un remate de Tyler Adams que rechazó en la pierna de Savic y frustró el denodado esfuerzo de Oblak.

Eso pasó al 87. Luego de eso no se vio más que sufrimiento: el de uno, por lograr la paridad; el del otro, por sacar un pasaje increíble para las semifinales.

Y el milagro sucedió.

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Michel Contreras

Periodista de CiberCuba, especializado en béisbol, fútbol y ajedrez.

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