Liliana Sosa junto a otros actores de la telenovela Foto © Cortesía de la entrevistada / Granma

Entrevista a Liliana Sosa: “Creo que en Cuba hay muchas Lías”

Su voz todavía parece de niña. Liliana Sosa, Lilita o Liruli, como le dice su mamá, habla en un tono bajo y dulce, pero esconde la madurez de una mujer de 20 años que quiere ser “una actriz competente”. Porque le gusta soñar en grande, se imagina siendo dirigida por Pedro Almodóvar o Martin Scorsese, y compartiendo escena con Leonardo DiCaprio, Meryl Streep o Dustin Hoffman. ¿Otro anhelo pendiente? Actuar con Isabel Santos, Laura de la Uz, Manuel Porto, Jorge Perugorría y Luis Alberto García.

Cuando cursa el segundo año en el Instituto Superior de Arte (ISA), Liliana ya es reconocida ampliamente por el personaje de Lía que interpreta en El rostro de los días. Con la novela aún en transmisión, está a la espera de concretar algo que también le encantaría: trabajar bajo la dirección de Fernando Pérez. Una vez que la pandemia lo permita, interpretará a Doraysi en la próxima película del reconocido realizador, Riquimbili o El mundo de Nelsito. Sobre el papel que le tocará encarnar prefiere no ofrecer detalles. “Seré una tumba, por lo menos hasta más adelante”.

Como dicta toda cuarentena responsable, Liliana permanece en casa junto a su familia y su novio. Aunque han pasado al menos dos años desde que tocó la batería en un teatro, no deja de practicar. Eso sí, toda la concentración de la que es capaz está puesta en graduarse de Actuación. A la vez estudia “mucho solfeo”, una materia que necesitará en “la segunda carrera que quiero hacer: ingeniería en sonido”, algo que “con seguridad” estará haciendo en unos años.

En los últimos meses, aislada, Liliana hizo un intento por leerse La guerra y la paz, pero se dio por vencida porque era una edición bilingüe (español y francés) y “tenía que estar todo el tiempo buscando lo que significaban las cosas”. Lo que sí pudo hacer fue devorar algunos clásicos de la literatura inglesa: Orgullo y prejuicio, Cumbres borrascosas, Jane Eyre y La letra escarlata. Igualmente vio muchas series, bastante cine y todos los partes matutinos del doctor Francisco Durán García, director nacional de Epidemiología, sobre la situación del COVID-19 en Cuba.

Liliana Sosa / Foto: Yudith Carrión (Cortesía de la entrevistada)

- ¿Qué distingue a un actor formado en La Colmenita?

- La Colmenita no forma actores, ni músicos, ni artistas, sino que educa a través del arte, fomenta el interés por el arte, crea apreciadores del arte. De hecho, muy pocos niños de los que han pasado por La Colmenita, digamos que solo un 5%, se dedican hoy al arte. Es un lugar que convierte a los niños en seres humanos especiales, los enseña a ser mejores personas. Allí conoces muchos valores desde pequeño, el de la amistad por sobre todo las cosas. Recuerdo que cuando salí sola del país por primera vez fui a Venezuela, sin papá, sin mamá, sin hermano, tenía apenas seis años. Eso te desarrolla una independencia y una responsabilidad bien grandes.

Liliana Sosa en La Colmenita / Foto: Cortesía de la entrevistada

- ¿Cuánto te llevaste de esa compañía en la que estuviste desde los cuatro hasta los 18 años?

- De La Colmenita me he llevado los momentos más felices y también más tristes de mi vida, a mis mejores amigos, a mis primeros amores, los lugares que visité, cuanto conocí. Allí descubrí lo que me gustaba realmente: lo que quería para mi vida y lo que no quería también. Aprendí qué es hacer las cosas por amor al arte y hacer las cosas por amor, en general. Fue maravilloso. Todo lo que soy como persona y lo que estoy intentando construir como artista se lo debo a La Colmenita.

- ¿Cuál ha sido el secreto para ser tan convincente en la telenovela, incluso “más que algunos actores profesionales”, según ha expresado el mismo público?

-Yo no tengo ningún secreto. Por ahora. Tal vez lo tenga en algún tiempo. La verdad es que yo era muy feliz porque estaba haciendo lo que me gustaba. Además, mi personaje no estaba tan lejos de mí porque somos personas cercanas en edad, Lía y yo. Tenemos muchas cosas en común porque Lía es una niña alegre, feliz, con principios bien marcados, con un carácter fuerte. En eso nos parecemos. Y trabajé con Rodrigo Gil, que es el actor que hace de Saúl, alguien a quien conocía de antes y con quien tenía una confianza grandísima, infinita. Creo que eso ayudó muchísimo a construir la relación y lo hizo mucho más fácil. Igualmente hice una química lindísima con los otros personajes cercanos a mí como Irma (Lezvy Samper), que era casi mi mamá, con Aurora (Tamara Morales) y Sheyla (Carla Domínguez), que nos hicimos muy amigas. Lo estábamos viviendo. Por eso tal vez la gente lo ve tan natural, tan real.   

Durante el rodaje de la telenovela cubana El rostro de los días / Foto: Cortesía de la entrevistada

- Has dicho que tienes miedo de no haberle entregado a Lía todo lo que representa. ¿Qué es lo que ella representa?

- Lía está en la novela para representar a todos los adolescentes cubanos. Es como un todo incluido que te muestra dos facetas de tantas que tiene la adolescencia. Una primera etapa, en la que Lía simboliza la pureza, la inocencia, la sinceridad, esa alegría del primer amor, esa amistad que puede que te dure para siempre. Pero en otra, en Lía está la tristeza de todas esas niñas que sufren de acoso en sus casas, esas a las que les arrebataron la pureza, la inocencia, a las que les quitaron la felicidad. Lía es ahora la desesperación de esas niñas. Muestra la cara de un problema que existe en la sociedad cubana. Uno siempre tiene miedo desde la parte actoral porque si no lo haces bien no mueves a las personas, no consigues que se sensibilicen, pero creo que el objetivo del tema que se toca en la novela a través de Lía se ha cumplido a la perfección porque ha habido una respuesta muy bonita del público al personaje. Su objetivo era sensibilizar, dar a conocer, hacer a las personas más inteligentes, hacer que tomaran conciencia de ese tipo de casos.

- No es común ver una violación infantil en la pantalla cubana. ¿Crees que en Cuba hay muchas otras Lías de las que no se habla? ¿Hasta qué punto un caso así se repite?

-Sí, creo que en Cuba hay muchas Lías. A raíz de la novela, yo misma he recibido muchos mensajes con anécdotas personales. Me han parado en la calle para contarme historias de niñas y jóvenes que fueron acosadas y violadas en su propia casa. Han venido las mismas niñas, que ahora son jóvenes, o mujeres, a decirme: “A mí me pasó lo que te pasó a ti en tu casa”. Se me han acercado desde la posición de Lía, pero también desde la posición de Irma, a expresarme: “Mira, yo estoy muy contenta con que se traten este tipo de temas para que la gente conozca, porque a mí me pasó. A mi hija le pasó lo que te pasó a ti”. Fui hace poco al hospital a hacerme unos análisis y allí algunos médicos me hacían historias de niños, no como Lía, que tiene 14 años, sino de seis años, por ejemplo, que llegan a los hospitales destruidos por violaciones de las que las madres no se enteran. Las madres no saben cómo ni qué pasó, no se lo explican. Es bien triste escucharlo, pero hasta cierto punto hay algo que te reconforta porque sientes que al hacerlo bien estás ayudando a la prevención, a evitar que ocurra algo así, a que la gente lo vea. La novela ha educado un poco a las personas con respecto a esos temas y ha resaltado lo importante que es la comunicación y la confianza en una familia.  

- ¿Cuáles fueron las escenas más difíciles que te tocó hacer en El rostro de los días?

- Las escenas más difíciles de grabar fueron las que vinieron después de la violación porque hubo un punto de giro en el personaje, una carga emotiva diferente. La situación del personaje se vuelve bien complicada y lo mismo ocurre para el actor. Fue difícil no solo la parte actoral, sino que las escenas después de la violación fueron prácticamente las últimas de la novela en grabarse porque donde se encuentra mi casa en la novela, fue el último set de grabación y había mucho cansancio acumulado, estaba muy agotada porque ya tenía un año de trabajo en las espaldas. Fue una etapa muy difícil, en la que estuve enferma además. 

- ¿Cuál es la verdad gigantesca que encierra Lía a pesar de no ser un personaje “tan grande”?

-Lía no es un personaje tan grande desde el punto de vista del guión porque no está presente en todos los capítulos de la novela y tiene una trama bien cerrada porque con ella interactúan casi los mismos personajes de principio a fin. Porque no se relaciona con otras historias dentro de la misma novela, ni siquiera con la protagónica. Podría definirse dentro de la novela como un personaje secundario, pero toda Cuba se ha sensibilizado con la historia de Lía, que encierra la verdad de los niños, la responsabilidad de los padres, la importancia de un hogar seguro. Lía hace un llamado de conciencia a Cuba, cuenta una historia que pasa, que desgraciadamente pasa a diario en casas de nuestro país. Lía denuncia el acoso y la venda que muchas madres se ponen en los ojos. Lía es grande porque tiene mucho para contar. No es grande solo por el problema al que se enfrenta sino porque representa la etapa, para mí, probablemente más importante y difícil de un ser humano que es la adolescencia, una etapa de cambios, de primeras experiencias.

Durante el rodaje de la telenovela cubana El rostro de los días / Foto: Cortesía de la entrevistada

- Ahora que estás en el ISA, ¿ves que existe un relevo de actores en Cuba, que hay suficiente talento?

-Creo que hay mucho, pero mucho talento en las nuevas generaciones. Pero creo que también a los jóvenes les hace falta una oportunidad. Conozco a jóvenes muy talentosos que están en busca de ese chance que todavía no les ha llegado.

- Tu padre y tu hermano son músicos... ¿De dónde viene el interés por estudiar sonido?

- La ingeniería en sonido empezó a gustarme desde la primera vez que fui a un estudio de grabación. Todo el trabajo que hace un ingeniero sentado en las máquinas, la postproducción, la mezcla, incluso la producción musical de un disco, la ecualización en los conciertos, etcétera, todo eso está en esa carrera que te exige tener un conocimiento bastante grande de la música. Es un mundo que me tiene fascinada.

- Siendo muy joven has conocido ya el mundo del teatro, el cine y la televisión. ¿Qué diferencias harías entre cada uno de ellos?

-Creo que la diferencia está en los tiempos: el teatro ocurre en tiempo real, en el teatro no tienes margen para la equivocación porque no vas a tener otra oportunidad de arreglar el error hasta la otra función. El teatro es más íntimo, más calentito. En él estamos todos en un mismo espacio, bien cerquita, y se sienten diferentes las emociones. El teatro es como la vida, en la que no tienes una cámara lenta que te ayude, te ponga en blanco y negro o te haga un close up. El teatro es real, lo que no significa que el cine y la televisión no lo sean, sino que tienen otros medios para apoyar la actuación. En el cine y la televisión tienes la posibilidad de rectificar, de verte o escucharte y de repetir cuantas veces quieras, y la producción es mucho más grande.   

- ¿Sientes que te ha impuesto demasiada presión ir de un medio a otro tan rápido?

- No. Es un poco complicado al principio y, como todo, lleva un proceso de adaptación. Se trata de adaptarse al medio, al director, al equipo, pero hasta ahora he tenido la suerte de trabajar con gente que me ha sabido guiar a través de ese complejo proceso y creo que todo me ha sido mucho más sencillo gracias a esas personas.  

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Katheryn Felipe

(La Habana, 1991) Licenciada en Periodismo por la Universidad de La Habana en 2014. Ha trabajado en diversos medios impresos, digitales y televisivos.

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