Actor cubano Roberto Espinosa Foto © Cortesía del entrevistado

Roberto Espinosa: Si no mostramos nosotros la bajeza, ¿quién lo va a hacer?

Roberto Espinosa está lejos de parecerse a René. Encarna sobresalientemente el papel de chulo en la telenovela cubana El rostro de los días, pero no pasa de ser eso: un personaje. A Roberto le han llovido los ataques de espectadores que no han sabido separar la ficción de la realidad después de que recientemente, en la pequeña pantalla, René violara a su hijastra de 14 años. Pero más –muchos más- han sido los aplausos.

Como “dondequiera que esté” se hará sentir porque “soy de los que sus padres le han enseñado que, si vas a hacer algo, debes hacerlo bien y disfrutarlo, y eso lo tomo como ley de vida”, Roberto entiende que la reacción del público reafirma que ha hecho un excelente trabajo interpretando a René.

Con todo el desenfadado que cabe en un joven de 28 años que ha sido gastronómico, modelo, actor, que se preocupa por la protección de los animales, que se divierte haciendo reír a otros y que hace poco descubrió el gusto por la cocina -especialmente si de preparar comida tradicional cubana se trata-, Roberto conversa con CiberCuba.

La polémica en torno a su personaje se ha destapado en plena cuarentena, una época que en lo personal ha sido “de reflexión, de hacer cosas que cotidianamente no podíamos hacer, de estar más con la familia y de extrañar a los que no tenemos cerca, de cuidarnos y de entender lo que le está sucediendo al mundo. La pandemia me ha hecho ver que teniendo lo indispensable para vivir podemos ser felices, que gastamos demasiado en cosas que no nos son necesarias. Creo que debemos cuidarnos más y amarnos unos a otros. Por causa de una desgracia el mundo se ha dado la mano y al menos eso ha sido bonito”. 

A Roberto, que no es René, el aislamiento social también le ha servido para retomar algo que le gusta hacer desde niño y que había dejado un poco olvidado: dibujar. Igual, en casa encuentra espacio siempre para leer un libro y ver series documentales “buenísimas, de las que te hacen cambiar como persona, que creo que son las que hay que ver”.

- ¿Cómo lograste un personaje tan creíble y desgarrador?

- Tal vez muchos piensen que fue complicado, pero no. Me centré en humanizarlo, en encontrar el porqué de su maldad. Se trata de alguien que sufrió la ausencia de sus figuras paternas y que tiene una hermana mayor que no se ha hecho cargo de él, pero que lo ha influenciado. René ha estado solo en la vida y ha aprendido a ser un sobreviviente con lo que ha tenido a mano. Es práctico de la manera más holgazana, vividor, chantajista. No pretendimos que el personaje fuera un violador, un enfermo mental, sino que a la gente le agradara, que no les cayera mal desde un primer momento. Tratamos de mostrar incluso su vergüenza porque sabe que cometió un error.

- Has dicho que, al ver las escenas de la violación, te sorprendió el resultado del trabajo que habías hecho. ¿Crees que al público le pasó lo mismo?

- Antes de la escena clímax la gente disfrutaba mucho el personaje, se reía cantidad de lo descarado que era y lo aceptaba porque, a su manera, apoyaba a la familia, aunque no dijera de dónde sacaba el dinero. A mí me sorprendió el cambio que dio el público después de la violación, que quedó impactado, pero estoy satisfecho porque mi personaje pudo jugar con las emociones de las personas. La gente sabía que iba a pasar algo malo, pero no imaginó la magnitud. Muchas personas me escribieron porque no durmieron esa noche, o les subió la presión y por poco les da una cosa. No era mi intención, ni la del resto del equipo, pero consideramos que el objetivo se había logrado. Si hubiera sido una escena de acción más, la gente la hubiera visto, disfrutado y pasado por arriba. Sin embargo, todos los ojos se pusieron en la novela, prestaron atención, entendieron el mensaje.

- ¿Cómo la trama de Lía, René e Irma pone a todo el país de frente a un problema que existe, pero que no se visibiliza lo suficiente?

- No es un tema bastante tocado, pero afecta a muchas personas.  Todavía el asunto del acoso es considerado, sobre todo fuera de La Habana, como tabú. Hay quien ni siquiera tiene conciencia de que pasa y quien no quiere poner el dedo sobre la llaga, que fue lo que hicimos nosotros, o no se preocupa y mira hacia otro lado. Nos han llegado muchos mensajes de víctimas que se han abierto, que han denunciado lo que les pasó porque se sintieron apoyadas por la telenovela. Yo mismo estoy cerca de personas que fueron acosadas en algún momento de sus vidas y me erizo ahora mismo pensando en las confidencias que me han hecho. Además, nos han escrito muchos abogados, doctores, psicólogos, personas que están más en contacto con esa realidad, para compartir sus experiencias. No sabemos las cifras porque no se dicen, pero sí que es algo muy frecuente.

Roberto Espinosa / Foto: Cortesía del entrevistado

- ¿Crees que la tergiversación que han hecho muchos de lo que representa tu personaje es una muestra de la ignorancia que existe en torno al tema?

- De manera general, las escuelas deben insistir más en la educación sexual, de acuerdo al grado de los niños o los adolescentes y, como mismo se habla de la transmisión de enfermedades, debe abrirse un abanico para hablar más de este tema como se hace en otros países. Hay un documental genial de Michael Moore, cuyo título se traduce a algo así como ¿Dónde invadir después?, en el que se muestra cómo en Francia se les habla explícitamente a los alumnos sobre relaciones sexuales. Es interesante cómo hablan sin censura y educan a sus hijos para bien. Creo que en Cuba debemos abarcar todo lo que se pueda enseñar para que, en pleno siglo XXI, nos quitemos muchas vendas porque lo que estamos haciendo cuando enseñamos es proteger.

- ¿Qué te ha permitido superar el repudio que desataron los actos de René?

- Aparte del apoyo de las amistades, la familia y gran parte del público, me ha mantenido fuerte el sentirme bien por haber hecho correctamente mi trabajo. Toda la vida ese fue mi sueño: la actuación. No para ser famoso, al contrario (hasta ahora he trabajado bastante en varios sectores y la gente no tenía idea de quién yo era porque me gusta mucho la privacidad), sino para entretener al público, pero siempre con un mensaje que transmitir. Todo lo sucedido pueda marcar un antes y un después, espero que sea para bien, para hacernos mejores personas. Por eso la cultura es tan importante en cualquier sociedad.  

Roberto Espinosa en la telenovela cubana / Foto: Cortesía del entrevistado

 - ¿Cuál ha sido el mayor gesto de afecto que has recibido?

- Me ha reconfortado la cantidad de personas que han sido muy valientes compartiendo lo que les pasó y la preocupación de todos los que han querido saber qué está sucediendo con Roberto el actor, que han entendido que estamos transmitiendo una enseñanza. No he sido agredido físicamente, pero es algo que les ha pasado a muchos actores a lo largo de la historia, a actores que han sido juzgados toda la vida por un personaje que hicieron y eso les ha costado no poder hacer otros trabajos.

- Tú mismo has afirmado odiar a René. ¿Cuánto has aprendido de ese personaje para enfrentar la vida como padre?

- Me ha aportado muchísimo, sobre todo después de profundizar en el tema con especialistas en Derecho, Sociología, Sexología, Sicología, etcétera. A nuestros hijos hay que explicarles que nuestro cuerpo es nuestro y nadie tiene derecho a tocarlo y que, si alguien lo hace en contra de nuestra voluntad, hay que denunciarlo.

- ¿A qué atribuirías la aceptación que ha tenido El rostro de los días, incluso por encima de la de la novela extranjera, que normalmente es más vista en Cuba?

- Creo que ha contribuido la situación de la pandemia porque la gente tiene más tiempo de estar en casa y disfrutar la televisión con más calma. Al principio hubo quien me dijo que la novela no iba a gustar tanto como otras anteriores, pero siempre el tema de la maternidad es interesante. Yo les respondía: “Esperen a que se desarrollen las historias y veremos qué pasa”. A la gente le está gustando que estamos tocando temas de nuestra realidad. Muchos se han enfocado en el de Lía, Irma y René, pero hay otros temas interesantes a los que debería prestársele atención como el de una embarazada con VIH/Sida. No se trata de enseñar lo malo, solo la bajeza, pero eso también tiene que mostrarse y si no lo hacemos nosotros, ¿quién lo va a hacer? ¿Quién va a hablar? Más si es en la novela que es un espacio que mucha gente ve, que llega a cualquier edad. A eso se debe el rating que está teniendo, que hasta los hombres la ven. 

- ¿De qué va la miniserie que estará estrenando Jazz Vilá Projects, en la cual tendrás un papel protagónico?

- La serie VOM: ¿Vestuario o maquillaje? es un magnífico intento de llevar el teatro a los hogares. Desde que comenzó la cuarentena, los actores estábamos en la casa y no podíamos hacer teatro por tener que estar aislados, pero eso no frenó a Jazz, nuestro director. Además de hacer Farándula en vivo por Instagram dos días de junio, lo cual fue todo un éxito porque mucha gente se había quedado con las entradas compradas cuando cerraron los teatros y, aunque se les devolvió el dinero, tenían las ganas de verla, surgió la idea de esta serie de ocho capítulos que no duran más de tres minutos, o sea, no te roban mucho tiempo, y que se transmitirá a través de la página de la compañía a finales de septiembre. Hicimos el trabajo de mesa mediante videollamadas, tardísimo en la noche, para que los datos no gastaran mucho, y grabamos en cuatro días. Es una comedia de situaciones sobre lo que sucede en el camerino de un teatro, donde los protagonistas son un maquillista, que soy yo, y una vestuarista. Es un personaje fuera de lo que había explorado. Cada capítulo tiene un invitado especial y abrimos el primero con Luis Silva, no haciendo de Pánfilo, sino de La China, la taquillera. Así habrá otros como la actriz Heydi González o el estilista Doryan. Si gusta haremos una segunda temporada con más artistas para que el arte no muera en estos tiempos de pandemia.

Roberto Espinosa junto a Jazz Vilá y el resto del equipo / Foto: Cortesía del entrevistado

- ¿Escogerías algún género o personaje por encima de otros?

- Empecé en la actuación porque quería ser humorista. Comencé en el grupo Olga Alonso, donde trabajé con el profesor Humberto Rodríguez, alguien a quien admiro, adoro y le doy las gracias todos los días por enseñarme a amar el teatro cubano. Incluso mis ejercicios de clase en la escuela yo los relacionaba con el humor. Me gusta ver a la gente disfrutando lo que hago. Hasta con el personaje de René me he reído de cosas que no recordaba que había hecho porque grabamos la novela hace más de un año. Pero no pienso encasillarme en personajes positivos o negativos, sino en los que tengan conflictos internos, que luchen, que demuestren un cambio de cuando empiezan a cuando terminan, que me cueste trabajo hacerlos, que me lleven a buscar el porqué de su comportamiento para entenderlos. Eso es lo que me atrapa. Estaré en todo lo que genere polémica. No porque la gente prefiera esos personajes, sino porque son los que, para bien o para mal, encierran un mensaje.

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Katheryn Felipe

(La Habana, 1991) Licenciada en Periodismo por la Universidad de La Habana en 2014. Ha trabajado en diversos medios impresos, digitales y televisivos.

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